63 mil personas se han desmovilizado en Colombia

63 mil personas se han desmovilizado en Colombia

El año en que más se han desmovilizado colectivamente personas fue en el 2006: 17.919 combatientes.

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Desde 1990 al 2016, el grupo que más ha desarmado hombres han sido las AUC.

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Héctor Fabio Zamora/ ELTIEMPO

27 de octubre 2016 , 06:00 a.m.

Aun cuando la barahúnda causada tras los resultados del plebiscito por la paz mantenga congelado el proceso de desarme de las Farc, será casi un hecho que por lo menos 8.000 hombres y mujeres de esa guerrilla se reincorporarán a la vida civil y se unirán a los 63.000 que se han desmovilizado en tres décadas de guerra.

El desarme, la desmovilización y la reintegración en Colombia hacen parte de la historia del país. Es esa atmósfera de paz imperfecta que sobreviene tras la práctica del deporte nacional, la guerra, como lo considera el maestro en periodismo Jorge Cardona.

La Agencia Colombiana para la Reintegración, ACR, tiene un registro de 58.000 personas que se han desmovilizado entre el 2002 y el 2016. Por supuesto, el subregistro puede ser superior, ya que muchos combatientes deciden dejar los grupos irregulares en medio del anonimato, para no ser estigmatizados, perseguidos o asesinados. Pero hay otra cifra que también se suma a esta estadística, y es la de 4.700 combatientes que abandonaron sus armas entre 1990 y 1998, según un informe del Observatorio de Procesos de Desarme, Desmovilización y Reintegración de la Universidad Nacional de Colombia.

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cifras de desmovilizados en colombia

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La historia se ha encargado, entonces, de situarnos en el siguiente dato: la población desmovilizada en Colombia es el equivalente a la del municipio de Necoclí, en Antioquia. Toda ella cabría sentada en el estadio de fútbol Atanasio Girardot, de Medellín y todavía 10.000 se quedarían por fuera. Para nada es una cifra despreciable.

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El año en que más se han desmovilizado colectivamente personas fue en el 2006: 17.919 combatientes. Ello ocurrió durante el primer mandato de Álvaro Uribe Vélez. Posteriormente, durante su segundo periodo de gobierno, en el 2007, dejaron las armas 2.934 personas. También la cifra más alta según el registro de 15 años entregado por la ACR.

Explica el informe de la Universidad Nacional que la finalización de los diálogos de paz del Caguán en el 2002 y el inicio del gobierno de Álvaro Uribe Vélez marcaron el incremento tanto de las confrontaciones armadas como de las operaciones militares del Estado Colombiano contra las organizaciones armadas ilegales, particularmente las Farc-EP y el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Este recrudecimiento del conflicto tiene, como determinante, la Política de Seguridad Democrática, el Plan Colombia y el Plan Patriota.

Por tanto, se puede concluir que la estrategia de seguridad implementada por el Estado entre los años 2002 y 2011 contribuyó de manera significativa a la desmovilización no solo de combatientes rasos, sino también de mandos medios y especialistas. Para los investigadores del informe de la Nacional, esta estrategia se divide en dos periodos: el primero corresponde a los dos gobiernos de Álvaro Uribe (2002-2010) y el segundo, al inicio del mandato de Juan Manuel Santos (2010-2011).

En cuanto a las desmovilizaciones desde 1990 al 2016, el grupo que más ha desarmado hombres han sido las AUC. Según la ACR, han sido 35.442, seguido de las Farc con 18.616 y en tercer lugar el EPL, con 2.000.

El EPL desarmó todas sus estructuras tras un proceso de paz que se firmó en el departamento de Córdoba en 1991. Muchos se reincorporaron a la vida civil, pero otros retornaron al camino de la guerra incluso sumándose a la causa paramilitar que comenzaba a gestar en ese entonces el temido Fidel Castaño, con su ejército conocido como ‘los mochacabezas’. Hoy, por lo menos 200 hombres siguen activos en la región del Catatumbo, pero abandonaron el comportamiento subversivo y actúan más como una banda criminal al servicio del narcotráfico.

El riesgo después de la desmovilización

Lo anterior pone en evidencia que el tema más complejo tras el desarme y la desmovilización es la reintegración. No basta mostrar cifras abultadas que den cuenta de que 129 colombianos de cada 100.000 habitantes en este país han estado en la guerra y se han desmovilizado; el reto está en mantenerlos en la civilidad, incorporándolos a programas de acompañamiento en salud, educación y empleo, para que jamás vuelvan a engrosar los ejércitos de la muerte.

Las “guerras recicladas” de las que habla la periodista María Teresa Ronderos, en su libro que lleva el mismo nombre, justamente dan cuenta de cómo la espiral del conflicto vuelve a iniciar nuevos ciclos con grupos que mutan o actores que se suman a otras guerrillas u organizaciones delictivas.

La Agencia Colombiana para Reintegración en Colombia lo busca a toda costa, pero no es una tarea fácil. Solo en el departamento de Córdoba, al cruzar la cifras de desmovilizados con las de criminalidad en los mismos años de reporte de ambos hechos, se llega a conclusiones pavorosas.

Un informe de la periodista Constanza Bruno, publicado en el sitio Conflicto y Paz, de Consejo de Redacción, con las cifras entregadas por la Policía en Córdoba, muestran que, desde el 2007 hasta la fecha, los municipios con mayor número de muertes violentas fueron Montería con 837; Montelíbano con 369; Tierralta con 345; Puerto Libertador con 202; Lorica con 200, y Cereté con 136. Los mismos que, según las cifras de la ACR, recibieron el mayor número de desmovilizados.

Es más, según la ACR, de las 2.926 personas que ingresaron a la ruta de reintegración, el 48,5 % de ellos no está en el proceso. Una buena parte, casi el 30 %, porque ya culminó la ruta. Un total de 266, correspondiente al 11,7 % fallecieron, la mayoría asesinados, y un 8 % perdió los beneficios por incumplimiento.

La mayoría de los desmovilizados asesinados entre el 2007 y el 2009 en Córdoba fueron reclutados por las bandas criminales. Córdoba es el segundo departamento, después de Antioquia, con el mayor número de excombatientes condenados por delitos que cometieron después de que dejaron las armas, alrededor de 340, los cuales perdieron los beneficios.

Más temprano que tarde Colombia vivirá una nueva desmovilización masiva. Las implicaciones que esto tendrá, sin duda, serán de gran impacto en la vida social de los nacionales. Por tanto, conocer qué ha ocurrido con anteriores procesos dará pistas sobre lo que se viene para el que sería el segundo más grande desarme en la historia de la guerra del país.

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