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Eliseo Herrera sigue siendo 'el rey' de los trabalenguas

Por: JUAN CARLOS DÍAZ M. | 9:38 p.m. | 03 de Agosto del 2011

Eliseo Herrera

Eliseo Herrera vive en Cartagena.

Foto: Yomaira Grandett / CEET

Tres veces rey Vallenato y uno de los Corraleros de Majagual, cumplió 86 años y sigue cantando.

El jefe de personal del Terminal Marítimo de Cartagena, Marcos T. Barros, quedó perplejo, hacia 1961, cuando escuchó la voz de uno de los trabajadores del puerto cantando cosas extrañas, algo que él nunca había oído. "Era una voz fuerte, entonada, y lo que decía eran cosas ininteligibles, como si estuviera cantando en una lengua africana", recuerda.

El dueño de esa voz, que tenía ya 37 años, se asustó tanto cuando el jefe lo llamó por su nombre, que pensó: "Ya está, me van a botar del trabajo".

Eliseo Herrera llegó a la oficina de Barros y, en vez de un regaño, se encontró con un abrazo de felicitación. "¿De dónde sacaste esas cosas tan raras?", le dijo el jefe de personal, y Eliseo le contó en pocos minutos la historia de sus desconocidas canciones.

Esa misma semana, Barros lo llevó donde Antonio 'Toño' Fuentes, fundador, amo y señor de Discos Fuentes, y este, cuando lo oyó, le dijo que grabara en seguida con la Sonora Cordobesa. "Este tipo no respira, es un fenómeno", le dijo Fuentes a Barros, y lo contrató para que cantara con Calixto Ochoa y después con los Corraleros de Majagual, la agrupación en la que Fuentes reunió a todas las estrellas del acordeón tanto de Valledupar como de la música sabanera. Sus primeras grabaciones fueron 'La chula' y 'La matica de mafafa', que, rápidamente, se convirtieron en éxitos en la radio.

Cuando Barros lo conoció en el Terminal Marítimo, Eliseo laboraba como estibador, pero, a medida que su voz se consolidaba, Barros mismo logró que lo ascendieran a ayudante de bodega, para que tuviera más tiempo. "En adelante me desboqué a componer, parecía un loco cantando a toda hora", dice hoy el 'rey del trabalenguas'.

El suceso y la canción

El compositor de letras vallenatas y escritor Hernán Urbina Joiro considera que las composiciones de Herrera tienen una musicalidad y una armonía tan perfectas que sobra cualquier "arandela".

Rubén Darío Salcedo, autor de 'Fiesta en corraleja', lo analiza así: "Usted escucha canciones como 'La burrita' y encontrará en pocos versos un universo musical que es difícil de equiparar. Hoy, un compositor, para decir lo mismo que dijo Eliseo en cuatro versos, tiene que escribir una extensa carta, pero sin el sabor que el 'rey del trabalenguas' le imprimía".

Sus composiciones se basan, en su mayoría, en lo que Barros, el descubridor de Eliseo, llama el 'suceso y la canción', un realismo musical basado en lo cotidiano. Le bastaba ver merodeando un murciélago en una noche de farra para crear un cumbión. "Qué facilidad tenía para componer. Con la milésima parte de las canciones que Eliseo Herrera compuso, cualquier autor de la nueva generación estuviera aspirando a un Grammy o anduviera tapado en dinero", sostiene Barros.

A los 86 años de edad, con 55 nietos y 11 bisnietos, Eliseo Herrera vive en Cartagena. Si está solo, en la terraza o en la sala de su casa, sus familiares escuchan un susurro: es Eliseo, que canta para sí mismo, como espantando a los demonios terribles que por poco se lo llevan hace más de 6 años y le dejaron "medio cuerpo dormido".

Si alguien va a visitarlo, no hay que hacer mucho esfuerzo ni rogarle para que el hombre que ha hecho bailar a Colombia desde hace 50 años le regale varios de sus pegajosos cantos, con trabalenguas y jerigonzas incluidas.

Así está desde que uno de los médicos que lo atienden le dijo que siguiera cantando, que mientras tuviera voz la aprovechara para descargar las 'malas energías'. Él ha seguido al pie de la letra las indicaciones. Incluso este año, por primera vez desde que cayó enfermo, tuvo la disposición de pararse e ir a un estudio de grabación para cantar cuatro canciones que mantenía inéditas.

