El resultado de la segunda vuelta dejará sobre la mesa preguntas clave para el futuro del proceso político colombiano. Una de ellas tiene que ver con las perspectivas del Partido Verde y su papel, ya sea como oposición o como gobierno.
Independientemente de los resultados, la experiencia del Partido Verde sirve para inferir lecciones sobre las posibilidades de éxito de movimientos políticos independientes en Colombia. El camino que debe recorrer cualquier propuesta política de este tipo en su intento por consolidarse no es fácil y los desafíos radican en su forma de hacer política y en la definición de sus propuestas de gobierno.
En materia de forma, el Partido Verde ha usado estrategias inéditas en la política colombiana. Primero, ha construido una campaña de abajo hacia arriba, en donde los mensajes no son necesariamente dictados por una cúpula pequeña que reclama disciplina y cuyas bases tienen mayor iniciativa propia. Segundo, ha actuado bajo la consigna de no adquirir compromisos imposibles. Finalmente, ha desafiado abiertamente fórmulas tradicionales, como las coaliciones y los acuerdos programático-burocráticos, prácticas tan arraigadas en la cultura política nacional.
Si bien es loable intentar cambiar las reglas del juego político predominante, actuar como si éstas no existieran y 'patear el tablero' de entrada, puede ser una terapia de choque que exige más de lo que el electorado puede asimilar y que requiere de más tiempo y mayor comunicación.
En materia programática, el Partido Verde terminó siendo un híbrido raro, si se compara con sus semejantes en otros lugares del mundo. Las agendas 'verdes' suelen ser de centro-izquierda.
Pero en Colombia, en donde todo es posible, terminamos con un Partido Verde con una inclinación hacia la derecha tan fuerte que le ha costado gran trabajo construir una alianza con el izquierdista Polo. La propuesta, aunque novedosa, no es clara y es en ocasiones inconsistente (¿protección ambiental y fumigación con glifosato?).
El intento por hacer tabula rasa en materia de hábitos políticos y la confusión programática son, paradójicamente, las fortalezas y debilidades del Partido Verde. De cómo maneje esta complicada tensión dependerá su futuro como oposición o gobierno.
Por Sandra Borda Guzmán
Profesora e Investigadora del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Los Andes
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