Gustavo Petro, proselitismo en plaza pública

Gustavo Petro, proselitismo en plaza pública

Suele hacer sus correrías políticas con pocas personas de su campaña. Pocos le hablan al oído.

Gustavo Petro, candidato presidencial

En su gira por Boyacá, a Petro le obsequiaron réplicas de la Virgen de Chiquinquirá y de Morcá, ruanas y aguacates.

Foto:

Luis Lizarazo / EL TIEMPO

29 de abril 2018 , 09:24 a.m.

Un grupo de experimentados reporteros de ELTIEMPO acompañó a los candidatos presidenciales en sus correrías políticas para ver sus estilos, sus énfasis, quiénes son las personas claves en su estructura y cómo los recibe la gente cuando se encuentra con ellos ‘en vivo y en directo’. Retratos de las campañas a menos de un mes de la primera vuelta para elegir al sucesor de Juan Manuel Santos en la Casa de Nariño.

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“¡Me llamo Gustavo Petro y quiero ser su presidente!”.

La música se desata por los altoparlantes en la plaza de la Villa, de Sogamoso. Algo de carranga, algo de música alegre mexicana cuyos ecos se estrellan en los avisos de la Pizza Nostra y del metal del monumento del Sol. La gente aplaude. Sabe que la frase de Petro es una señal de despedida y se abalanza en busca de una selfi, de que le salude al bebé, o de que le reciba un canastico con queso en hojas de palma.

También lo sabe su equipo de logística local, que se activa: se abren las puertas de las camionetas, encienden las luces. Alerta.

El discurso duró unos 90 minutos. Nadie le habló al oído. Apenas si se acercaron para darle agua o para ponerle una cachucha. La tarima estaba a reventar, pero Petro estuvo solo, solo frente a la multitud. En esos momentos, Petro es su campaña.

De la entraña de su organización dicen que por las carencias económicas el candidato viaja prácticamente solo, acompañado apenas de su equipo de seguridad y sin asesores que, entre tanto, se dedican a otras misiones. Los comités locales lo reciben y organizan los actos sin invertir grandes recursos. Eso sí, apenas Petro pisa la tarima, ya se empiezan a recibir notificaciones de redes sociales, fotos y videos desde dos drones que no lo desamparan.

“¡Viva Gustavo Petro Urrego, despidamos al próximo presidente de Colombia”, gritan en la algarabía. Pero Petro Urrego no se puede ir aún. Suenan los acordes del ‘cumpleaños feliz’ y los miles que lo escucharon se lo entonan con devoción, mientras agitan las banderas, incluidas las amarillo y verde de la Unión Patriótica (UP).

El candidato de la Colombia Humana se hace un ocho con la ruana blanca con el logo de su movimiento, y se deja querer por los abrazos. Pero Petro Urrego no está de cumpleaños ese domingo. Es el jueves 19 de abril, como el nombre de la guerrilla a la que perteneció: Movimiento 19 de abril (M-19).

“Gustavo Petro es la persona que realmente ve en una sociedad las raíces de los problemas. Cuando uno les aplica paños de agua tibia, esos problemas crecen y crecen. Él es el único candidato, desde que tengo conciencia política, que genera realmente soluciones inteligentes”, dice a EL TIEMPO Mónica Hernández.

Petro, el de correrías en solitarioViaja por el país prácticamente solo, pocos le hablan al oído y no hace mucho caso. Un día de ruana con el candidato presidencial de la ‘Colombia Humana’.
Petro, el de correrías en solitario
Bajo la mirada de un dron

Al lado del exalcalde de Bogotá están dos mujeres: las senadoras Gloria Flórez y Aída Avella, una de las pocas sobrevivientes del exterminio de la UP, que se nota feliz por la acogida, ya que es oriunda de Sogamoso, y también por la presencia de sus cercanos, que la saludan desde la multitud. Como la abuela Elena, que con un afiche aguanta muy quieta, de pie, el mensaje de Petro. Lo único que parecía movérsele eran sus aretes de plata con la imagen de la Virgen, y sus ojos conmovidos…

En el aire, los drones revolotean para los videos.

“Espero que esta noche sí salgan en la TV las imágenes de esta plaza llena. No salieron las de Piedecuesta, ni las de Girón. Debe ser que estamos en otro planeta o los medios están ocultando la verdad de la Colombia Humana”, protesta Petro.

Un locutor local comenta: “Duitama parecía de Duque; Sogamoso, de Vargas Lleras. No deja de asombrarme que esté viniendo tanta gente a lo de Petro”.

Sogamoso fue la última etapa de la gira de Petro por Boyacá, que se inició a mediodía el domingo 15 de abril en Chiquinquirá y pasó luego por Duitama. En los tres escenarios habló con sencillez de su propuesta de cobrarles un predial muy alto a los latifundios improductivos y de luchar contra una expresión que se inventó y que le cuesta pronunciar: los “meganarcoterratenientes”.

“Boyacá ha demostrado que es más importante una sociedad de campesinos, de cultivadores, que una de petroleros y carboneros”, dice. El mensaje suena a regaño, en una región con claves recursos mineros. Y lo que dijo después también parece salirse de su discreción en la crítica de lo que pasa en Venezuela y también para distanciarse de uno de los grandes cuestionamientos a su propuesta: “Con qué autoridad moral hablan de castrochavismo –grita Petro, como enojado– si están haciendo lo mismo que el señor Maduro, doblegando a los jueces para salvarse (…). Entre Maduro y Uribe no hay un solo grado de diferencia ni en las inteligencias ni en la manera de pensar”.

