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Mayo 11 de 2008

A punta de sacrificios construyó Óscar Borda su papel de Eusebio Benítez en 'Perro come perro'

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Foto: Archivo particular
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Foto: Archivo particular
Borda se transformó del todo para el filme. Ahora graba, en Venezuela, 'Los pájaros se van con la muerte'.

Afirma que lo primero que hizo fue irse a vivir junto con Marlon Moreno, su compañero protagónico, a una pensión en el barrio Obrero, ubicado en el centro de Cali.

"La idea fue del director. Quería que entre todos buscáramos el perfil de los personajes", dice.

Y el ejercicio dio sus frutos. Después de un mes de encierro, el desprecio que se tienen los protagonistas se refleja en las actuaciones de la ópera prima de Carlos Moreno.

"Al principio, fue muy bueno poder compenetrarme con Marlon; pero luego era tal la euforia del personaje que después de 17 días de compartir habitación llegamos al punto de mirarnos a los ojos y decirnos: 'Usted me cae gordo'", cuenta. La situación, en vez de generar enemistad, lo que hizo fue propiciar un lazo de amistad y de profesionalismo.

Superó el miedo a la brujería

En esta actuación, una de las mejores en sus 18 años de carrera artística (tiene 12 películas en su hoja de vida, entre ellas La nave de los sueños, Juegos bajo la luna, Amores ilícitos, Colombianos, El sheriff y El Trato), tuvo que sortear todo tipo de dificultades.

Explica Borda que ese mes que vivió en esa habitación le sirvió para buscar, en medio de drogadictos y ladrones, las características que llevaría su personaje. "Me dejé crecer la barba y el afro, me puse cachucha y un día en el barrio Obrero, que es como el 'Cartucho' en Bogotá, me di a la tarea de buscar a Benítez. Lo bueno es que nadie me identificó", asegura.

Le ayudó también la entrevista que tuvo con un sicario de Cali. Él le explicó gran parte del oficio de asesinar. "Cada vez que me acuerdo se me ponen los pelos de punta. Entre otras cosas, me decía que citaban al tipo que debía la plata y le mostraban el dedo de uno de sus familiares y así lo presionaban", sostiene.

Al hablar de su personaje, Borda explica que una de las cosas más difíciles de superar fue su miedo a la magia negra, que se da mucho en el Pacífico colombiano. "A raíz de la película me hace unas contras, para que me protegieran de todo mal. Es que grabé en un cementerio a medianoche, oriné en un ataúd... en fin", comenta.

En el rodaje de tres meses tenía que inducirse las náuseas, pues "Eusebio Benítez es un matón que tiene el diablo metido (...) Él se empieza a morir porque le hacen brujería por matar a un tipo. Por eso tenía que estar vomitando".

La 'bruja', según Borda, la encontró Carlos Moreno, el director, pidiendo plata en una calle de Cali. "Es una mujer negra, madre de 26 hijos, que fue desplazada por la violencia en Bojayá", dice.

Apoyo a los afrocolombianos

Borda destaca otro aspecto de Perro come perro, la reivindicación de los afrodescendientes, por la que luchó desde el cabildo distrital hasta el 31 de diciembre pasado.

"Es la primera película colombiana que tiene varios negros (el músico Hansel Camacho y Paulina Rivas, la 'bruja Iris'). Eso no había ocurrido en el cine colombiano, pese a la gran cantidad de películas que han realizado -explica-. Ya no los pueden meter por el simple hecho de ser negros, sino que tienen que prepararse, el que haga méritos debe ser llamado".

Por eso, reconoce que la piel se le eriza a cuando habla de ese sicario.

MANUEL RINCÓN PRADA
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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