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Colombia, el país más desigual de A. Latina en el reparto de la tierra

Martes 6 de diciembre de 2016
Ciencia

Colombia, el país más desigual de A. Latina en el reparto de la tierra

Informe de Oxfam evaluó 16 países y alerta por caso nacional y los efectos ambientales.

Por:  LAURA BETANCUR ALARCÓN | 

En Colombia, el 84 por ciento de las explotaciones, que son de menor tamaño, ocupa menos del 4 por ciento de la superficie productiva.

En Colombia, el 84 por ciento de las explotaciones, que son de menor tamaño, ocupa menos del 4 por ciento de la superficie productiva.

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Más de la mitad de la tierra productiva de América Latina está concentrada en solo el uno por ciento de las fincas más extensas, lo que quiere decir que en muy pocas propiedades está la mayor parte de la explotación agraria de la región, según un informe de Oxfam Internacional, una red de 18 ONGs, que vela por la erradicación de la pobreza en el mundo.

El estudio ‘Desterrados: Tierra, poder y desigualdad en América Latina’, que será presentado miércoles en Bogotá, evaluó los censos agropecuarios nacionales en 15 países latinoamericanos, más la encuesta nacional para este tema en Bolivia.

Colombia es el país del caso más preocupante: “Las fincas de más de 500 hectáreas –que apenas representan el 0,4 por ciento del total de explotaciones– concentran el 67,6 por ciento de la tierra productiva”, destacó la publicación.

“En Colombia ha aumentado el acaparamiento de la tierra, de manera exponencial, desde que empezó la llegada de las trasnacionales, cuando se vendió el potencial nacional para la inversión extranjera. Eso no está mal, pero el problema es que no hay mecanismos para controlar la concentración”, señaló Aida Pesquera, vocera de Oxfam para el país.

Chile y Paraguay tienen niveles similares de desigualdad a las estadísticas colombianas. En esos países, en el uno por ciento de las fincas se acumula el 70 por ciento de la tierra, donde hay explotación económica.

La otra cara de la moneda de la desigualdad son las pequeñas propiedades, muchas de ellas familiares. El reporte explica que las parcelas de menor tamaño representan a cuatro de cada cinco explotaciones agropecuarias en la región y en total suman menos del 13 por ciento de la tierra productiva. Aunque el tamaño de estos lotes varía de país en país, se estima que el promedio es de nueve hectáreas para América del Sur y 1,3 hectáreas para Centroamérica.

En Colombia, el 84 por ciento de las explotaciones, que son de menor tamaño, ocupa menos del 4 por ciento de la superficie productiva. Caso similar ocurre en Paraguay, donde más del 91 por ciento apenas tiene el 6 por ciento de la superficie agrícola.

La desigualdad resultaría mucho mayor, entre los lotes familiares y las fincas más grandes, si se tuvieran en cuenta datos como la calidad del suelo, la proximidad a los mercados, la disponibilidad de agua, el acceso a vías de transporte, entre otros.

“No es posible combatir la desigualdad en América Latina sin abordar las diferencias abismales en el reparto de la tierra, que siguen provocando conflictos sociales y ambientales y una persecución cada vez mayor contra los defensores de las comunidades y el campesinado”, afirma Simon Ticehurst, director de Oxfam en América Latina y el Caribe, a través de una comunicación previa de esta organización, que conoció EL TIEMPO.

Medioambiente, en riesgo

Más allá de la inequidad social, los efectos de la alta concentración también ponen en riesgo el equilibrio ambiental. Aida Pesquera señala que las actividades agroindustriales en forma de grandes monocultivos, como los que se dieron en la región de El Cerrado en Brasil y que se han querido imitar en Colombia, desequilibran a los ecosistemas por el desecamiento de humedales, la desviación de la migración de aves y el alto nivel de agroquímicos aplicados al suelo para que estos cultivos sean eficientes.

“Se considera que la concentración de la tierra favorece la eficiencia, pero está demostrado que no es así. Hay beneficios para la empresa, pero mucha exclusión”, apunta la investigadora, quien agrega que en vez de apuntarle a una sola actividad, la diversificación de la producción ya ha demostrado beneficios ambientales para los suelos y el agua.

Para Juan Antonio Escalante, director del Instituto Agustín Codazzi, la concentración de la propiedad puede tener dos escenarios frente al manejo de la naturaleza. De un lado, cuando el propietario adelanta actividades agrícolas, pecuarias o agroindustriales puede afectar la conectividad de los ecosistemas, y peor es el panorama cuando la tierra se utiliza para usos contrarios a la vocación de su suelo. Sin embargo, también cuando el propietario acumula propiedades y no adelanta ninguna actividad productiva, puede aportar de manera directa a la protección de áreas de especial importancia.

Escríbanos a laubet@eltiempo.com y @ElTiempoVerde

LAURA BETANCUR ALARCÓN
Redactora de EL TIEMPO

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