Gertrudis Salamanca, que logró agarrar la mano de Petro cuando ya estaba cerca de la camioneta para irse, dice convencida: “Yo voy a votar por él porque es el más boyacense de los candidatos. Yo sé que es costeño, pero él usa con orgullo la ruana Boyacá, no nos tiene asco a los pobres y no roba ni deja robar”.

Ese mismo cariño se vio en la ‘Chiquinquirá humana’ más temprano. Al llegar fue recibido, a pocos metros de la basílica de la Virgen patrona de Colombia, por un hombre longilíneo y de pelo y bigote cano que lucía una camisa negra bordada, como sacada de la moda que impuso otro autodenominado ‘progresista’, el ecuatoriano Rafael Correa, con sus blusas otavaleñas. Se trataba de Fabio ‘Hipólito’, un antiguo guerrillero del M-19, cercano a Carlos Pizarro en épocas del proceso de paz, que intentó llegar al senado por el Partido Verde.

Su verdadero nombre es Fabio Mariño, y el ‘Hipólito’, dicen, fue un homenaje a Hipólita, la nodriza de Bolívar. Así como el alias de Petro en el M-19 era ‘Aureliano’, por el emblemático personaje de Gabo. Él lo condujo a la basílica. “¿Pero acaso Petro no es ateo?”, se preguntaron en el enorme corrillo a su alrededor. Al templo ingresó por una de las naves laterales. Estaban en misa. Y a pesar de que se pidió silencio, Petro entendió que sería imposible entrar a la nave central sin perturbar la celebración.

Se manda solo

“Me da pena, me da pena con la gente”, dijo incómodo al salir y al ir, no por la vía peatonal, como le insistía su equipo de seguridad, sino por la de los carros, en contravía. Una analogía de su carrera política. Al final tuvieron que recogerlo en carro para llevarlo a la tarima. Se manda solo.

“Petro, Petro, queremos seguir así, no como Venezuela”, le espetó a lo lejos una vendedora de escapularios. Ya en la plaza Julio Flórez, un campesino delgado de bigote le gritó: “Doctor Petro, doctor Petro, déjeme hacerle una pregunta...”.

De la muñeca izquierda del aspirante pendía un multicolor brazalete, y de su mano derecha, una pulsera de bolitas parecida a esas que la publicidad de internet dice que da poderes místicos. También, algo similar a un denario con un Cristo. En sus afiches, ese Cristo está en el cuello. En el dedo anular izquierdo, su alianza matrimonial.

“No, no soy ateo, tengo mi visión de Dios”, dijo tras explicar que había estudiado en colegio de curas. “Acá me acompaña este crucifijo. No soy de persignarme hipócritamente. Es por un hombre que murió por los demás, que hizo de los pobres su opción”. Pero en el Rincón Politiquero, una tienda cercana a la alcaldía, un hombre criticaba enojado que Petro era “populista” porque decía solo lo que la gente quería escuchar. “Como no tenemos agua, habla de arreglar Fúquene y el río Suárez”.

En la parte alta del campanario de la iglesia de la Renovación se apretujaban niños y adultos para escuchar a Petro, que para entonces ya tenía en sus manos el aguacate que no soltó durante sus otros 90 minutos de discurso, para explicar su tesis de que es más rentable el fruto que un barril de petróleo. Parecía no escuchar al hombre de la pregunta porque sonaba más fuerte la voz de una mujer que se desgañitaba: “Vamos, vamos muchachos, no nos podemos seguir arrodillando ante los ricos”; o la del joven que “a mil a mil” vendía las manillas de Petro, o pasaba una alcancía de la campaña.

“Doctor, doctor, déjeme hacerle una pregunta”, repetía insistente el hombre, cerca al retrato de un Petro pasado por Photoshop, rejuvenecido, mirando al infinito azul y más parecido a un predicador ‘hippie’ de pelo corto que al recio senador de los debates contra la corrupción. Unos se ponen años, otros se los quitan.

“Doctor Petro, doctor Petro, la pregunta…”. Pero nada. Al final del discurso, un periodista abordó al campesino: “Señor, y ¿qué es lo que le quiere preguntar?”.

– “¿Qué va a hacer con los policías de Tránsito que no nos dejan sacar nuestros productos a la carretera y nos los quitan? Dígale, por favor”, respondió.

Quizás Petro no le responda jamás (a menos que lea esta crónica), y quizás sea menos ateo de lo que muchos suponen. Pero de lo que están muy seguros sus seguidores boyacenses, muy católicos –en su mayoría–, es que el líder de la Colombia Humana se fue bajo la protección de la Virgen de Chiquinquirá, y también de la de Morcá, cuyas réplicas le obsequiaron.

Tienen la certeza de que además de los 12 millones de votos que pedían desde la tarima para ganar en la primera vuelta del 27 de mayo, no sobrará, jamás, una ayuda celestial.

Algunos de los cercanos al candidato

Jorge Rojas
Comité programático

Lo acompañó en la Alcaldía de Bogotá como secretario privado y de Integración. Le habla al oído.

Ma. Mercedes Maldonado
Comité programático

Exsecretaria de Hábitat en la Alcaldía, se decía que era una de las pocas que le ponía tatequieto. La escucha.

Ángel Becassino
Publicista

Estratega argentino que está en Colombia desde los 80 asesorando campañas políticas.

Susana Muhamad
Comité programático

Exsecretaria de Ambiente durante la Bogotá Humana, Muhamad era de las pocas que lo contradecía.

Alberto Cienfuegos
Comité programático

Analista político, asesoró a Clara López para la alcaldía y la presidencia. También a Carlos Gaviria y a Piedad Córdoba.

EDUARD SOTO
Enviado especial de EL TIEMPO
Sogamoso
En Twitter: @edusot

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