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Réquiem por el Salón Cano / Crítica Mínima

Por: RICARDO ARCOS-PALMA | 6:47 p.m. | 10 de Abril del 2011

La relación entre los museos de arte universitario y la academia tienen una larga tradición.

Los museos de arte universitario han tenido una larga tradición, por obvias razones, con la academia; tal es el caso del Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia, que, desde su creación en 1973, ha tenido una estrecha relación con la Escuela de Artes Plásticas de la misma institución.

Fruto de esta íntima relación han surgido los programas pedagógicos de formación de públicos (talleres, seminarios, escuela de guías), que han generado programas académicos como la Especialización de Educación Artística Integral y la Maestría en Museología; también de este diálogo se desprende el cuidado de la colección de arte (compuesta por obras de los años 70 y la colección Pizano, Patrimonio de la Nación), así como un Salón de Arte para estudiantes, que tenía hasta hace poco el nombre de un ilustre maestro quien fue vicerrector de la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1913: Francisco Antonio Cano.

Todos estos aspectos hoy han desaparecido por una rápida transformación administrativa del Museo de Arte Universitario en una verdadera galería comercial. El Salón Cano ahora será reemplazado por el Laboratorio Cano.

Esto es entendible, dentro de la lógica de mercadeo, pues un salón de estudiantes, que ocupaba antes un espacio y tiempo considerables de exposición, hoy debe dejar el espacio libre para un artista internacional, que se expone en clara coincidencia con una de las ferias más importantes de arte en Colombia: ArtBo.

Extraña transformación de un espacio académico donde no se mostraban obras de arte, sino más bien procesos pedagógicos; hoy, el tradicional Salón Cano tiende a quedar en el olvido, pero esto, que parece no molestar a nadie, es lo propio de un país como el nuestro, donde la memoria cultural e histórica parece no tener ningún valor para quienes administran la cultura.

Este espacio académico, que era el último lugar visible donde el Museo de Arte podía aún tener alguna relación con la Escuela de Artes, ha muerto; pero no de muerte natural, sino porque lo han desaparecido.

Y frente a esta 'desaparición forzada' de uno de los espacios académicos más importantes del país -donde se destacaron estudiantes que hoy son artistas con un renombre internacional como Miler Lagos, Wilson Díaz y Alberto Baraya, por no citar sino algunos- reina la más grande indolencia.

RICARDO ARCOS-PALMA
Crítico de artes plásticas

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