Algunos de los documentos que llegan a la impresora ni siquiera deberían pasar por un dispositivo de acceso público, con cientos de usuarios potenciales.
Jaime E. Dueñas M.
jaidue@eltiempo.com.co
En días pasados recibí un mensaje en la oficina que me invitaba a ahorrar papel haciendo un mejor uso de las opciones de impresión que tenemos en la empresa.
Nunca he tenido la conciencia ecológica muy alborotada -lo que no quiere decir que tenga una conciencia antiecológica-, pero me llamó la atención la cantidad de respuestas con aportes que comenzó a circular.
Imprimir por las dos caras de la hoja, imprimir varias páginas en una misma cara cuando sea posible, imprimir solamente las páginas que se necesitan de un documento largo, imprimir en modo de borrador... recoger el material que se manda a la impresora...
Esa última recomendación me llamó la atención... ¿Cómo es posible que uno mande a imprimir un documento y no lo recoja? Alguien mencionaba que la impresora le quedaba muy lejos del puesto de trabajo y por eso se le olvidaba ir por las copias.
Tenía muchas ganas de responder ese mensaje, pero tomé aire y conté hasta 10, por lo que hoy tengo un enemigo menos en la oficina (creo). Pero la verdad es que no entendí la relación entre necesidad y distancia como excusa para desperdiciar papel. Si yo mando a imprimir un documento es porque necesito las copias físicas; si no voy por ellas, es simplemente porque no las necesitaba, entonces ni siquiera he debido tomarme la molestia de mandarlas a la impresora.
Claro... nunca faltará la ocasión en que, llegando a casa, uno se golpee la cabeza y diga: "¡Miércoles, las copias!". Pero esa no puede ser la norma... Si la distancia hiciera olvidar las necesidades, los fabricantes de pañales tendrían ingresos extra.
El asunto es que desde ese día he intentado ser más cuidadoso con el uso del papel, incluso en mi casa... pero desde entonces también me fijo un poco más en lo que hay en la impresora de la oficina cuando voy a recoger mis copias, como, por ejemplo, ver qué tipo de documentos son los que no se recogen.
Y la verdad es que -a mi juicio muy personal- algunos de los documentos que llegan a la impresora ni siquiera deberían pasar por un dispositivo de acceso público, con cientos de usuarios potenciales. Ni siquiera si el hecho de no recogerlos no pasa de ser una simple demora que no llega al completo olvido.
Hace poco, durante una charla informal con mis compañeros de trabajo, alguien comentó que el material que se encuentra en las impresoras de la empresa es digno de una tesis de grado sobre el papel de estas máquinas en la comunicación organizacional o algo así... Y es cierto: a veces parecen más efectivas que las carteleras del departamento de Recursos Humanos y en algunas ocasiones se encuentran en ellas cosas muy interesantes.
Eso sin contar los documentos que parecen personales, que seguramente se deberían imprimir en la casa y no en la oficina. Aunque no puedo juzgar: cuando uno trabaja entre periodistas puede encontrar en la impresora cualquier cosa que forme parte de una investigación o de un informe sobre cualquier tema que se pueda cruzar por la mente, y que a pesar de su apariencia personal no lo sea.
De regreso al tema inicial, confesé que no tengo la conciencia ecológica muy alborotada, porque honestamente nunca he hecho el ejercicio de calcular cuántos árboles deben talarse para satisfacer mis necesidades de impresión ni nada por el estilo.
Sin embargo, más por tacañería que por tener un corazón verde, suelo imprimir en modo de borrador y en más de una ocasión imprimo más de una página por cara, de manera que 100 hojas se pueden convertir al menos en 50. Si el documento es un texto o tiene gráficas para leer, creo que sacarlo más pequeño es una exageración.
Me parece que los fabricantes de impresoras harían una muy buena labor si pusieran todas estas 'opciones ecológicas' en la pantalla inicial de sus controladores de impresión, pues en algunas ocasiones es necesario meterse en diferentes pestañas o en configuraciones no muy visibles para activar las posibilidades de ahorro de papel y de tinta.
Y ni qué decir de los usuarios, que a veces se conforman con imprimir y aceptar, sin fijarse si de las 150 páginas del documento solamente 20 son útiles o si existe la posibilidad de hacer copias más ecológicas o, al menos, más económicas. O aquellos que mandan a imprimir sin necesidad, esos que no recogen las copias y ni siquiera se lamentan cuando llegan a la casa porque no lo hicieron, porque ni siquiera se acuerdan del papel que desperidiciaron...
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