'Para ser amigo de Amparo Grisales compré Revertrex': Jairo Martínez
Por: REDACCIÓN CULTURA Y ENTRETENIMIENTO |
Jairo Martínez siempre fue aficionado a los famosos y en Miami se hizo amigo de muchos de ellos.
Foto: Archivo/EL TIEMPOElla me enseñó a desarrollar mi capacidad para tolerar y perdonar.
El jurado de dos temporadas de Yo me llamo es un relacionista público por excelencia y después de hacer el programa de Caracol, va a vivir más en Colombia, el país que dejó cuando tenía 20 años. Habla de sus líos con Amparo Grisales.
"Hasta compré Revertrex (el producto que promociona Amparo Grisales), para hacerme amigo de ella", dice Jairo Martínez, el ex jurado del programa Yo me llamo, uno de los más exitosos de Colombia en los últimos tiempos.
Pero no se pudo. Durante las dos temporadas del reality de Caracol, siempre hubo tensión con Grisales, también jurado. "Tengo que decir que, inicialmente, la relación fue cordial. Incluso, compartimos una noche en Cali maravillosa, con el equipo, y parecía haber un afecto mutuo. De hecho, yo siempre sentí por ella una gran admiración..."
Martínez, muy buen conversador, habla hoy del tema pero sin darle tanta trascendencia. Sin embargo, cuenta que no sabe si debió a que hace algunos años, trataron de hacer un negocio en Miami (donde Martínez tuvo su residencia durante 26 años y ahora pasa la mitad del año) que no se dio. "De ahí, de pronto, puede venir la razón".
El hecho es que el relacionista público (que ha trabajado con Ángela Carrasco, Chayanne, Gloria y Emilio Estefan y Shakira, entre muchos otros cantantes), pasó de admirar a la diva nacional a tenerle temor. "Cuando se burlaba de mí no sabía que hacer y me preguntaba por qué lo hacía", cuenta.
El miedo, después, se volvió rabia, y luego "me dejó de importar su actitud. Amparo me enseñó a desarrollar mi capacidad para tolerar y perdonar. Para mí, lo más importante era Yo me llamo y la gran cantidad de talento que tiene el país", sigue.
Mientras pasaban los comerciales (cuando el reality se hacía en vivo), Martínez se paraba y hablaba con Luz Amparo Álvarez, su otra compañera como jurado, y con quien tiene una gran amistad. O con el público, "porque de ellos sí que se aprende".
Es más, ratificando su condición de hombre de relaciones públicas, este cartagenero, de 55 años, antes de empezar la transmisión saludaba a todas las personas que hacían fila fuera del teatro donde se llevaban a cabo las galas.
"Esa gente esperaba dos y tres horas para entrar y bueno, yo hablaba con ellos, me tomaba fotos, algo que, en algunos momentos, sentí que molestaba a los mandos medios de Caracol. El asunto es que a mí le gente me drena, me llena de buena energía y más cuando es genuina".
No en vano, su mamá le decía que hablaba hasta con los postes. "Y sí, es cierto, yo me monto en un avión y de malas el que esté al lado, le voy a hablar todo el viaje".
Siempre, dice, fue así, dicharachero, conversador, con ganas de intercambiar opiniones. Es el sexto de ocho hermanos y de niño veía telenovelas con una de sus abuelas. Una de las producciones que lo marcó fue Esmeralda y el día que vio a Lupita Ferrer, que protagonizó la primera versión, venezolana, entrando a una de discoteca de su propiedad en Miami, literalmente, casi se muere.
El mundo para Jairo
Ahora, afirma, vivirá un 50 por ciento en Miami y el otro 50 por ciento en Bogotá, haciendo viajes esporádicos a Cartagena, a la casa de sus papás, que hoy administra Petra, la nana de él y de sus hermanos, y donde todavía se reúne la familia.
Y yendo, además, a su finca de Barú, donde siembra y tiene vacas, patos, carneros y cabras, cada uno con nombres de sus amigos. Así que allá están, entre otros, las vacas Luz Amparo, Ángela Carrasco, Linda Palma e Isabella Santodomingo, entre otras, así como el toro Emilio Estefan (de lo que, cuenta Martínez, se rie el productor cubanoamericano).
Con las vacas tiene historias. Hay una que se llama Maríamulata (nombre con el que se conoce a la ex alcadesa de Cartagena, Judith Pinedo Porto, amiga suya desde la infancia. "Un día llamé a una de las hermanas de Judith para contarle que la Maríamulata estaba preñada". Ella no lo podía creer y tuvo que explicarle. Los patos llevan los nombres de los concursantes de Yo me llamo.
