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Clara Rojas 'capitaliza' su dolor con su libro 'A prueba de fuego'

Por: FLOR NADYNE MILLÁN M. | 8:46 p.m. | 07 de Abril del 2011

'A prueba de fuego', segundo libro de Clara Rojas
Foto: Filiberto Pinzón / EL TIEMPO

Esta segunda publicación de Rojas se lanzará en el Club El Nogal, en Bogotá, el próximo 13 de abril.

El libro revela cómo ella asume en su vida una palabra que le resultó desconocida la primera vez que la escuchó, ya en libertad: resiliencia, esa capacidad de superar los momentos difíciles.

Seria y serena, al comienzo de la conversación resulta difícil creer que a Clara Rojas la apodaran 'Operación Ja-Ja' en su niñez, por su buen sentido del humor. Pero, roto el hielo de los primeros minutos, esta bogotana de apariencia tímida, demuestra que la sonrisa toca ahora con más frecuencia su alma. Es otra.

La abogada con máster en Ciencia Política que volvió a la libertad hace tres años, tras permanecer seis secuestrada por las Farc, muestra en su nuevo libro A prueba de fuego cómo capitalizar el dolor tras experiencias agobiantes como un secuestro, un desastre natural, la pérdida de un ser querido o quedarse sin empleo.

Este, su segundo libro, que se lanzará en el Club El Nogal el próximo 13 de abril, en Bogotá, revela la forma como Rojas asume en su vida una palabra que le resultó tan desconocida como curiosa la primera vez que la escuchó, ya en libertad: resiliencia, esa capacidad de superar los momentos adversos.

¿Se siente feliz?

Sí, porque estoy viviendo lo que quiero y con los que quiero. Estoy en mi país, disfruto de su comida, de su gente y estoy feliz de escribir. Eso genera satisfacción.

¿Afirmar que usted y su hijo ya no son víctimas hace parte de su proceso de resiliencia personal?

Sí, no me defino como una víctima porque he logrado un proceso de readaptación, tengo una vida normal, ya no me siento parte del problema sino de la solución. Para mí, hoy son muy importantes el presente y el futuro. Quien me ha hecho lograr esa conciencia vital ha sido mi hijo y el hecho de entender que lo pasado, pasó. Hoy, tengo un compromiso de vivir y pensar en el futuro con Emmanuel, por encima de todo.

Es normal sentirse vulnerable tras un secuestro. Usted, ¿cuándo se liberó de esa sensación?

Pasan meses hasta que uno puede responderse: 'Bueno, ya me siento, por fin, en mi casa y otra vez en mi propia ropa', por decirlo de alguna manera. Y yo lo viví en una oportunidad que tuvimos de pasar una temporada afuera. Recuerdo que un día madrugué y, parada frente al mar me dije: 'Qué delicia, ya no me duele nada, ya no me pesa nada. ¡Estoy libre por fin!' Esa sensación es maravillosa.

¿Emmanuel, su hijo, cómo le ha ayudado en ese proceso?

Ha sido una experiencia linda el haber vivido ese proceso de readaptación juntos, justamente por eso: él es totalmente desprevenido de lo que viene. Emmanuel me mantiene en el momento presente. Me da gran felicidad el ver cómo va en su colegio y que tenga una alegría muy particular. La irradia y la transmite. Es un entorno muy agradable el que estamos viviendo.

¿Él conserva recuerdos de los días del cautiverio?

Por fortuna, casi no, porque era un bebé. Lo positivo para Emmanuel, que cumplirá 7 años, es cuando vuelve y encuentra a su familia, a su casa, a su mamá. Yo creo que él se agarra de todas esas experiencias positivas y vive cada momento.

Siente que para Emmanuel ha sido sencilla esa readaptación...

Ahí viene el tema del vaso medio lleno y medio vacío. Él, cuando empezó a tener conciencia de niño, no tenía mamá ni familia, y un día, de pronto, le llegó todo. Es un niño que conoció el dolor pronto, pero eso le ha dado madurez y lo hace un ser que valora lo que tiene.

En 'A prueba de fuego' explica que, en los ambientes más hostiles, se puede mantener la capacidad de crecer sanamente. En la selva, ¿qué le ayudó?

El momento del baño me insuflaba una energía especial, porque recobraba el aliento para seguir adelante. Yo me sentía libre a pesar de las carencias totales. Ese momento estaba fuera de todo lo que estaba pasando, en particular cuando me dieron la oportunidad de bañarme en el río.

¿Por qué dice que es bueno agradecer, incluso, los malos momentos?

