Monstruos en ciernes/Columna Opinión
Por: MAURICIO REINA |
No confundamos las cosas. Así como una película sobre Batman no es la causa de una masacre, Tenemos que hablar de Kevin no es un estudio clínico de los que cometen esas atrocidades. Lo que nos ofrece es un excelente retrato de lo que puede pasar cuando un embarazo no deseado deviene en un hijo mal querido, algo que sucede con frecuencia en Colombia, este paraíso de retrógrados que desconocen lo importante que puede ser un aborto oportuno bajo ciertas circunstancias.
En Tenemos que hablar de Kevin, Tilda Swinton representa a una mujer que queda embarazada contra su voluntad y, en lugar de abortar, decide dar a luz a regañadientes. A pesar de sus esfuerzos por dar una crianza adecuada, la madre no logra superar la sensación de que su vida se echó a perder con ese nacimiento. El niño tampoco supera esa situación de desamor y termina convertido en una especie de monstruo al que le gusta jugar con arco y flechas.
La película funciona muy bien a pesar sus obviedades. Los simbolismos de la casa familiar desolada y el mobiliario frío rayan en el lugar común, y el sempiterno ceño fruncido del hijo le resta verosimilitud a la historia. Pero esta falta de sutileza se supera gracias a la inmensa actuación de Tilda Swinton, quien ofrece uno de los mejores papales de su carrera, y de John C. Reilly, quien representa a las personas corrientes que no ven las barbaridades que se cuecen frente a sus ojos. Por ejemplo, que uno de cada tres niños que nacen en Colombia no sea deseado por sus padres. Qué semillas...
Calificación
Cuatro estrellas
'Tenemos que hablar de Kevin'Dirección: Lynne Ramsay.
Con: Tilda Swinton, John C. Reilly, Ezra Miller.
Género: Drama, 'thriller'.
Clasificación: 15 años.
Mauricio Reina
Crítico de cine


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