Ese es el mundo colombiano que ha recuperado en varias etapas, porque Jairo Martínez se fue de Colombia cuando tenía 20 años, a un intercambio en Estados Unidos. Se fue sin terminar su carrera de relaciones internacionales en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, de Cartagena, argumentándole a su familia que quería aprender inglés, pero con el sueño secreto de llegar a Hollywood y hacerse famoso, pues ese era su ideal, lo que creía el sentido de su vida.
"Siempre me gustaron los famosos", dice Martínez, antes de seguir contando que se quedó en Estados Unidos y que sus 'papás' de allá lo querían como el hijo que nunca tuvieron. Cuando decidió hacer su propia vida le argumentaron que él era todo para ellos. "Dejé un hogar por segunda vez", sigue.
En Miami empezó a trabajar en el restaurante Las Tapas, a donde iban los famosos del momento (Emilio y Gloria Estefan, Chayanne, Ángela Carrasco, entre otros) y Jairo se hizo amigo de ellos.
Así empezó su carrera de relacionista público de estrellas, una vida de la que no se tenía mucho conocimiento en Colombia, así como sus negocios de restaurantes y discotecas en Miami, una ciudad con la que, según Martínez, está muy agradecido. También trabajó en Sony Music, en Estados Unidos, de 1992 a 1996, y, por supuesto, consiguió más amigos famosos.
Entre el 2002 y el 2006 su nombre empezó a sonar, cuando fue elegido representante a la Cámara por los colombianos en el exterior, con 9.127 votos "de mis amigos" (hoy tiene 200.000 seguidores en Twitter y cuatro cuentas en Facebook).
"Llegué pensando que iba a cambiar el mundo y me encontré con una muralla china. Pese a que fui distinguido por Congreso visible como uno de los congresistas más trabajadores, no vi los resultados que quería. Pero logré llevar a la Comisión Segunda, a la que pertenecía, a trabajar a Miami y se dieron pasos importantes para el TLC", dice.
Pese a que en su comisión era muy activo, en Plenaria nunca hablaba, hasta el día en que Telésforo Pedraza, en ese momento también congresista, dijo que la curul que ostentaba Martínez era inútil y el relacionista público la defendió.
Y pese a que en su opinión no era el momento para la política -aunque trabajaba 25 horas al día- cree que ese paso por el Congreso sirvió para que volviera a ser hijo de familia, a estar con su mamá (su papá ya había muerto) y con sus hermanos.
"No me daban tiquete para viajar al exterior, pero sí para ir a Cartagena, donde mi mamá, que no había estado tiempo completo conmigo en los últimos 26 años, me trataba como el peladito de los 20, cuando me fui y me regañaba por todo".
En esa época, no era conocido por la gente del común, pero sus amigos famosos en Colombia aumentaban, por su relación con el mundo del espectáculo de Miami. Hoy, el asunto con su vida es a otro precio. Gracias a su participación en Yo me llamo: todo el mundo lo saluda, lo abraza y lo felicita. "Y los taxistas no me cobran las carreras. A cambio, yo hablo por celular con sus esposas, sus mamás, sus primas, sus novias, sus tías..."
Todo lo anterior le ha devuelto la colombianidad. "Yo era el más cartagenero de Miami. Ahora soy de aquí".
De su continuidad en Yo me llamo no se ha hablado nada. Pero él tiene muchos planes para hacer en Colombia (sigue trabajando 25 horas diarias). Está iniciando una campaña contra el matoneo estudiantil (del que fue víctima cuando era niño, porque siempre ha tratado de ser buena gente y conciliador "y eso me volvió el target perfecto").
Ya ha hablado con el Ministerio de Educación y con varias universidades para tratar el tema.
Además, quiere hacer un proyecto musical con los pandilleros de Cartagena, "algo que, yo creo, está más cercano a ellos que el deporte, sin demeritarlo, así como trabajar en una campaña por el voto latino en Estados Unidos. "El ideal es que nos unamos para que seamos una verdadera fuerza".
También va a lanzar una línea de gafas (en el reality sus gafas siempre llamaban la atención y combinaban con el reloj) y a trabajar con nuevas figuras de la canción en Colombia: Sara Blue, Juan David López, Diego Ramírez y Andrés García. "Con Yo me llamo ratifiqué que este es el país del talento en América Latina y hay que promoverlo".
Y además de trabajar, en los últimos días, Jairo Martínez ha vuelto a ver televisión, después de mucho tiempo de perderse el prime de Caracol, por estar en Yo me llamo, y lo ha disfrutado. "Me siguen encantando las telenovelas, lo reconozco", dice.
Es un hombre sencillo que a pesar de ser de mundo no olvida dos cosas: rezar todas las oraciones que guardaba su mamá -y que él heredó- todos los días antes de salir de su casa y cargar siempre un rosario bendecido por el papa Juan Pablo II, a quien conoció cuando acompañó a Shakira a una visita privada con el pontífice fallecido.
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