Foto: Jaime García/ EL TIEMPO
Algunos ciudadanos se quejaron de la falta de fotografías en los tarjetones, lo que no les permitió identificar fácilmente a su candidato.
Al mediodía de ayer, en Bogotá, miles de votantes se tostaban bajo el sol mientras formaban filas a la entrada de Corferias, el punto de votación más grande de la ciudad.
Las hileras de hombres y mujeres eran de una cuadra, pero fluían rápido. El sector estaba cerrado varias manzanas a la redonda y antes de pasar por una rápida requisa, había puestos de información -con filas lentas de media cuadra- para que los que no sabían averiguaran en qué mesa votar.
Lo que muchos no sabían era que para ejercer bien su derecho había que haber hecho 'la tarea', que consistía en saber el número del candidato preferido, el partido al que pertenecía y si se postulaba para el Senado o la Cámara, o el Parlamento Andino.
También, si el partido de su predilección tenía voto preferente o no, en caso de que no tuviera un político de su gusto. Lo demás, si quería votar en la consulta del partido Verde o Conservador, era grabarse la cara de su elegido.
¿Cuál es cuál?
Pero, a la hora de enfrentarse a las tarjetas no pocos dudaron. "Fue muy fácil votar. Sabía por quién y, de todos modos, me fijé en la cartilla del cubículo de votación y verifiqué el número del candidato", dijo Ana Romero, de 27 años.
Alonso Ojeda, de 73 años, no cree que fue tan sencillo: "Para mí fue fácil, pero para muchos no, porque las tarjetas solo tenían los 'logos' de los partidos y mucha gente no sabía el número del candidato sino que conocía la cara".
Otros se confundían de tarjeta. "Dos personas delante de mí se devolvieron porque marcaron el número de su candidato al Senado en la tarjeta de la Cámara y tuvieron que anular los votos. Sería mejor que les pusieran la foto", opinó Ojeda.
Gloria Ende, de 36 años, cree que votar fue difícil: "Sin foto y sin nombre del candidato, votar es un problema. Yo sabía el nombre de mi candidato pero no qué número tenía. En la mesa me prestaron una guía, pero casi no lo encuentro. Me demoré como 20 minutos. De la circunscripción indígena no entendí nada". Según parece, no marcó nada en este espacio y mejor así, pues quien votaba en la circunscripción indígena no podía hacerlo en la nacional.
Otro que se demoró sus 15 minutos votando fue Miguel Sánchez, de 35 años. "Uno no está tan al tanto de la política. Solamente sabe por quién quiere votar y ya. En mi caso no sabía de qué partido era mi candidato y cuando vi que había que marcarlo pensé: estoy frito. Pero vi una guía en la mesa y me demoré un rato buscándolo. Además, lo del voto preferente apenas lo supe aquí".
Frente a la complejidad de la votación Gloria Ende fue contundente: "Si esto fue en Bogotá, donde uno está más informado y uno se queda 20 minutos votando, no me imagino como harán en las veredas. Se necesita más capacitación para la gente".
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