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Un día con el hombre que consiguió el Mundial Sub-20

Por: JOSÉ ALBERTO MOJICA | 3:31 a.m. | 31 de Julio del 2011

Luis Bedoya

Luis Bedoya, presidente de la federación, rumbo a uno de los 30 vuelos que abordará por estos días.

Foto: Diego Santacruz / EL TIEMPO

Luis Bedoya, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, sigue luchando para que salga bien.

El hombre que tiene la responsabilidad de que el Mundial Sub-20 funcione como un reloj se ve sereno. Cualquiera, en sus zapatos, estaría a punto de enloquecer. Él no. Todo a su alrededor se mueve con agitación, pero sin desorden. Su oficina es escenario de una romería. Su agenda como presidente del Comité Organizador del campeonato es más apretada que la de un ministro.

"Ruth, un café", grita con voz fuerte, pero amable. "Ya lo atiendo, periodista", dice con un guiño (llevo dos horas de espera). Son las 2:30 de la tarde. Está despierto desde las 6 de la mañana y durmió solo 4 horas, su promedio de sueño en los últimos 6 meses. Desde que empezaron los trámites para que a Colombia le dieran la sede del certamen, en el 2007, no duerme tranquilo.

"Lo que estoy viviendo es más satisfacción que susto o nerviosismo", asegura. Su labor ahora es muy protocolaria: atender a los delegados de la Fifa y a las personalidades internacionales, asistir a las ocho sedes y a todos los partidos que pueda, mostrar las obras que se hicieron en los estadios y, lo mejor, gozarse la fiesta futbolera.

"Ya se hizo lo más jodido, preparar al país para el mundial. Sin embargo, no dejan de aparecer chicharrones", cuenta. Por ejemplo, que los periodistas sigan pidiendo acreditaciones, que ni él ni la federación pueden dar -eso le corresponde a la Fifa-, o que pidan boletas. "Hasta mandan cartas: 'Sírvase reservar 25 puestos para el ministro tal'. Estamos acostumbrados a que todo es gratis, pero esto es un mundial de fútbol", subraya.

La valeriana en gotas le ayuda a mantener la compostura. En los momentos más álgidos trata de estar solo; entonces respira profundo, aprieta la camándula que guarda en el pantalón y reza el Padre Nuestro, que lleva inscrito en una pulsera. Se la regalaron en su natal Pereira y tiene muñequitos que recrean los diferentes episodios de la oración. "Hay tanto por resolver que no tienes tiempo de emberracarte. ¿A qué horas? Mientras te emberracas por una cosa, tienes que resolver otra", comenta.

Confiesa ser acelerado, pero trata de asumir las cosas con calma. Son las 3 p.m. y le acaban de traer el almuerzo: sándwich y papas de paquete. Hace tiempo que no come a la hora que corresponde. Le firma un oficio a su secretaria, que le confirma que al día siguiente debe estar a las 7 a.m. en Eldorado, rumbo a Barranquilla. Durante el mundial tomará unos 30 vuelos.

Sentado en su despacho, muy cerca de sus celulares (el personal y el del mundial, con 800 contactos), recuerda la lucha que dio, entre el 2007 y el 2008, junto al entonces vicepresidente, Francisco Santos, para conseguir la sede. Después vino la tarea de convencer a los alcaldes de que los estadios no necesitaban solo pintura, sino una reingeniería para convertirlos en escenarios deportivos de primera, dotados con la mejor tecnología.

Aunque en los últimos tres años no ha tomado vacaciones y desde comienzos del 2011 no ha descansado sábados, domingos ni festivos, Bedoya se declara satisfecho: le entregó a la Fifa un mundial funcionando, con el riguroso nivel que le exigieron.

¿Tomará vacaciones? "Espero descansar unos días en Tabio. Ese pueblito es mágico, me recarga de energía. Ha sido una bonita responsabilidad, un acto de fe".

¿Qué ha sido lo más duro de todo?

"Es difícil ser responsable ante la Fifa de las obras públicas, sin tener el manejo sobre ellas", dice Bedoya en referencia a los choques con los alcaldes y con el Gobierno por el retraso de las obras, debido a desembolsos tardíos o a algún error en las licitaciones.

'Hay desinterés por el torneo'

Luis Bedoya piensa que no todos los colombianos dimensionan lo que significa ser la sede del mundial. "Hay desinterés, gente incrédula que dice que hacer este torneo no es nada -se lamenta-.

Será que no les gusta el fútbol, que no entienden para qué sirve que vengan 24 países y que Colombia esté en boca de 500 millones de personas, mostrando una nueva cara del país (...). Será la historia la que diga si las cosas se hicieron bien y si el mundial le aportó algo al país", comenta antes de soltar un largo suspiro.

JOSÉ ALBERTO MOJICA
REDACTOR DE EL TIEMPO

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