Bojayá, un duelo que no termina
Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM |
Hoy sábado 29 de septiembre, a las 10:30 p.m., Señalcolombia pasará el documental 'Severá'.
Un documental realizado por Silvia María Hoyos y Adrián Franco, llamado Severá, cierra el Mes del cine colombiano en Señalcolombia y se podrá ver hoy sábado, a las 10:30 p.m.
El trasfondo es la masacre de Boyacá (Chocó), ocurrida el 2 de mayo del 2002, cuando murieron cerca de 90 personas cuando el grupo guerrillero de las Farc lanzó cilindros bomba a la iglesia de la localidad, a donde habían llegado sus habitantes que huían de la guerra entre los guerrilleros y los paramilitares de la zona.
Severá, sin embargo, no se enfoca en la tragedia como tal, sino en el hecho de que los sobrevivientes no pudieron enterrar a sus muertos con las prácticas ancestrales de sus comunidades negras.
Luego de la masacre, los muertos fueron tirados a una fosa común pues los combates, las constantes inundaciones en el pueblo y la descomposición de los cuerpos no permitió que los dolientes les hicieran el velorio a los adultos y el gualí a los niños. Este último es una ceremonia que, a través de cantos y juegos, permite al niño convertirse en un ángel que va para el cielo.
Mientras tanto, el velorio les asegura a los adultos, a través de alabaos interpretados por los dolientes, un descanso en paz y poder llegar al lugar en el que deben reposar sus almas.
Así las cosas, los sobrevivientes llevan una década tratando de asimilar no solo la tragedia sino el hecho de no respetar los rituales para sus muertos, por impedimentos de la vida.
Según Slvia Hoyos, una de las directoras de Severá, "nos interesó el eje del duelo porque no había antecedentes de una situación como esta en la que la guerra deja a una comunidad con una cultura tan arraigada como la negra, sin posibilidades de resolver un asunto tan importante para su vida, como son los rituales de la muerte".
En Severá, además, hay otros temas que se analizan, relacionados con el tejido cultural de la comunidad, como la transformación que sufren los sobrevivientes después de regresar a su pueblo, cuatro meses después de la tragedia, la demora del Gobierno para entregarles su nuevo sitio de residencia y el cambio drástico que tuvo su vida.


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