Con el secuestro revalué ciertas cosas. Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde Aunque antes tuve una experiencia laboral importante, ahora no está dentro de mis prioridades. Para algunas mujeres, de los 30 a los 40 años, eso es vital. Yo ya lo viví y eso me permite, gracias a esa habilidad adquirida, combinar ambas facetas, no descuidar a Emmanuel y estar tranquila con mi nueva vida.

En su proceso de readaptación a la normalidad, ¿qué costumbres que tenía ha cambiado?

Una de las cosas que más me impactaron fue el manejo del tiempo. En la selva tenía todo el tiempo del mundo, pero no todas las cosas que quería hacer. Entré en angustia existencial. Aquí (en la libertad), tienes mucho por hacer, pero no el tiempo suficiente. Y haber hecho tantos ayunos en cautiverio me fortalecieron la disciplina y el convencimiento. Lo que me motivaba era pedir por la libertad mía y la de mi niño. Hoy, la veo como una lección: para lograr lo que se quiere, se debe tener algo muy fuerte que te mueva a conseguirlo.

¿Por qué el objetivo principal de 'A prueba de fuego' es Emmanuel?

Por lo general, uno no se sienta a hablar de temas como la visión de la vida o actuar de una manera u otra con los hijos. Por ejemplo, mi padre murió y hubo muchas cosas que quise haberle preguntado. Lo que yo he vivido lo tengo fresco y me parece importante contarle a Emmanuel en este libro cómo lo estoy sintiendo y superando, porque, para mí, ese es el gran logro. Me parece vital que entienda que la vida tiene obstáculos y, tarde o temprano van a llegar, pero es su actitud para asumirlos lo que le permitirá seguir adelante.

Hablando de temas difíciles, en estos tres años ha cambiado respecto de hablar de la paternidad de su hijo...

Siento que hace parte de mi pasado y volver atrás no tiene sentido para mí. Me motivan más los temas del presente y del futuro y eso es lo que me permite seguir adelante, porque reconozco que hace parte de mi tranquilidad y mi salud mental.

Pero Emmanuel crece y así también su curiosidad. ¿Ha pensado en cuando llegue el momento en que le pregunte por su papá?

Soy consciente de que cada etapa tiene sus propias necesidades y sin duda él tendrá inquietudes sobre algunas situaciones que hemos pasado. Pero, él ya entiende que tiene o tuvo un papá biológico y que nuestra familia está conformada por él, Emmanuel, su abuela y yo. Y ve que sus compañeros del colegio tienen papá y mamá, otros son hijos de padres separados o viudos, en fin. Él ha visto la gama de posibilidades en una familia y que esa es la realidad.

¿Cómo siente que le ha ido de mamá y papá a la vez?

Me siento bien. A veces quisiera una pareja, como todo el mundo. El otro día estaba tomando café con unas amigas y una me dijo: 'Pero Clara, la ventaja suya es que no le toca estar negociando quién lleva al niño al colegio o a una piñata. Nosotras tenemos que ponernos de acuerdo con la pareja'. Me parece chistoso: esa es mi situación actual y yo la he asumido con todo el ímpetu.

Pero no se niega la posibilidad de vivir en pareja...

Es una ventana abierta, pero en los últimos tres años he afrontado situaciones, como la recuperación de la salud de Emmanuel, de mi mamá y la mía; el mismo hecho de empezar de cero y asumir una nueva actividad. Y se llega tan cansada a dormir, que se sabe que para estar con otra persona no es suficiente la disposición de corazón, sino compartir momentos. Eso llegará.

Cuando la secuestraron tenía 37 años. ¿Antes de eso quería ser mamá?

Como toda mujer, siempre, en el fondo de mi alma, pensé que en algún momento lo sería; pero, en nuestra generación la maternidad nos tocó en otra etapa. A mí, la vida profesional me absorbió mucho. Ahora, cuando ya tengo a mi hijo, me parece maravilloso. Obviamente, a veces es pesado porque tengo todo a mi cargo, pero si me pongo a pensar en eso, me quedo ahí.

¿Le guarda rencor a Íngrid Betancourt?

Una vez analizado su libro, entendí que cada cual vive determinada situación a su manera; eso no lo puedo cambiar. Y tampoco puedo depender del estado emocional de otra persona. Yo me dije: 'Bueno, después de todo lo que viví, ya tengo a mi hijo, estoy en mi casa con mi familia: yo puedo perdonar'. Es el granito de arena que uno pone por la paz que todos añoramos. La nuestra es una amistad que concluyó, buena, regular o mala, pero pasó. Ya es página pasada.

Flor Nadyne Millán M.
Redacción Carrusel

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