Tomás González habla de su último libro, 'La luz difícil'
Por: LILIANA MARTÍNEZ POLO CULTURA Y ENTRETENIMIENTO | 4:44 p.m. | 03 de Septiembre del 2011
El escritor hacer referencia al miedo de los autores a hablar de su inspiración autobiográfica.
La primera página de La luz difícil recrea una atmósfera cotidiana: unos esposos, con amigos en casa, pendientes de los dos hijos que viajan de Nueva York a Portland. De pronto, llega la frase que congela al lector, pues explica que en realidad todos están esperando la noticia de una muerte prevista: "A las 7 me despertó una punzada de angustia en el vientre por la muerte de mi hijo Jacobo, que habíamos programado para las 7 de la noche, hora de Portland, 10 de la noche en Nueva York".
A partir de ahí, la nueva novela del escritor antioqueño Tomás González -que saldrá a la venta el 11 de septiembre- se adentra en una historia de dolor familiar muy profundo, relatada con sutil belleza. La constante es la angustia de unos personajes que actúan como si no pasara nada.
"La idea era mostrar el dolor en su dimensión más profunda -explica el autor, de 61 años-: el más hondo descenso al infierno del dolor, pero también la forma como se redime. David, el personaje, narra la historia con una distancia de años (unos 18). Eso amortigua el dolor desgarrador que debió sentir cuando todo pasó".
Así, a los 78 años (en el 2018), casi ciego, lo que le impide pintar, pero no escribir, David recuerda las circunstancias que rodearon la muerte de su hijo mayor, Jacobo, que, víctima un accidente con secuelas insoportables, había decidido acabar con sus padecimientos.
"La forma sutil de contarlo tiene que ver con esa distancia en el tiempo -comenta González-. David sigue haciendo cosas al tiempo que sufre: habla con el vendedor, va al bar... Tal como lo describo, me ha pasado a mí. Sigo funcionando, pero envuelto en llamas. Todo parece normal, pero el dolor me acompaña".
Aun así, David es optimista frente la vida...
En cierto modo, es autobiográfico. Cuando he pasado por acontecimientos que me han causado tan profundísimo dolor, como la muerte de mis hermanos, he estado atento a cómo es. Se da uno cuenta de que en el mismo dolor está la liberación. Lo he visto en otros: cuanto más profundo sea el duelo, más libre y con más capacidad de disfrutar la vida queda la persona. Cuando mis hermanos fueron asesinados, mi mamá hizo un duelo que no te imaginas. Nunca he visto a alguien alcanzar esos límites de la pena. Y después de bajar a esas profundidades, volvió a ser feliz. Por ahí pasamos todos.
¿De dónde nació 'La luz difícil'?
Hay un personaje mío que está en todas las novelas, David. Es más o menos un álter ego. Siempre pensé en hacer un libro sobre David anciano. Después encontré la historia que me sirvió para darle forma novelada a su 'ancianitud'.
¿Así ve su propia vejez?
David es un señor de 78 años que escribe sobre él mismo cuando tenía 60. La idea primera esa: que el álter ego escribiera sobre mí cuando yo tenía 30 años menos. Ahora yo, como escritor, tengo 60 y escribo sobre el señor de 78.
Su primer libro lo escribió pensando en la muerte de su hermano. En este, lo autobiográfico sale a relucir desde el principio. Otros escritores se niegan a aceptarlo. ¿Por qué?
Yo no le veo misterio. Para mí fue fácil mostrar lo que es de mi vida, como el apartamento de Nueva York, donde viví, y lo cosí con una anécdota que encontré para formar la novela. Creo que los escritores son reacios a explicar todo eso, porque al mostrar las costuras les da miedo que se pierda la magia.
Usted vivió en EE. UU. casi dos décadas. ¿Por qué regresó?
Siempre quise volver. Pensaba irme por cinco años y pasaron 20. Nueva York me gustaba mucho y a Dora, mi esposa, también. Ella no quería devolverse y decidí no regresar hasta que los dos quisiéramos. A ella le dio esclerosis múltiple y la vida en Nueva York se volvió difícil. Conseguir enfermeras era caro, habríamos tenido que cambiar de apartamento. Resolvimos que lo mejor para cuidarla era volver. A pesar del motivo, a pesar de que haya sido por la enfermedad de ella, me sentí bien de volver.
Ahora asesora a estudiantes de la Maestría de Escrituras Creativas, de la Nacional. ¿Cómo ha sido esa experiencia?
Entiendo que es una manera de transmitir destrezas, como lo ha hecho la humanidad desde siempre: los zapateros enseñan a hacer zapatos a los aprendices. Lo veo así, es una manera como se acumula el conocimiento en lo que se refiere a la artesanía que es escribir.
Filosofía
La realidad de la novela
"Me gustaría enviar el mensaje -a sus alumnos de la Nacional- de que los escritores deben ser, ante todo, observadores directos de la vida y, solo en segundo plano, gente que manufactura cultura. Las obras deben nacer del contacto directo del escritor con la realidad dura y no del contacto del escritor con los libros. Como la gente que escribe es gente que lee, uno a veces siente que la literatura se deriva más de las lecturas que de las vivencias. No está mal, pero prefiero que la experiencia que dé nacimiento a la novela o al cuento venga de la realidad, no de modo indirecto. Esto es debatible, porque hay muy buenos escritores que son como recicladores culturales".
Su obra
Ejemplo de narrativa con sensibilidad poética
La crítica ha sido favorable con la obra de Tomás González, autor de 'Primero estaba el mar' (1983), 'Para antes del olvido' (1987), 'El rey del Honka-Monka', 'La historia de Horacio' y 'Los caballitos del diablo'. A la par del lanzamiento de 'La luz difícil', termina otra novela. Aunque en su narrativa se nota una sensibilidad poética, solamente ha escrito un libro de poesía: 'Manglares' (2007).
'La luz difícil'
$ 42.000
Sobre el título, su autor comenta: "Tiene el elemento místico de la búsqueda de la luz, la que David hace en el cuadro que pinta mientras espera la muerte de su hijo: tratar de que sombra y luz sean dos caras de una moneda. Esa es la luz difícil".
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