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José Clopatofsky, alma de los 30 años de la revista 'Motor'

Por: FRANCISCO CELIS ALBÁN | 10:30 p.m. | 11 de Octubre del 2011

José Clopatosky

José Clopatofsky con algunos de los más de 600 carros que conforman su colección de miniaturas.

Foto: Rodrigo Sepúlveda / EL TIEMPO

Cumple tres décadas marcando la pauta en la industria y en el mercado de los carros en el país.

Si tuviera que describir a José Clopatofsky Londoño como si fuera un vehículo, en el lenguaje de Motor, la revista que dirige desde hace 30 años en EL TIEMPO, habría que decir: "La máquina es suave, se presta para una conducción fácil y amigable; deja notar en su desplazamiento toda la tradición y el respaldo de una ingeniería concienzuda, hecha para la satisfacción del usuario.
Cuando se trata de trabajo pesado o de velocidad, su motor se crece y todo su rendimiento sale a relucir. El habitáculo, pequeño pero suficiente, es cómodo y versátil. En su maletero cabe todo: carros y aviones en miniatura, teléfonos celulares y cámaras de última tecnología y un amplio surtido de anécdotas de todo tipo, con personajes de todos los estratos, en todas las épocas..."

Un mecánico innato que, pieza a pieza, ha armado en estas tres décadas un producto, el más sólido y exitoso de esta casa editorial, que está tan indisolublemente ligado a su vida como lo está a la historia de la industria automotriz colombiana y al automovilismo como deporte en el país. Clopatofsky es un experto en "fierros".

José dice que su goma por los motores se la debe a un tío, piloto de Avianca, que lo llevaba a ver carreras de carros en Europa, cuando su familia vivía en Portugal, donde su padre era el embajador de Colombia.

En el 64, se graduó de bachiller e intentó estudiar Derecho, vocación que le duró ocho meses. Al principio, traía boletines sobre el incipiente mundo automovilístico de entonces. Era amigo de las figuras, de los mecánicos, a los que visitaba cuando iba del colegio a la casa.

Humberto Jaimes, que dirigía la sección de deportes en EL TIEMPO, un día le dijo: "Por qué no escribe usted en el periódico, en vez de traer boletines". Su primera columna se llamó 'Ciento ochenta'. "En 1967 hubo una carrera por toda Colombia y un piloto belga al que me encontré me dijo: 'Usted que habla francés, véngase de copiloto mío, para que me acompañe y me diga dónde queda Medellín y dónde queda Manizales'. Entonces corrí y escribí una sección que se llamaba 'Diario de a bordo', unas crónicas del viaje, y cuando regresé al periódico don Enrique Santos me dijo:
'Chinito, usted se queda a trabajar conmigo' ", relata.

Lo asignaron a la página de cables, la universidad del periodismo. "Y me clavaron a seguir toda la Guerra del Vietnam. Hoy todavía no sé dónde queda Vietnam (risas) ni por qué se dieron en la jeta".

Con el tiempo, pasó a la sección deportiva. Por los años 68, 69 y 70, cubrió tres vueltas a Colombia, en moto, con el ciclista Ramón Hoyos, cuando aquel hacía informes para la radio. En una de esas vueltas que ha dado su vida, Clopatofsky se retiró por tres años de EL TIEMPO, manejó un taller de carros, fue jefe de prensa del
recién fundado Coldeportes, y volvió.

"Cuando se fundó Motor, en el 81, como a los seis meses, Luis Fernando Santos me llamó y me nombró editor de deportes". A mediados de los 80, fue enviado especial al Tour de Francia. "Con Daniel Samper cubrimos un par de tours. Yo era el conductor. En el último, Daniel abandonó. Me dijo: 'Cojo el tren esta noche para París, porque con un loco como usted manejando no vuelvo a andar ni un día más' ".

Un día lo llamó el director del Tour: "¿Usted tiene un puesto en su carro?". Le explicó que había un periodista de un diario de Barcelona que no tenía transporte, y él accedió.

