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El rol protagónico del sector privado frente al cambio climático

Domingo 29 de mayo de 2016
Ciencia

El rol protagónico del sector privado frente al cambio climático

Tras la reunión de la COP21 es claro que el empresariado deberá ayudar a enfrentar este fenómeno.

Por:  Dimitris Tsitsiragos | 

Si las temperaturas aumentan 4 °C de aquí al 2100, las sequías, inundaciones y tormentas provocarán un caos financiero que afectará a pequeñas empresas tanto como a los grandes conglomerados.

Foto: Archivo EL TIEMPO

Si las temperaturas aumentan 4 °C de aquí al 2100, las sequías, inundaciones y tormentas provocarán un caos financiero que afectará a pequeñas empresas tanto como a los grandes conglomerados.

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Después de la 21.° Conferencia Internacional sobre Cambio Climático, de París, queda claro que poner freno al cambio climático no será gratis. Los países en desarrollo necesitarán alrededor de US$ 100.000 millones anuales en nuevas inversiones durante los próximos 40 años para impulsar la capacidad de recuperación económica frente a los efectos del cambio climático. Se prevé que los costos de las actividades de mitigación se dispararán a entre US$ 140.000 millones y US$ 175.000 millones anuales para el 2030.

Los gobiernos no pueden asumir esta enorme carga. Muchos de ellos ya tienen problemas para financiar sus gastos y requerirán el respaldo y la participación del sector privado para poder cumplir el acuerdo.

¿Por qué tendría que preocuparse del cambio climático el sector empresarial, cuya principal responsabilidad fiduciaria es hacia sus accionistas? La respuesta es sencilla: son cada vez más numerosos los estudios que indican que el cambio climático es desastroso para los resultados financieros de las empresas. Si las temperaturas mundiales aumentan 4 °C de aquí al 2100 –la tendencia actual– las sequías, las inundaciones y feroces tormentas provocarán un caos financiero que afectará a pequeñas empresas tanto como a los grandes conglomerados.

Un estudio realizado por CitiGroup llega a la conclusión de que el calentamiento excesivo podría arrasar con hasta US$ 72 billones del producto interno bruto mundial. En un informe publicado por la revista Nature, se concluye que el calentamiento puede reducir en casi la cuarta parte el promedio de los ingresos mundiales. Un aumento de 4 °C también podría afectar los sectores de agricultura, bienes raíces y maderero, entre otros. Las acciones de los mercados emergentes también se verían afectadas. En definitiva, se generarían condiciones perjudiciales para las empresas de todos los tamaños.

Los inversionistas no serían inmunes. Un informe de la Universidad de Cambridge señala que las carteras de acciones caerían hasta en 45 %, a medida que los temores relacionados con el clima repercutan en los mercados bursátiles. Algunas firmas ya comienzan a sentir los efectos. A principios de año, el máximo ejecutivo de Unilever –empresa que en el 2014 registró ventas por US$ 52.000 millones– sorprendió a todos cuando informó que los desastres naturales relacionados con el cambio climático le costaban a su empresa unos US$ 330 millones anuales.
Dean Scarborough, máximo ejecutivo de Avery Dennison, dijo recientemente en una entrevista al Harvard Business Review: “El cambio climático pone en peligro nuestra cadena de suministro, las empresas de nuestros clientes, y las comunidades de las que formamos parte. Si queremos mantenernos en actividad en el largo plazo, contribuir a la lucha contra el cambio climático es la estrategia adecuada, así de simple”.

Por años, las empresas de todo el mundo se pusieron a la defensiva ante la idea de adoptar medidas ecológicas. Su justificación era que no podían asumir los costos que ello suponía. Sin embargo, una drástica caída del precio de las tecnologías ecológicas, especialmente las energías renovables, y la fijación de precios más elevados al carbono, que impone cargos a las empresas por emitir gases de efecto invernadero (GEI), han modificado ese cálculo. Hoy, las empresas están muy interesadas en inversiones que tengan en cuenta el cambio climático, no solo porque moralmente es lo correcto, sino porque es ventajoso para sus resultados financieros.

En un estudio realizado recientemente en el que se analizó una muestra de 1.700 firmas internacionales importantes se comprobó que sus inversiones en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero reportaron una tasa interna de retorno del 27 %, lo que indica que dichas inversiones generan beneficios. Otros estudios, como el de Harvard, han demostrado que las empresas que respetan la sostenibilidad ambiental y social logran mejores resultados que las que tienen una actitud despectiva respecto de esos temas.

Las empresas también son conscientes de que al planificar sus estrategias de negocios se deben tener en cuenta las inquietudes relativas al riesgo de cambio de la reglamentación y al hecho de que los gobiernos asuman la gestión de la transición hacia una economía con bajos niveles de emisión de carbono. Esa es la razón por la que el sector privado está cada vez más abierto a la fijación de un precio a las emisiones de carbono y hace un llamado a establecer regímenes regulatorios más estables y a dar señales de precios a largo plazo.

