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Caracol lo intenta / El otro lado

Por: ÓMAR RINCÓN | 8:35 p.m. | 26 de Agosto del 2011

Columna de Ómar Rincón, crítico de televisión.

Caracol lanzó su suerte con el 22. Un número con mucho poder. Ya sin fútbol, todo se juega de nuevo. Y su apuesta fue un concurso y una comedia muy al estilo Caracol. La sorpresa de esa noche: la escena más avanzada de amor en una telenovela en La reina del sur. RCN respondió con El man es Germán 2.

Yo me llamo es un concurso divertido y fácil de ver. Colombianos extrovertidos hacen lo que más les gusta: cantar. Responde al alma musical que marca nuestra identidad y que genera sonrisas, suspiros e identificaciones.

Y de verdad es alucinante ver cómo hay millones de colombianos que quieren cantar y salir en televisión. Uno se divierte y pasa un buen rato con las ocurrencias y extravagancias de nuestros compatriotas. La verdad: debería demorarse mucho más en las pruebas por ciudades porque es muy divertido... y así se le daría más pantalla a la gente.

Para añadirle drama y emoción un buen jurado es clave: la diva Grisales atrae por su extravagancia y vedetismo aunque sus apuntes son flojitos; el señor Jairo Martínez no aporta mucho ni en comentarios ni en drama; Luz Amparo Álvarez es la que más propone por talento y humor; Calzadilla como presentador le pone ganas. A los jurados, por ahora, les falta sal y picante, están en lo no dramático.

El secretario es una comedia de oficina de las de Caracol (Nuevo rico, nuevo pobre; Pedro el escamoso): nadie trabaja, todos gritan, las secretarias son como una comparsa y los oficinistas, una parodia. Y como es comedia: no hay actuaciones sutiles sino todo es grotesco. Una producción enamorada de juegos visuales y que poco cuida lo dramático; más directores de cámaras que de actores.

Los hermanitos Fabián Mendoza (Mario) y Martín Karpán (Félix), y la sexy Andrea López (la villana casquivana) son in-so-por-ta-bles por el exceso y lo grotesco. Tal vez se piensa que la comedia consiste en sobreactuarse y llenarse de gestos estrambóticos.

Por el lado bueno (si le bajaran a tanta mala actuación), está la historia, suena verosímil, es tierna y genera identificación; una historia simple pero con potencial para ganar las sonrisas. Y en lo mejor está la pareja principal: Juan Pablo Espinosa (galán) y Stephanie Cayo (la heroína).

Espinosa se hace creíble y tierno y gusta. Stephanie Cayo es una mujer absolutamente bella y con espontaneidad y gestualidad simple, y logra ser seductora y cómica a la vez. El nivel de cuidado de la pareja principal pierde toda sutileza cuando se enfrenta a la ordinariez que los acompaña.

La reina del sur, el 22 de agosto, presentó la mejor escena nunca vista en la telenovela en Colombia: un romance sensual y delicado entre dos mujeres, un amor lesbiano. Sutil, con imágenes lentas, besos tiernos, amor de verdad. Una escena sin morbo ni chistes ni mal gusto ni exceso. Un amor creíble y único. Toda una clase para este tipo de escenas que en Colombia las convertimos en chascarillo.

ÓMAR RINCÓN
CRÍTICO DE TELEVISIÓN

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