Foto: Claudia Rubio / EL TIEMPO
Antanas Mockus fue el último en llegar ayer al Desayunadero de la 42, en el centro de Bogotá, donde lo esperaban Luis Eduardo Garzón y Enrique Peñalosa.
Fue el último en pararse de la mesa. El último en subirse al bus que los llevó a los puestos de votación. Él último en llegar a la sede escogida para conocer los resultados. Pero fue el primero en subirse a la tarima para celebrar que resucitaba.
La jornada para el nuevo candidato presidencial por el Partido Verde empezó a las 5:55 a.m. en su casa de Quinta Paredes. A las 7:11 a.m., salió acompañado de su esposa Adriana y de sus hijas Laima (13) y Dala (8). Una sola camioneta -nada de escoltas en motos, nada de caravana con varios vehículos- llevó a la familia al tradicional desayunadero de la 42 con Caracas, donde se encontró con Garzón y Peñalosa, y con algunos de los candidatos a la Cámara y al Senado por el partido.
Durante el camino, Mockus -el único de los tres que en el recorrido no vistió ninguna prenda verde: optó por un pantalón y una chaqueta gris y una camisa azul con rayas blancas- no pronunció una sola palabra. Ojeó el periódico y miró por la ventana, muy serio, mientras sus hijas tarareaban una canción en inglés y hablaban con Adriana.
Fue Lucho el que le sacó la primera sonrisa del día. "Hola Antanas María, se peluqueó", le dijo a las 7:20 a.m., afuera del desayunadero. Changua, café con leche y jugo de naranja fue el desayuno escogido. A las 8:25 a.m., cuando el pelotón de los verdes comenzó a salir en masa del restaurante, Mockus se paró de la mesa, apuró unos sorbos de café (lo dejó casi completo) y, con el desayuno a medio terminar, siguió a sus compañeros.
'Votar por los buenos'
"Lo que logramos con la unión de estos tres ex alcaldes de Bogotá es crear una situación en la que la gente pueda escoger sólo entre candidatos buenos, no seguir eso del famoso voto en contra. Esto es más bonito porque entre los tres está el mejor candidato", dijo Antanas a uno de sus seguidores en Unicentro.
Palabras más, palabras menos, esa fue una de las ideas que más explotó a lo largo del día. "Hace dos años, en un taller en Cali, dije que llegará el día en que las elecciones sean entre puras opciones buenas", le explicó a otro que quiso tomarse una foto con él en la Plaza de Usaquén, adonde llegó para acompañar a votar a John Sudarsky.
Mockus, Peñalosa y Garzón no sólo se pusieron de acuerdo para desayunar juntos, sino para acompañarse a votar. La risa fue generalizada cuando, al llegar a la Hemeroteca Nacional, Lucho soltó la siguiente frase: "Claro, Antanas sólo podía votar en un sitio culto, en la Hemeroteca; Peñalosa vota en el Carulla de Pontevedra, en un símbolo del capitalismo, y yo voto en un colegio público, en el Camilo Torres".
En la mesa 2, a las 9:11 de la mañana, el profesor y dos veces alcalde de Bogotá que hace tiempo se bajó los pantalones en un acto público, pudo por fin depositar su voto. El jurado que tenía la planilla se puso nervioso y casi no encuentra el número de la cédula y el nombre. "Es que no está por Antanas, busque por Aurellius", le aconsejó el candidato. Ese es uno de sus tres nombres.
¿Y por quién votó? "(Risas). El voto es secreto, entre otras cosas porque así puede ser un voto a conciencia y para no andar devaluándolo por ahí. Obvio, uno siempre quiere que voten por uno, pero ese pedacito de ir y decirle a la gente "vote por mí" ya es un poco impúdico".
Los 'tenores' se volvieron 'solistas' casi a las 11 a.m. en Unicentro. Antes de bajarse del bus verde, Mockus se embadurnó una buena dosis de bloqueador solar para lo que vendría: dos horas de andar, saludar, oír a la gente.
¿Le abruma que tantas personas se le acerquen para saludarlo, felicitarlo, pedirle cosas? "Pues la confianza responsabiliza", fue su primera respuesta. Cuando comenzaba a construir la segunda frase... dos de sus 'fans' volvieron a interrumpirlo.
Guardado en la casa
Mockus fue el que menos caminó ayer de los 'tres verdes'. Antes de la 1:30 p.m., se encerró en su casa para almorzar en familia -pidieron pollo con arepa, papa y plátano a un asadero famoso de Quinta Paredes que se llama Los Pechugones- y para escribir el discurso que daría.
Después del almuerzo, que se animó con una discusión sobre cultura ciudadana pues el gallo de su hija menor no está dejando dormir a su hermana y "puede estar molestando al vecindario", el silencio se tomó la casa en la que vive hasta las 5:45 p.m., cuando bajó las escaleras con una camiseta verde y un pequeño girasol pegado a su chaqueta.
Durante casi toda la tarde, lo único que se oyó fueron los ladridos de los perros y, de vez en cuando, el ruido que en el patio del fondo hacían la lora, el gallo y las dos gallinas con las que también viven.
"Que no haya habido encuestas en los últimos días es fabuloso porque eso le devuelve suspenso a la cosa. Con encuestas, se hubiera reducido la incertidumbre", dijo. "Estoy donde estoy, porque me rodean dos gigantes (...) Varias veces estuvimos a punto de desistir, pero fue gracias a nuestros colaboradores que seguimos adelante".
En la noche, pasadas las 9 p.m., Mockus se subió a la tarima y bailó con un grupo de jóvenes y jugó con unos girasoles gigantes y unos mimos. Después, a pesar de los rumores de que habría rumba zanahoria para celebrar, cada uno se fue a descansar a su casa. Mockus ya lo había dicho antes: "Se acabó el recreo".
LAILA ABU SHIHAB
REDACTORA DE EL TIEMPO
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