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'Colombia me carga de energía': Adriana Varela

Domingo 11 de diciembre de 2016
Música y Libros

'Colombia me carga de energía': Adriana Varela

La cantante argentina está de regreso. La tanguera se presenta en Medellín y el sábado en Bogotá.

Por:  MARÍA PAULINA ORTIZ | 

Desde su primer concierto en Bogotá, en febrero del 2005, Adriana Varela ha mantenido una conexión especial con el público colombiano. Fotos: archivo particular

Foto: Archivo particular

Desde su primer concierto en Bogotá, en febrero del 2005, Adriana Varela ha mantenido una conexión especial con el público colombiano. Fotos: archivo particular

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La 1 y 30 de la tarde.

(3 y 30, hora argentina).

Adriana Varela pasa al teléfono, su voz ronca de siempre –no porque esté recién levantada, aunque lo está: es noctámbula por naturaleza–, y dice:

–Vos sabés que a Colombia voy sin pestañear. Te juro que cuando regreso estoy energéticamente distinta. Es el único lugar donde me pasa eso y espero que esta vez me suceda lo mismo. Yo a Colombia voy feliz.

Y eso que no le gusta viajar. Que su lugar preferido en el mundo es su ciudad.
Su barrio, su casa,
su habitación,
su cama.

Sin embargo: recuerda. Ella recuerda ese día de febrero del 2005 cuando se presentó por primera vez en Bogotá, en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional, y fue cosa de locos. Parecía más el concierto de una rockstar que de una cantante de tango. Desde entonces su relación con Colombia ha sido especial. Su estilo particular, su forma personal de interpretar y de pararse en el escenario, encajó perfecto en el gusto del público colombiano, tan seguidor del tango. Claro, no en todos: Adriana Varela no es monedita de oro, y así como muchos la siguen casi con devoción, otros prefieren el tango en una voz diferente. Ella lo sabe. Y no por eso anda corriendo por ahí en busca de aplausos.

Muchos años atrás, cuando todavía no empezaba su carrera en la música y estaba convencida de que su futuro iba a ser en un consultorio, ejerciendo de ocho a cinco su profesión de fonoaudióloga, un astrólogo que le hizo una carta astral le anunció: “Tú vas a cantar. Y te va a seguir la gente. Sobre todo los jóvenes”. Cómo le iba a creer. Cómo, si hasta ese momento no había cantando ni una sola vez ante el público y ya sumaba más de treinta años.

Sin embargo: sucedió. Pocos meses después de esa advertencia, el casete que un amigo le había grabado a escondidas (en el que cantaba un par de temas roqueros) llegó a manos de un presentador de televisión que la invitó a cantar en su programa semanal. Era 1988. Adriana aceptó, fue e interpretó algunas canciones. No todas eran tangos (aunque sí pidió que en la orquesta de planta del programa la acompañara un bandoneón. Intuición, dirían algunos). Así empezó su vida en la música.

(Lea también: Mariano Mores, el hombre que fue tango)

–Después de tantos años de cantar tango, acaba de grabar un disco de otro género. ¿Cómo fue esto?

–Es un homenaje a mis pares, ya que con el tango he homenajeado tanto a mis ancestros. Lo grabé por puro gusto personal. Incluí canciones de Los Redondos, de Miguel Abuelo, de Charly García, de Fito Páez... Fito canta conmigo un tema, lo mismo Pedro Aznar, con quien interpreto un tema italiano que sabía desde niña. Al principio me sentí muy asustada. Les pedí a mis hijos, Rafael y Julia, que por favor me dirigieran y me acompañaran porque, bueno, después de tanto tango quedás como encrispada. Tenía que relajarme un poco. Y eso que yo empecé a cantar con ese tipo de temas, solo que después no los volví a interpretar. Creo que el disco se va a llamar Avellaneda, porque son los autores que admiraba en mis veinte años, cuando todavía vivía allá y no en la capital. Es increíble: parece que siempre voy a contrapelo. Cuando nadie cantaba tango en los noventa, yo grababa tango. Ahora que todos cantan tango, saco un disco de rock. Pero está bueno eso: es un reto.