"Yo le explicaba la historia del 'Jardinerito' y los cuentos de Colombia, de cómo era el país. Pero como que no le ponía muchas bolas. Nos hicimos amigos y al final de la etapa cada uno cogía por su lado. Hasta que llegó Daniel y se encontró con el tipo y se daban abrazos y era la locura furiosa. Y Daniel me preguntó:
'¿Y usted sí sabe quién es este amigo?'. 'Claro -le dije-, lleva una semana montado en el carro conmigo y no ha puesto un solo franco para la gasolina'. Era Joan Manuel Serrat. Yo no lo había identificado porque en el carné decía su primer nombre y segundo apellido: Joao i Teresa".

Ese humor es otro de los ejes de su vida. Samper recuerda así por qué considera a Clopatofsky "un genio de la mecánica".

"En 1971 yo tenía un carro Wartburg, de Alemania Oriental, que compré de segunda mano y solo me funcionó dos días. Nunca logré moverlo de nuevo, a pesar de que llevé expertos para desvararlo. Llevaba meses parqueado en un garaje cuando le propuse a 'Clopa' que se lo vendía en cómodas cuotas mensuales, con tal de deshacerme del bicho. Llegamos a un acuerdo, y un sábado llegó 'Clopa' al garaje con un amigo y un destornillador. Le hicieron cuatro vainas al carro y, quince minutos después, arrancaron en él muy sonrientes. Tras acondicionar ese Wartburg, José llegó a ser campeón nacional de automovilismo. A mí me parecía mentira, cuando leía el periódico en el bus, ver las fotos del carro campeón en primera página".

Cuando se le pregunta por el nacimiento de Motor, se convierte en el experto que comparte su experiencia en cada entrega. "En el 80, el presidente Julio César Turbay hizo una apertura económica y se permitió la importación de vehículos. Como yo había estado en la industria y había trabajado en talleres, sabía muy bien el tema y le sugerí a Luis Fernando Santos que escribiéramos unos artículos en el periódico analizando los carros, explicando qué era un Mazda, un Mitsubishi, un Honda, que aquí no se conocían.

Empezamos los sábados e iba a ser una cosa ocasional, pero hubo clientela y tema para cada ocho días. Jaime González Parra bautizó la sección 'Autoanálisis'. Hicimos creo que 27 pruebas de carros, y vino la idea de hacer la revista, y se la propuse al periódico".

Esa voz de conocedor fue la que le permitió, en una ocasión, sorprender al escritor Gabriel García Márquez, en México, a comienzos de 1982. "Había una crisis financiera tremenda en México, por la nacionalización de la banca, y fuimos a entrevistar con Enrique Santos a García Márquez. Vino a nuestro hotel y cuando vi su carro, un BMW, le pregunté: 'Maestro, ¿cómo hizo para importar ese carro de Francia para acá?'. Y cómo sabía yo que era francés, me interrogó. Le dije: 'Solo los de esa edición, hechos en Francia, tienen amarillos los cristales de las luces' ".

Ha tenido como copilotos a Luis Alberto Moreno, presidente del BID, a quien le mandaron una vez como vendedor de una tractomula de Praco, marca Mack, y al ex presidente Andrés Pastrana, en un rally por la sabana de Bogotá, en un Renault 4.

Ha tenido más de 50 carros en su vida (el primero fue el que le compró a Samper, cuando ya era periodista). Ha estrenado más de 400 carros de prueba en su vida. Está haciendo la edición 543 de la revista, que dicta cuáles autos son buenos, que define los precios de los carros, y los lectores le creen.

"Lo que ha hecho Motor es periodismo del consumidor. Es la única revista en Colombia que coge los elementos, los analiza, y dice libre e independientemente lo que opina de cada vehículo. Hoy, hay muchas, pero ninguna ha hecho el kilometraje que nosotros tenemos".

FRANCISCO CELIS ALBÁN
EDITOR DE PRODUCTO EL TIEMPO

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