En septiembre del 2014, más de mil empresas unieron fuerzas para apoyar la fijación del precio del carbono. Ahora se han adherido a la Coalición de Liderazgo para la Fijación del Precio del Carbono, que se formó durante la COP21 en París y cuyo objetivo es ampliar la aplicación de políticas eficaces para la fijación del precio del carbono, a fin de mantener la competitividad, crear empleo, alentar la innovación y lograr una reducción significativa de las emisiones. Esto se suma al respaldo creciente del sector empresarial a tomar más acciones respecto del cambio climático. En carta abierta publicada en junio del 2015, seis importantes petroleras solicitaron a los gobiernos y a Naciones Unidas que adoptaran medidas más enérgicas sobre el precio del carbono.

¿Oportunidades dónde?

No hay que ser un gigante empresarial para adoptar tecnologías ecológicas. Basta con preguntarle a Arab Printing Press, del Líbano. La empresa cuenta con 130 empleados y es un excelente ejemplo del número creciente de pequeñas empresas que adoptan opciones ecológicas. Hace unos años, esta firma con sede en Beirut instaló paneles solares en su casa matriz y eliminó la dependencia del petróleo, combustible de costo elevado.

Como toda fuerza disruptiva, el cambio climático está creando oportunidades para las empresas dispuestas a innovar. En el mundo, un sector que está preparado para una fase de crecimiento es el de la energía renovable. Honduras e India han fijado metas ambiciosas para generar energía eólica, solar e hidroeléctrica. Para lograrlas, necesitarán inversión privada.

¿Qué tan generalizado es el anhelo de usar energía limpia? Incluso Arabia Saudí, donde están algunas de las mayores reservas de petróleo del mundo, considera generar el grueso de su electricidad a partir de energías renovables y energía nuclear para el 2040.

Ya hay empresas que han tomado decisiones al respecto en Panamá, donde un consorcio está construyendo lo que será el mayor parque eólico de Centroamérica. La planta Penonomé, de 215 MW, evitará la emisión de 400.000 toneladas anuales de dióxido de carbono, que equivale a sacar de circulación unos 84.000 automóviles. Al tiempo, el sector privado juega un papel decisivo en la construcción de una gran central de energía solar de 510 MW en el desierto marroquí, que suministrará electricidad a 1,1 millones de personas. El proyecto, cuyo valor asciende a US$ 2.600 millones, podría ayudar a convertir a Marruecos en una potencia de energía renovable y servir de modelo para futuras alianzas público-privadas. En Nepal, está previsto que la primera central hidroeléctrica del país genere alrededor de 200 GW/h de electricidad, lo que contribuirá a abordar la debilitante escasez de energía eléctrica, causa de la falta de progreso industrial en ese país.

La energía renovable no es el único ámbito relacionado con el cambio climático preparado para crecer. Las empresas pueden encontrar oportunidades en la construcción ecológica y en ayudar a las ciudades a prepararse para los cambios del clima. En el 2050, más de 6.000 millones de personas vivirán en zonas urbanas, lo que creará la necesidad de diversos servicios de infraestructura, como agua y saneamiento. Para el 2020 se prevé la construcción de 400 millones de viviendas, que podrían constituir una oportunidad para las constructoras que puedan incorporar tecnologías verdes en sus diseños.

En fin, existen grandes oportunidades en el ámbito de las soluciones financieras inteligentes. Soluciones muy variadas, y van desde los bonos verdes emitidos por gobiernos e instituciones internacionales hasta microcréditos para empresarios. ¿Cuáles son las posibilidades? Según cálculos conservadores, de hoy al 2030 los prestatarios necesitan invertir como mínimo US$ 700.000 millones anuales en infraestructura, energía limpia, uso eficiente de los recursos y construcciones ecológicas.

En Sudáfrica hay un banco orientado a ese mercado. El Sasfin Bank ha creado una línea de crédito para ampliar el financiamiento de proyectos que ayudará a pequeñas empresas a aumentar la eficiencia energética y la sostenibilidad.
La COP21 puso de manifiesto los peligros de un cambio climático sin control. Este representa una amenaza para el desarrollo económico a lo largo de nuestra vida y, si no se hace nada para frenarlo, podría sumir en la pobreza a 100 millones de personas para el 2030. Si eso ocurriera, se echarían por tierra los impresionantes avances para combatir la pobreza que se han logrado en los últimos 15 años en todo el mundo.

El sector privado puede ayudar al planeta a evitar ese destino. Pero en muchos lugares del mundo en desarrollo la corrupción y el exceso de burocracia obstaculizan las inversiones en energía renovable y en otros proyectos favorables para el clima. Al mismo tiempo, los subsidios estatales a los combustibles fósiles mantienen los precios artificialmente bajos y, por lo tanto, es difícil que las energías renovables puedan competir.

Los gobiernos deben eliminar esos obstáculos y crear condiciones en las que el sector privado pueda prosperar y las inversiones en energía renovable se justifiquen desde el punto de vista financiero. El sector privado debería ayudar a impulsar esas reformas, que pueden llegar a crear oportunidades de inversión de miles de millones de dólares. Ha llegado la hora de aprovechar.

Dimitris Tsitsiragos
Especial para EL TIEMPO

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