Así es la odisea de votar en las zonas más remotas de Colombia

Así es la odisea de votar en las zonas más remotas de Colombia

Un recorrido por algunos de los puestos de votación más alejados del país.

Guainía

Guainía es un claro ejemplo de los difícil que es llevar la democracia a algunas regiones del país

Foto:

Cortesía: Carlos Cuenca

26 de mayo 2018 , 09:00 p.m.

En Colombia hay puestos de votación que están en la mitad de la selva, en sitios tan lejanos e inhóspitos en los que lo único fácil de encontrar son culebras y mosquitos. Son zonas difíciles de hallar hasta en un mapa.

Es probable que este domingo, en algunos de estos lugares, ni siquiera tengan claro quiénes son los aspirantes presidenciales, simplemente porque por allá hasta a las noticias se les hace difícil llegar.

Y uno de estos lugares es Bocas del Yarí, un diminuto caserío en el sur del Guaínía, en el que sus habitantes, que viven de lo que les da la selva y el río, también esperan sufragar hoy.

Para que la democracia les llegara, desde el martes partió para allá un funcionario de la Registraduría con todo el material electoral.

El recorrido no fue fácil. Primero fue un vuelo de 80 minutos en avioneta desde Inírida hasta Campo Alegre, un caserío ubicado a orillas del río Isana, en límites con Brasil.

En la nave, el funcionario llevaba el kit electoral (tarjetones, esferos, formatos para diligenciar, certificados electorales, bolsas, entre otros). Ademas de varias mudas de ropa tuvo que echar enlatados, el repelente contra los mosquitos, el chinchorro para dormir, agua y un teléfono satelital.

En una pista de tierra, que también sirve como cancha de fútbol, la nave aterrizó. Hay casas al lado y lado.

Tras un corto reposo en Campo Alegre, el funcionario echó su carga en una lancha. Con doble plástico protegió el material electoral para evitar que en el recorrido se mojara, no solo por la corriente del afluente sino por la lluvia que estos días cae sobre la selva.

Luego fueron ocho horas en la ‘voladora’ –nombre con el que se conoce a la lancha en esa región– por las oscuras aguas del río Isana, que solo dejan a la imaginación saber qué puede moverse bajo ellas.

El bote estuvo ‘culebriando’ para evadir los troncos y ramas que cargaba el río ante las crecientes de los últimos días.

Entrada la tarde la ‘voladora’ llegó hasta el sitio de desembarque. Allí, ayudado por algunos soldados y habitantes del lugar, comenzó un recorrido a pie, por una trocha que literalmente rompe la selva en medio de un bochorno infernal.

Tras unas dos horas llegó hasta Bocas del Yarí. Son unas 20 casas, algunas con paredes de madera y otras de barro. Unas pocas con tejas de zinc y las demás con techos de palma.

En la escuela del lugar se dispuso el puesto de votación con una única mesa. El delegado de la Registraduría pidió permiso en una de las casas, casi todas de indígenas, para colgar su chinchorro con el toldillo.

Luego, el jueves comenzó a adecuar el puesto de votación, a tener todo listo. Y ayer capacitó a las personas que estarán hoy como jurados de votación.
Es una zona muy alejada en la que no hay venta de nada y donde un galón de gasolina puede costar 50 mil pesos y una gaseosa de dos litros, si se consigue, puede llegar a más de 25.000 pesos.

En ese lugar están habilitados para votar 42 personas, 22 mujeres y 20 hombres. Se espera que unas 20 voten.

De todas maneras, sea cual sea la votación, pasadas las 4 de la tarde el delegado tomará el teléfono satelital e informará a la Registraduría sobre el número de votantes y por quiénes sufragaron en esta comunidad. Los votos físicos llegarán a Inírida solo hasta el martes.

Es muy seguro que el candidato ganador nunca sepa cuántos votos obtuvo allí. Es más, es probable que ni sepa que en medio de la selva hay un pequeño caserío al que seguramente nunca vaya y del que tal vez cuando le lleguen a hablar, ni siquiera sepa dónde queda.

Durante prácticamente toda la semana desde Inírida estuvieron saliendo vuelos cargados con material electoral y también lanchas llevando todos los elementos para que los habitantes de las zonas lejanas del Guainía puedan votar. Como a la inspección de Sapuara, en la que solo están habilitadas para votar 60 personas.

Uno de los mayores retos es llegar a la Colombia profunda, a lo más recóndito de nuestra geografía, en el que las vías son los ríos que andan y los cielos que se abren para que los más lejanos de nuestros compatriotas puedan ejercer sus derechos fundamentales, y especialmente su derecho al sufragio”, dijo el registrador Juan Carlos Galindo.

Otros remotos lugares

Pero no solo es Guainía, en Amazonas, hay nueve corregimientos de difícil acceso para la Registraduría. De esos, al que es más complicado llegar es a Mirití Paraná - Santa Isabel.

Por eso, desde el pasado lunes, Cristian, delegado para ir a Santa Isabel, llegó a Leticia para reunir a los otros 8 funcionarios que tienen la difícil misión de llevar la democracia a estos nueve corregimientos.

El martes, a las 6 de la mañana, salió en una avioneta desde Leticia hasta la base militar de La Pedrera. Fue un trayecto de 45 minutos.

Desde allí, Cristian inició un viaje de algo más de seis horas por el río Caquetá para llegar a Santa Isabel.

Normalmente el funcionario que va a este corregimiento cuenta con acompañamiento de alguna autoridad. Pero esta vez él viajó solo, con el lanchero, pues desde hace rato no hay problemas de orden público en la zona.

Una vez llegó a Santa Isabel, desenvolvió el kit electoral y las latas de arroz, atún y azúcar que cargó hasta ese corregimiento y se instaló en una Maloca indígena, en donde hoy funcionará la única mesa de votación de este lugar.

Este domingo tendrá que esperar a ver cuántas de las 89 personas habilitadas para participar en las elecciones presidenciales van a acudir a sufragar. Sin embargo, la expectativa no es muy grande.

El viernes, Cristian capacitó a los dos jurados que le ayudarán en su odisea de llevar la presencia estatal hasta ese punto remoto de la Amazonia. Y cuando se cierre la única mesa de votación, informará a Leticia, por medio del teléfono satelital, la votación que, seguramente, no superará los 35.

Finalmente, el domingo será una prueba de que la democracia colombiana llega hasta lo más remoto del país.​

Los altos costos de moverse por el Guainía

De acuerdo con el gobernador del Guainía, Javier Eliécer Zapata, en las zonas alejadas del departamento un galón de gasolina puede costar hasta 60.000 pesos.
Contó que un vuelo chárter en una avioneta pequeña entre Inírida y Campo Alegre puede costar más de 5 millones de pesos.
Y el recorrido desde este lugar hasta las Bocas del Yarí puede ser superior a los 3 millones de pesos.

Según el mandatario, para ir de Inírida a Campo Alegre resulta más barato tomar un vuelo a Bogotá, de ahí otro a Mitú , capital del Vaupés, y desde allí contrar un charter.

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