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Las gangas de Suramérica / Hablemos de vinos
Por: PATRICIO TAPIA | 4:52 a.m. | 23 de Enero del 2011
Uno de los atributos que el consumidor de vinos más agradecees la relación precio-calidad.
Esto es comprar bueno y barato. Y por lo general, que una botella tenga buena relación entre su costo y su calidad se refiere a vinos baratos en los que, paradójicamente, la calidad no es tan alta, pero al menos alcanza para alegrar por las pocas monedas que nos costó. Y ahí la disculpa: por ese precio, no puedo pedir más.
Pero que un vino sea un good value no se restringe a la base de la pirámide de precios. Hay vinos caros, bien caros, pero que entregan una gran calidad por lo que cuestan.
Pero dejemos de lado esos vinos caros, y concentrémonos en los de precios medios y en los baratos. Una fuente tradicional de vinos baratos y confiables ha sido históricamente Chile, sobre todo cuando se trata de tintos y, en especial, de cabernet sauvignon. Durante casi dos décadas, Chile se ha dedicado a entregar cabernet jugoso, simple, directo y a precios que a veces resultan francamente ridículos para lo que ofrecen.
Hoy, nosotros los chilenos queremos desprendernos de esa fama de productores de vinos simpáticos y baratos porque, según nuestra propia versión de las cosas, somos capaces de competir con los mejores tintos del mundo, así es que el esfuerzo que se hace por vender más caro es la más fuerte de las tendencias en el vino chileno. Sin embargo, Chile sigue siendo una fuente confiable de vinos baratos y buenos.
Otra gran fuente de calidad a bajo precio es Argentina, especialmente con el malbec. Si uno saca a ciegas una botella de la estantería, es probable que la mayoría de las veces acierte con un buen tinto.
De hecho, si ustedes quieren aprender de malbec, si quieren tomarle el pulso a este tipo de uva, yo que ustedes comenzaba por los precios módicos que, junto con carecer de la ambición (algo desbordada) de los más costosos, también carecen de excesos de madera y de sobremadurez; es decir, lo que obtienen por muy poco dinero es una fotografía de la uva transformada en vino, sin intermediarios.
Ahora, si les gustan los blancos, el sauvignon blanc chileno (especialmente el costero, de valles como Casablanca y San Antonio) y el torrontés argentino (de la zona de Salta, en el norte) son dos de las grandes alternativas a muchos blancos del mundo en lo que a precio se refiere.
Ambas cepas, además, tienen una fuerte personalidad ligada a las peculiares características de las zonas de las que provienen lo que, en términos simples, quiere decir que una vez que los prueban son difíciles de olvidar. Y todo por poco dinero.
PATRICIO TAPIA
Especial para EL TIEMPO

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