Avellaneda verá la luz el próximo año. Por lo pronto, Adriana Varela sigue recorriendo los escenarios con el tango.

Con su trío habitual –Marcelo Macri en el piano, Horacio Avilano en la guitarra, Walter Castro en el bandoneón– o solo en compañía del piano, que fue como hizo su disco más reciente, llamado precisamente así: Adriana Varela y Piano, que fue grabado en vivo en Punta del Este y resultó merecedor de un Premio Gardel 2015 como mejor álbum.

Los tangos que ella ha interpretado desde el comienzo de su carrera han estado alejados del catálogo de tango for export, es decir, de esos temas trillados que no pueden faltar en un recital para el turista que llega a Buenos Aires afanado por cumplir con todos los clichés. En vez de cantar Uno, por ejemplo, ella elige Ventarrón. En lugar de Cambalache, se va por Duelo criollo. Sin embargo: hay excepciones. En su reciente producción con solo piano, incluyó tangos nuevos para su voz. Entre ellos, uno muy conocido: Por una cabeza.

–Cantar ese tango fue un desafío muy copado –dice–. Yo lo había grabado con Diego El Cigala, en una producción suya. En esa ocasión él me pidió que lo cantara bien suave. Pero después, sola, ya para mi disco, quise hacerlo de manera bien tanguera.

–¿Y cómo se sintió con solo piano como compañía?

–Es algo más íntimo. Conceptualmente más ‘jazzero’. Lo digo porque, así como en el jazz, se improvisa mucho. Con Marcelo, mi pianista, que toca como los dioses, improvisamos todo el tiempo. Nada de ensayo. Es interesante escuchar un solo instrumento. Oír solo piano y voz.

Los acompañamientos de Adriana Varela han cambiado a lo largo de sus casi treinta años de vida musical. Ella se mueve. Cambia. Busca. Porque le gustan los retos. En 1995 grabó un disco solo con inéditos de Enrique Cadícamo; después se fue hacia el lado milonguero y del candombe uruguayo en una producción con Jaime Roos; más adelante grabó Más tango, acompañada de maestros como Rodolfo Mederos y Leopoldo Federico, luego armó un quinteto de guitarras para su álbum Docke (2009). Su hijo mayor, Rafael, fue uno de los guitarristas. No por asuntos de preferencia materna (aunque podría haber sido, por qué no). Ella no lo eligió: fue una decisión de su primera guitarra, Horacio Avilano, que vio en el chico el talento necesario para formar parte del grupo.

Tanto Rafael como Julia, sus dos hijos, fueron testigos desde niños del camino que su mamá empezó a recorrer en el tango. Separada de su esposo, el extenista Hugo Varela, Adriana los llevaba consigo donde tuviera que cantar.

Vivieron a su lado las angustias del comienzo, cuando ella era la voz suplente en pequeños bares de Buenos Aires, con poco dinero en el bolsillo, y también las alegrías cuando llegó el éxito.

(Lea también: Las voces del tango vibran en el Málaga)

–Ahora ambos, Rafael y Julia, son músicos. ¿Cómo se siente con eso?

–Rafael está produciendo discos de mucha gente y tocando tango, haciendo sus canciones. Mi hija también está haciendo su propio disco, con sus temas. Sí: han salido músicos, no tenistas. Mira que para mí eso es algo como natural. La música en mi casa, y en la vida de nosotros, es como el agua, ¿entendés? Es como abrir una canilla. Lo que sí te digo es que hace poco que los vi, un par de semanas atrás, me sorprendí fuertemente. Hacía rato que nos los veía y sentí que estaba frente a dos profesionales, por separado. Noté que ambos están muy dueños de su obra. Y fue fuerte. Fue algo entre orgullo y sorpresa. Mucha sorpresa.

