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Obras de Carlos Cruz-Díez se exponen en la galería La Cometa de Bogotá

Por: PAOLA VILLAMARÍN | 3:05 p.m. |

Carlos Cruz-Díez

Carlos Cruz-Díez es uno de los precursores del arte cinético.

Foto: Archivo Particular

Para que se revelen ante los ojos las obras de Carlos Cruz-Díez hay que moverse de un lado a otro.

Las obras hay que recorrerlas. Solo así se puede entender por qué este venezolano que vive hace 50 años en París es uno de los precursores del arte cinético (el que tiene movimiento o parece tenerlo).

A Cruz-Díez no le interesan los espectadores pasivos: "En las obras de nosotros (los cinéticos), la gente tiene que participar; si no lo hace, el trabajo muere", dice desde Houston, a pocos días de viajar a Bogotá para abrir su muestra  Circunstancia y ambigüedad del color , en la galería La Cometa.

¿Cómo dejó el arte figurativo?

Para mi generación, el artista tenía que dar testimonio de lo que estaba ante sus ojos; es decir, de los problemas sociales, que todavía siguen presentes en Venezuela. Creíamos que un cuadro podía dar soluciones, pero lo que sucedía era que, al cabo de un tiempo, los cuadros se vendían muy bien y no pasaba nada con la denuncia. Entonces pensamos: 'O estamos equivocados o haciendo el papel de payasos'. Pensé en cómo mantener la unión entre el interés social y el arte, y llegué a la idea de que la gente participara activamente en las obras.

¿Cómo descubrió su norte?

Me aburría pintar en una tela. En medio de la falta de información de la época y de la ignorancia, sentía que había que hacerlo distinto. Me tomó mucho tiempo tomar conciencia y tener la información suficiente para emprender una aventura lógica y racional como la que hice. Descubrí que no se trataba de pintar bien, sino de inventar la pintura, como hicieron los grandes. Encontré el mundo del color, al que nunca se le había dado la importancia que yo le he querido dar. El espacio está coloreado, lo que pasa es que nosotros no vemos sino la forma. 

¿Dónde está la emoción en sus obras?

En el color, que es profundamente afectivo. Mi trabajo es totalmente racional: hago todas las posibilidades combinatorias del color y a veces no me gustan, pero a la gente sí. ¿Por qué? Porque le he tocado su afectividad. No hay lógica en que le guste a uno un color o no. Uno escoge un color por ascesis. Mis obras tienen como soporte el afecto.

El movimiento de la obra surge también del que mira. ¿Cómo llegó a ese concepto?

Es una larga reflexión. La pintura siempre tiende a salirse del soporte. En lugar de sugerir el movimiento, el espacio y el tiempo sobre un soporte estático y permanente, hicimos obras que se desarrollaban, como la realidad misma, en el espacio. Por eso soy un pintor realista. Los paisajistas hacen una transposición de una realidad. En cambio, nuestros cuadros son hechos reales, en ellos está sucediendo una transformación continua de ese soporte.

¿Cuándo ingresó en su vida y en su trabajo el computador?

Ojalá lo hubiera tenido en los 40. Siempre he estado atento a utilizar lo interesante para enriquecer mi discurso. Mi trabajo es muy sistemático y tiene que ser perfecto. Si hay defecto, sería más importante el defecto que el efecto.

Su trabajo está relacionado con la ciencia. ¿Conocía el tema?

Como me propuse inventar un discurso nuevo, tuve que inventarlo todo: el alfabeto, la sintaxis y la gramática. La ciencia y la tecnología han sido viejos cómplices del arte. La tecnología no es una cosa accesoria. Estoy vivo gracias a ella. Estoy muy feliz de vivir en esta época porque el conocimiento sobre el universo y las cosas es mucho mayor que cuando yo era adolescente.

¿En qué le ayuda la tecnología?

A enriquecer mi discurso. Antes, todas mis obras eran como las de un músico: imaginaba una especie de partitura y el resultado estaba en mi cabeza, pero no podía verlo. Era un soporte muy complicado y sólo sabía si estaba bien cuando lo terminaba. Con el computador puedo ver cuál será el final de la obra porque la puedo reconstruir virtualmente.

¿Qué le falta hacer?

Uno siempre siente que su discurso está incompleto porque siempre busca cosas nuevas para aplicarlas a la obra. En pocos días se va a conseguir por Internet una obra mía llamada 'Experiencia cromática aleatoria e interactiva'. Es un software que permite fabricar un Cruz-Diez y ponerlo como fondo de pantalla. Puede firmarse como 'Cruz-Diez interpretado por...'. Es una manera de comunicar todavía más la emoción del color.

PAOLA VILLAMARÍN

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