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En el año que termina, científicos iniciaron la búsqueda del origen del mundo

Una máquina enorme dispuesta bajo tierra se prendió este año para hacer chocar partículas a una velocidad cercana a la de la luz y reproducir las condiciones que se dieron en el origen del universo.

Hasta allá llegaron 21 físicos e ingenieros colombianos que contribuyen a entender cómo se formó el mundo en el que vivimos hoy.

Más de 15 años duró el desarrollo y construcción de un enorme túnel subterráneo ubicado en la frontera entre Francia y Suiza, y en cuyo interior circula una especie de chorros energéticos para chocar a una velocidad cercana a la de la luz.

Es el acelerador de partículas del Laboratorio Europeo de Altas Energías (Cern), catalogado por expertos internacionales como el experimento más importante de los últimos tiempos.

Con su entrada en operación, en septiembre pasado, físicos e ingenieros pretenden desentrañar los misterios más grandes del universo, que provienen, irónicamente, de la más mínima expresión de la materia: las partículas subatómicas.

Y pese a que el gran colisionador, denominado LHC por sus siglas en inglés, presentó una falla solo diez días después del arranque, su propósito sigue en pie y los más de 10 mil colaboradores del mundo que participan en su mantenimiento y operación continúan trabajando en forma.

La máquina genera energías similares a las que tenía el universo en su origen, hace 13 mil millones de años, para ayudar a entender las formas que dieron origen al universo que conocemos hoy.

Lo que buscan los científicos es, en últimas, verificar sus teorías sobre los mecanismos de generación de la masa de las partículas elementales. "Sabemos de qué estamos hechos, pero no entendemos por qué", dice Marta Losada, directora regional de la Escuela Cern Latinoamérica de Altas Energías.

La representación criolla

Con ella, son 21 colombianos los que hacen parte del gran experimento como miembros de grupos de investigación en Física de altas energías.

Diez pertenecen a la Universidad de los Andes; ocho, a la Universidad Antonio Nariño y tres más representan a universidades extranjeras. Los primeros lograron su participación en el 2006 y los segundos, el año pasado.

Aunque todos trabajan en el mismo sentido, cada grupo pertenece a un área diferente del experimento, dividido en cuatro grandes máquinas detectoras que se encargan de recoger la información producida por los choques de protones dentro del acelerador, un anillo de 27 kilómetros de circunferencia situado a 100 metros bajo la tierra.

Los investigadores de los Andes participaron en las pruebas de ensamblaje y respuesta de las unidades que conforman el detector CMS, una máquina de 12 mil toneladas de peso, compuesta por cuatro subdetectores.

Uno de ellos registra la presencia de muones, partículas que podrían describirse como las "hermanitas gordas de los electrones", según Juan Carlos Sanabria, profesor del Departamento de Física de la universidad, que aprovecha un año sabático para realizar sus aportes en el Cern.

Y es en ese subdetector donde más prestan sus servicios los uniandinos. Ellos desarrollaron un software para monitorear el sistema de detección de muones de forma que cualquier nuevo miembro del experimento esté en capacidad de hacerlo aunque no conozca mucho sobre ese sistema, puesto que en el Cern reciben continuamente nuevos colaboradores internacionales.

Los investigadores de los Andes colaboran además en el desarrollo de otro programa que ayuda a reconstruir la información que arrojan los choques de protones para los que está programado el LHC.

De acuerdo con Sanabria, el software convierte la información cruda, que viene en unos y ceros, a datos tangibles", capaces de transmitir un significado concreto a los científicos.

Pero eso en realidad hace parte de una especie de "servicio social" que deben prestar quienes participan en el Cern, que por otro lado se dedican a realizar sus investigaciones.

En esa situación están en este momento dos estudiantes de doctorado que concentran sus esfuerzos en analizar la posible existencia de nuevas partículas, algo para lo cual también trabajan los físicos asociados al grupo de investigación de la Universidad Antonio Nariño (UAN).

Ellos lo hacen, sin embargo, desde Atlas, otro de los cuatro detectores del gran colisionador en el que buscan además la comprobación de la existencia de una partícula denominada el bosón de Higgs, que completaría la teoría del modelo estándar con que los físicos explican la naturaleza de la materia y por ende, la formación del universo.

El grupo de la UAN participa también en los estudios de desempeño,una sección de Atlas que detecta los electrones y los fotones producidos en las colisiones. Este trabajo es fundamental para establecer qué eventos merecen un análisis físico posterior y cuáles se deben descartar.

Ambos detectores, tanto CMS como Atlas, fueron diseñados con objetivos similares, de forma que garantizaran la eficacia de los hallazgos. "Si el Higgs se detecta en sólo uno de ellos, no podríamos dar por cierta su existencia", dice Julián Rodríguez, quien realiza actualmente sus estudios de doctorado en el Cern y se encarga justamente de seguir de cerca el rastro de dicha partícula, que, se dice, le reportará el Premio Nobel a quien logre demostrar que es real.

Las cifras del LHC

  • El colisionador generará casi mil millones de colisiones de protones por segundo.
  • En la superficie, 3.000 computadores analizarán un centenar de colisiones por segundo.
  • El túnel es la mayor nevera del mundo, con una temperatura de hasta -271 grados.
  • En 10 horas de funcionamiento, el haz de protones recorrerá una distancia equivalente a ir y volver de la Tierra a Neptuno.
  • A una intensidad máxima, cada haz desprenderá la misma energía que un carro a 1.600 km por hora.
  • El LHC gastará hasta 120 megavatios de corriente, el equivalente al consumo en la región de Ginebra.
  • En el experimento se han invertido unos 4 mil millones de euros, un tercio de los cuales se han empleado en salarios de ingenieros y físicos.

CAROLINA LANCHEROS
REDACTORA DE VIDA DE HOY

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