***

En la casa donde nació Adriana Varela, en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, no se oía tango con frecuencia. Sin embargo: siempre había música. Su papá prefería el jazz, su mamá se iba por voces como la de Jacques Brel o la de Edith Piaf (aunque también cantaba a coro con los vinilos de Libertad Lamarque). Lo de Adriana era el rock. Como todo adolescente que crecía en los años sesenta. Después, ya en la universidad, le sumó la trova cubana, Charly García, Luis Alberto Spinetta. Todo menos tango, que para ese momento era música de gente anticuada vestida con lentejuelas. Si bien no militó de forma directa en ningún partido, mantuvo una postura activa en contra de la dictadura militar y en pro de los movimientos estudiantiles que la enfrentaban. Desde entonces hasta hoy, la política ha sido parte de sus intereses. Varela no es de los artistas que esconden su ideología por temor a perder seguidores que no coincidan con sus pensamientos. Ha defendido de forma clara el gobierno de la expresidenta Cristina Kirchner y criticado con vehemencia el de Mauricio Macri.

–Ahora mismo estoy mirando una sesión de diputados que transmiten por televisión. (La tengo en mute mientras hablamos) –cuenta Adriana–. Ando conectada con esta dura realidad en la que están pasando cosas bastante peligrosas. Estamos con el tema de la xenofobia con paraguayos, colombianos, bolivianos... Hay un discurso presidencial muy xenófobo. Y es vergonzante. Pero esa es solo una de las cosas que pasan. Antes estábamos creciendo y habíamos logrado mantener una especie de paz económica. Con cosas por mejorar, sí, pero trabajaban en eso. Ahora de nuevo estamos endeudados. Otra vez reina esta suerte de neoliberalismo en el que la humanidad no cuenta. Es la timba financiera, te lo digo en criollo. Es jugar a las cartas. Y no se sabe qué va a pasar. Otra vez hay gente durmiendo en la calle, hay persecuciones, hay presos políticos. Es muy triste.

(Lea también: Documental sobre famosa pareja de tango)

–Algo le pasa al mundo en este momento, ¿no le parece?

–Si tuviera que hablarte como una mística, como una loquita, te diría que ha bajado el anticristo a este planeta. Algo de eso hay. Lo de ustedes, por ejemplo, con el triunfo del No en octubre, yo no lo podía creer. La victoria de Trump en Estados Unidos... Claro que eso sí es como cuando uno vota a un idiota porque de alguna manera también lo es. En Argentina pasó lo mismo. El idiota se identifica con otro idiota.

Adriana Varela se planta a dar sus opiniones políticas tan firme como lo hace en el escenario cuando va a cantar un tango. Los periodistas que la entrevistan saben que pueden preguntarle por Roberto Goyeneche o por Mauricio Macri, y sobre los dos dirá lo que piensa sin que le tiemble el pulso. “Si me llaman para hablar de música, hablaré de música. Si me llaman para hablar de política, hablaré de política –dice–. No soy una panfletaria, pero todos saben qué pienso y a quién apoyo. Ahora, lo hago con respeto. No insulto. En mi casa sí insulto, ¿eh? Pero socialmente no lo hago”.

Ella opina sobre lo que pasa. Sin embargo: se detiene. Porque vuelve la música. Vuelve el tango. Esta semana, en Medellín y Bogotá, cantará los clásicos de su repertorio. Vendrá con muchas ganas. Aunque tomar un avión le aburra y las horas de vuelo las tenga que pasar aliviada con una pastilla para dormir.

No importa.

A Colombia viene.

Sin dudarlo.

Sin pestañear.

En Medellín: Teatro Pablo Tobón Uribe, viernes 2 de diciembre, 8 p. m. En Bogotá: Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, sábado 3 de diciembre. 8 p. m.

MARÍA PAULINA ORTIZ
Directora de Lecturas

 

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