'Lunita' y Édgar: ni la muerte los separó

'Lunita' y Édgar: ni la muerte los separó

Falleció meses después de muerte de su dueño. Las cenizas de ambos fueron lanzadas en el mismo lugar

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No soportó la muerte de su dueño y falleció. Sus cenizas fueron lanzadas en el mismo lugar donde quedaron las de su amo.

Foto:

Archivo particular

12 de octubre 2016 , 08:24 p.m.

Fueron cerca de siete años juntos. Inseparables, unidos e incondicionales. La relación de Edgar García Gallego y su perra ‘Luna’, una labradora color chocolate, fue sólida y fuerte hasta el último minuto que estuvieron juntos en vida.

‘Lunita’, como le decían de cariño, además de ser su fiel compañera fue la inspiración de este hombre, de 63 años, para crear empresa. “Una vez la perra se enfermó y no tenía cómo llevarla, así que adaptó unas furgonetas y creó una empresa de taxis para mascotas. El logo era una caricatura de ella, fue como un homenaje”, cuenta su hija, Paola García Cuadros, quien actualmente reside en España.

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Archivo particular.

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Estaban juntos en todo e incluso, paradójicamente, su incondicional compañera ayudó a que le detectaran, hace cuatro años, el cáncer que, sin saber, sufría Édgar. “Se dieron cuenta porque estaba limpiándola y peinándola y ella se movió muy fuerte y le fracturó el brazo con el movimiento. Por esa fractura descubrieron que tenía un mieloma”, contó Paola.

‘Lunita’ lo acompañó en su enfermedad. Fue su aliento, su apoyo y una de sus motivaciones para salir adelante, según cuenta su hija. “Siempre le insistí que la mandara a España en vista de su enfermedad, pero él me decía que quería estar con ella hasta el día de su muerte”, afirma.

Sin embargo, cuando ese día llegó, en mayo del 2015, el animal parecía negarse a aceptar ese duro pero inevitable momento. “Ya estaba en las últimas y cuando la llevaron a despedirse ella no quiso entrar a la habitación donde él estaba, se negó completamente”, cuenta Paola.

A partir de ahí, su vida cambió por completo. En dos semanas se deterioró drásticamente. Envejeció, entristeció, ya no jugaba, parecía otra.

Según la doctora Adriana Patricia López, docente de la Clínica Veterinaria de La Universidad de La Salle, “las mascotas también sufren estados de tristeza, llanto, soledad e inapetencia”. La experta señala que una de las recomendaciones es “mantener la rutina del animal, buscar momentos para salir al parque, ejercitarse, caminar y brindarle los mismos espacios que tenía con su dueño”.

Sin embargo, en el caso de ‘Luna’ nadie podía hacerse cargo de ella. La esposa de Édgar había entrado en depresión y aunque la cuidó por un tiempo junto con su familia, Paola tuvo que encontrar desde España un hogar temporal.

Después de investigar y buscar varias opciones, ‘Luna’ llegó al Club Campestre Paraíso Animal, una guardería para perros y gatos ubicada en Chía, Cundinamarca. Allí experimentó un nuevo ‘renacer’. “Recobró la alegría que tenía cuando vivía su dueño. Fue un cambio radical, volvió a jugar, volvió a sonreír”, relata Maryuri Flórez, una de las encargadas del lugar, que cuenta con amplias zonas verdes.

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'Lunita' en la guardería Club Campestre Paraíso Animal en donde se recuperó luego de la muerte de su dueño. Archivo particular

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Mientras tanto, Paola hacía los trámites y recogía los papeles para que ‘Luna’ pudiera irse a España, sin embargo, los planes cambiaron por una inesperada noticia: ocho días antes del viaje y cuando todo estaba listo, Luna falleció. Era el 6 de enero de 2016.

“Parecía como si supiera que se iba a ir”, asegura Flórez, quien concluye que, para ella, la perra no quería alejarse del lugar donde estaba su ‘papá’.

Se le practicó una necropsia y los resultados revelaron que tenía un tumor en el corazón. “Me sorprendió mucho la muerte tan repentina porque un año antes le habíamos mandado a hacer exámenes y estaba bien”, cuenta García.

Lo cierto es que Paola decidió unir a aquellos compañeros de vida inseparables… pero esta vez después de la muerte. Cremó el cuerpo de la perrita y lanzó sus cenizas en un riachuelo ubicado en el parque Nacional, en Bogotá, el mismo lugar donde habían quedado las de su padre. “Él pidió que sus restos fueran lanzados allí porque era donde jugaba de pequeño con sus hermanos. Hice lo mismo con 'Lunita', quise unirlos”, señala.

La historia pareció volver a su comienzo: Édgar y Luna juntos de nuevo. Hoy sus recuerdos, anécdotas y aventuras fluyen por este pequeño corredor de agua.

Ana María Velásquez Durán
durana@eltiempo.com
En Twitter: @Anamariavd19

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