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Jair Romero, su historia de dolor antes de interpretar al 'Joe'

Por: RONALD MAYORGA | 10:17 p.m. | 15 de Junio del 2011

El actor tuvo que pasar muchas necesidades y ahora hasta podrá actuar con una chica Almodóvar.

Jair Romero, el guajiro de 29 años que da vida al Joe Arroyo en la novela, nos contó su propia leyenda. Antes de la fama vivió varias semanas engañando el hambre con una comida diaria por falta de dinero y hasta durmió en el suelo para comenzar jornadas de trabajo a las cuatro de la mañana. Esta es la historia del dueño del rating en Colombia, el mismo que en pocas semanas comenzará a grabar una película al lado de Carmen Maura, una de las divas del director de cine Pedro Almodóvar.

Hay una imagen a la que Jair se ha adelantado y que viene recurrentemente a él: la de su llegada el próximo año al Carnaval de Barranquilla. En febrero de 2012 pisará la ciudad convertido en Álvaro José Arroyo, el hijo consentido de la capital del Atlántico. Jair sueña con ese momento como un gran regalo, pues siente que a Barranquilla le debe buena parte de su vida, aunque allá fue a parar por culpa de su indisciplina en el colegio: "Mi papá me envió como castigo, porque mi abuela era la de la mano dura, y yo andaba portándome mal en Riohacha. Ahí fue donde conocí al Joe, pues estudiaba justo al frente de su casa. En Barranquilla afiancé mi amor por la música".

En su casa de La Diez, el popular sector de Riohacha y junto a la poeta Marbeluz Choles y el periodista Jair Romero, sus padres, Jair conoció el arte: "Mi madre tiene una voz hermosa y nos leía sus poesías. Mi papá siempre tenía historias para contar". Pero pensó que de eso no podría vivir, por eso intentó estudiar varias cosas antes de ponerse a actuar: "Estudié una carrera técnica de ensamble de computadores, aunque odiaba las tecnologías, también hice un semestre de contaduría. Un día, por casualidad, me enteré de que el Fondo Mixto de Cultura, liderado por Zoraida Salcedo, iba a dictar talleres de actuación y los mejores estudiantes serían becados para estudiar en la Academia de Ronald Ayazo, en Bogotá. Me inscribí y me gané la beca".


Lo que vino de ahí en adelante fue un solo sacrificio: "Llegué con una maleta vieja, con mi vida ahí guardada. Me recibió un amigo profesor y nos fuimos a buscar un cupo universitario. Justo a la vuelta me encontré con la casa de un samario. Mi mamá, como podía, me mandaba para pagar el cuarto y empecé a buscar trabajos".

Y trabajos fue lo que pasó, para poder vivir. El mismo dueño de aquella casa donde vivía le propuso ser asistente de cocina en un sitio de eventos a las afueras de Bogotá: "Me iba la noche anterior, porque a las cuatro de la madrugada nos teníamos que levantar a limpiar todo, a arreglar el sitio, lavaba platos y para completar el frío nos alborotaba el hambre. El jefe nos advertía que si íbamos a comer algo de lo que dejara la gente, lo hiciéramos a escondidas".


Fueron tiempos difíciles, si le agregamos que para esa época nació Valentina, su primera hija: "No podía dejar morir de hambre a mi hija. Nos movíamos de pensión en pensión o en casas de amigos. Un día pasó un vendedor de guitarras a crédito y compré una con quince mil pesos que tenía en el bolsillo. Le pagaba el resto con cuotas cada dos días".


Su vida estaba en los buses de Bogotá, en las avenidas más importantes de la ciudad y en manos de la gente que generosamente quisiera entregarle una moneda, después de escuchar su versión de Tu fórmula de amor, de Cheo Feliciano: "Una vez me subí con una amiga y nos hicimos como treinta mil. Teníamos mucha hambre, porque llevábamos dos semanas comiendo una vez al día. Nos fuimos a celebrar y cada uno se pidió una bandeja paisa, al final nos demoramos más contando todas las monedas con las que pagamos que comiendo".


Ni salsa, ni fama, ni nada. Lo único con lo que convivía hace unos pocos años era con la calle. Su lucha era contra sus propios miedos y la fuerza la encontraba cada vez que volvía a casa y veía a Valentina, su pequeña hija: "Siempre tenía que reventar plata de donde no hubiera, por eso me metía a cuanto programa de TV había. Terminé en Sábado espectacular, en el Desafío -aunque me fue mal, porque me eliminaron de primero-. Todo era una oportunidad. No le tuve miedo a nada".

Ni siquiera a la mirada inquisidora que recibió el día en que le ofrecieron ser modelo. Clasificó para algunas campañas y desfiles, pero poco a poco se dio cuenta de que aquel mundo no era el suyo. Volvió a La Guajira para trabajar como profesor, pero al poco tiempo sintió que Riohacha ya era muy pequeña para sus ganas: "Me divorcié y volví a Bogotá pero fue complicado. Tuve que cargar bultos, era un trabajo mal pago, sin protección auditiva, en medio de unos molinos gigantes; no me alcanzaba ni para mi propia comida. Fue el momento más duro. Ese mismo año murió mi padre, pero al tiempo me presentaron a mi mánager (Deisy Marroquín) y empezaron a salir unos papeles, pequeñas participaciones, trabajaba en bares, hasta que llegó el casting para El Joe".


Sin embargo, la batalla con el personaje no fue fácil pues en el camino tuvo que vencer a varios rivales de peso, entre ellos al hijo del Joe, quien llevaba meses preparando su camino para interpretar en televisión a su propio padre: "Fue Herney Luna, el director, quien creyó en mí y me ayudó a dar la pelea; fue él quien me asesoró para hacer este personaje. A mí la música me sale del alma, pero necesito guías. Herney pulió mis gestos y el tono de voz. Fueron meses intensos, trabajando día y noche a su lado para tener al Joe que la gente ve al aire. A Herney Luna le debo mucho".

Pero ahora no solo le debe al director, también le debe al 'Joe' el gran motivo de su felicidad. Durante las grabaciones Jair conoció a Yeimy Paola Vargas, la bella ex reina cartagenera, su nuevo amor: "Me enamoré. A medida que pasó el tiempo empezaron a pasar cosas y terminamos juntos, pero lo que no es cierto es que nos vayamos a casar, aunque no descartamos la posibilidad. Después de haber vivido tantas cosas uno quiere estar estable a nivel sentimental".


Los días difíciles están en el pasado, pero no se han olvidado. Esa, asegura Jair, es la única manera de entender todo lo que le ha ocurrido. Es por esa misma razón que no tiene problema en llegar en bus a una cita con la prensa, en usar Transmilenio para llegar a su casa -para sorpresa de quienes se lo encuentran-, o en asumir con toda naturalidad que ya tiene un papel asegurado en Sofía y el terco, la cinta que se rodará en Colombia y que será protagonizada por la ganadora del Goya Carmen Maura, una de las consentidas de Pedro Almodóvar y Francis Ford Coppola. Esa es su manera de cumplir con el pacto que hizo con una amiga hace unos meses: No permitir que el reconocimiento y el éxito lo hagan olvidar las batallas que libró para poder ser el rey del rating en Colombia.


 

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