Gabriel Rondón / Opinión
Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM | 8:46 p.m. | 10 de Febrero del 2012
Por: Óscar Acevedo, Músico y crítico musical
Queda intacta la imagen del fallecido guitarrista colombiano Gabriel Rondón, siempre ataviado con sus elegantes sombreros Stetson, su porte serio y su delgada figura. Deja su amable huella en muchísimas grabaciones de música colombiana, innumerables conciertos de diversos estilos y en la actividad pedagógica que desarrolló durante sus últimos años en la Universidad El Bosque.Personajes como Francisco Zumaqué, Andrés Cepeda, Helenita Vargas y muchos otros protagonistas de la música en Colombia escogieron el talento de este guitarrista para enriquecer sus producciones y sus grandes momentos profesionales. Después de una temporada laboral en EE. UU. durante los años 70, regresó al país con su equipaje lleno de ideas y nunca paró de transmitirlas, dirigiendo su propia Big Band o en diversos cuartetos y quintetos de los cuales hizo parte.
Pero hay una valiosa labor que Gabriel no alcanzó a terminar: la edición de partituras de música colombiana que venía desarrollando con entusiasmo a través de largos años como arreglista e intérprete. Se le iluminaban los ojos cuando hablaba de este proyecto, pues había producido con impecable caligrafía más de ochenta guías melódicas para editar un cancionero de versiones simplificadas del repertorio nacional más significativo.
Este tipo de publicaciones permite que el iniciado pueda tocar complejas armonías que acompañan temas memorables. Gracias a publicaciones similares, como Real Book, el repertorio americano y brasileño han trascendido a otras latitudes y se han convertido en tema de estudio de músicos en todo el planeta.
No temo equivocarme al afirmar que todos los intérpretes activos durante los últimos 40 años, en la escena bogotana, han utilizado con gusto las partituras manuscritas de Rondón, guías bien editadas que hacen más llevadera la lectura de esos complejos jeroglíficos que a veces pueden ser algunos pentagramas. De su trabajo como compositor quedan varios temas instrumentales como prueba de los primeros intentos de enriquecer el folclor nacional con elementos contemporáneos. La nostálgica cumbia de su autoría titulada Orecagua , estrenada en el Teatro Libre en 1989, refleja el nuevo rumbo que le aportó a la música colombiana. Se nos fue un grande.
acevemus@yahoo.com
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