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16 de noviembre 2016 , 03:12 a.m.

El barrio tiene una sola calle transitable para carros que sube en forma de ‘s’. Por el camino hay escaleras en guadua y con jardines que se sostienen a pesar de la gravedad. Son la primera evidencia de que lo que pasa en el sector es diferente a lo que ocurre en cualquier otro barrio de invasión.

La vía llega hasta el último punto, la escuela del sector, donde reciben niños de preescolar y primaria. El trabajo que realiza la comunidad empieza por ellos, los más pequeños, en los que descansa el futuro. Un futuro que desde ya se ve como un nubarrón negro.

Si hoy en día los bogotanos se quejan por los cambios climáticos, no saben lo que les espera a los niños de Bogotá. Gustavo Adolfo Carrión, consultor en temas de ordenamiento y cambio climático y profesor universitario, se convierte casi que en un Noé moderno a partir de proyecciones científicas.

Según él mismo muchos de los estudios señalan que va a haber un aumento de temperatura en promedio entre 2 y 2.3 grados centígrados a finales de siglo, al igual que aumento de hasta 10% de las precipitaciones. “El impacto de estos cambios de temperatura y precipitación tiene un efecto muy fuerte en ecosistemas sensibles como los páramos, de donde sacamos todo el agua de Bogotá y el área metropolitana. Según estudios, probablemente perdamos el 50 por ciento de páramos y hasta del 70 por ciento de bosques de alta montaña”.

Por esas predicciones, “acá resaltamos el valor que los niños le dan al medioambiente. Cada uno de ellos tiene de ahijado un árbol del que debe preocuparse”, cuenta la profesora de los grados 3.°, 4.° y 5.° , Elisabeth Meneses. La lucha de ella también es contra la gravedad. La cuesta que sube a pie no se compara con el esfuerzo para desviar el destino de la mayoría de niños de esa escuela. El maltrato infantil, el abuso sexual, la desnutrición son piedras que le caen a la profe en su morral.

Por el camino para llegar a la escuela, están las llamadas Ecocasas. Héctor es propietario de una de estas. “Son una propuesta piloto de vivienda sostenible en los cerros orientales en barrios que no han sido consolidados en ladrillo y cemento. Significa un referente donde el Distrito tiene que entender que hay otras alternativas de urbanismo en la ciudad”, y dice “creemos que es una alternativa para vivir en los cerros dignamente, para adaptarnos al cambio climático y hacer la resiliencia entre el medio y el humano, y para cuidar los cerros tenemos nuestras huertas, tenemos toda nuestra infraestructura de vida”.

Héctor define los Ecobarrios como la forma de resistencia a los procesos de reasentamiento que se estaban dando en la zona desde el 2005 y también para la recuperación del territorio.

“Nosotros defendemos nuestro territorio haciendo resistencia al no irnos, es la manera más fuerte, nosotros decimos, ‘de acá no nos vamos hasta que nos saquen en un cajón’ ”, dice Rubén Darío Becerra, líder de la comunidad.

Esto se evidencia cuando se camina por esa única calle. Algunas casas resaltan más que otras por sus fachadas organizadas, limpias, y de materiales que a simple vista son amigables con el espacio.

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