Como el médico le dijo que también tenía que ejercitar la mente, para recobrar las neuronas que le arrebató una trombosis, cuando no está cantando, Eliseo se la pasa descifrando acertijos, armando sopas de letras y resolviendo crucigramas. Ya decidió que volverá a presentarse en otras ciudades. Hace unos días regresó de La Guajira, donde cantó, y ya prepara maletas para ir a Barranquilla, para volver a subirse en un escenario. Ómar, su nieto y lazarillo, dice que el 'viejo' está empecinado en seguir con su vida de músico: "No se imaginan cómo lo aplauden cuando canta, y eso a él parece que lo llena de vitalidad".

Su mente sigue lúcida y recuerda con precisión detalles de su vida, como cuando enamoró a Ana Isabel Corpas, ya fallecida, la madre de 9 de sus 17 hijos. Tenían 14 años de edad y todas las tardes se escapaban por los alrededores del fuerte de San Fernando, en Bocachica, a contemplar el mar y a sentarse en la hierba húmeda. Al año ya estaban festejando el nacimiento de su primera hija, Celmira, y poco tiempo después, en recuerdo de ese noviazgo juvenil, compuso uno de sus temas inmortales: 'La yerbita'.

"Es la canción que más le gustaba a ella y la que más me gusta a mí. Cuando me muera quiero que me la canten como yo se la canté cuando ella murió", dice.

Eliseo tiene una pensión de Colpuertos y cada tres meses recibe sus regalías, así que también se da el lujo de ser de los pocos compositores colombianos que puede vivir de lo que compuso. Una vez por semana, va al barrio Piedra de Bolívar, donde vive Romelia Vega 'la Cachaca', su otra mujer y madre de seis hijos con él.

Siempre, desde que conoció a Romelia en una fiesta en las playas de Marbella, Eliseo compartió su vida entre los dos hogares, y si un día comparaba una nevera para Ana Isabel, al otro día ya Romelia tenía la suya. A ambas les puso tiendas en su casa, "para mantenerlas ocupadas".

Romelia nunca le reclamó nada. "Cuando me traía televisores o estufas o neveras, yo daba por descontado que ya los había comprado para la otra casa", asegura. Con las regalías ha pasado lo mismo: la mitad se va para una casa y la otra mitad para la otra.

Ese carácter conciliador y festivo lo puso Eliseo como sello en sus canciones y en cualquier acto de su vida. "Nunca lo vi bravo o peleando con nadie", afirma Alfredo Gutiérrez, quien estuvo con él más de 15 años en Los Corraleros de Majagual, compartiendo escenarios, hoteles y restaurantes.

Gutiérrez considera que en Colombia y en el mundo no hay un artista como Eliseo, por su capacidad para cantar los difíciles trabalenguas y las escurridizas jerigonzas. "Me encantaba escucharle, cuando estábamos descansando, esas trabajosas frases que, por mucho que quisimos aprender, nunca pudimos.
Fue su mamá la que le enseñó", recuerda Gutiérrez.

Se llamaba Eufrosina Junco, nacida en Bocachica y experta en esconder sus palabras con jerigonzas. "Cuando mi mamá quería hablar con mi padre, Genaro Herrera, sin que nadie se enterara de la conversación, usaba su lenguaje enredado, que solo vine a descifrar varios años después. Por ejemplo: epestapa vipiepejapa sipi epes chipismoposapa (esta vieja si es chismosa)", explica.

Con el tiempo, creó sus propias jeringonzas, como "epestepe cipigaparripillopo mepe quepe mopo lapa rropo papa (este cigarrillo me quemó la ropa)".

Autor de temas tan conocidos como 'El vampiro' ("Yo soy como los vampiros, que sale al anochecer..."), 'La adivinanza' ("Ajá, quién me adivina este trabalenguas"), 'La matica de mafafa' y 'La yerbita' ("... quiero sentarme contigo en la yerbita"), nunca ha dejado de ser el hombre sencillo que jamás reniega de la vida, pese a que sus temas han sido grabados por Wilfrido Vargas, Juan Luis Guerra, la Billo's Caracas, y el director de orquesta francés Frank Pourcel.

Eliseo, uno de los más grandes artistas que ha dado el Caribe colombiano, seguirá aferrándose a la vida con su canto.

JUAN CARLOS DÍAZ M.
Corresponsal de EL TIEMPO
Cartagena.

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