Iván Duque, un colombiano apasionado por la política desde niño

Iván Duque, un colombiano apasionado por la política desde niño

De pequeño ponía a sus muñecos nombres de políticos. La magia, una de sus aficiones.

Iván Duque, candidato a la presidencia

Iván Duque, candidato a la presidencia de la República.

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO

27 de mayo 2018 , 01:42 a.m.

No hay que buscar el número de la puerta para ubicar la casa de Juliana Márquez Tono. Cuatro enormes afiches de su hijo Iván Duque Márquez cubren por completo el amplio ventanal que da a la calle.

Ella misma abre la puerta de su apartamento, en el segundo piso de un edificio del norte de Bogotá.

En esta casa está la raíz más profunda del candidato presidencial más joven de esta contienda electoral (41 años). Con su mamá, una politóloga tolimense –nacida en Ibagué–, vive la abuela materna, Estela Tono, una cartagenera de 94 años.

Hasta esta vivienda Iván Duque suele llegar a buscar, más antes que ahora, por los afanes de la campaña, el sabor que, según dice, solo el perol de la abuela le da a la carne asada.

En la casa de la abuela Estela, él y su único hermano, Andrés –tienen una hermana de padre–, pasaron mucho tiempo de su niñez. Ahí se quedaban cuando su mamá y su papá, el político liberal antioqueño Iván Duque Escobar, viajaban por las tareas que él tenía.

–La casa de mis papás era la otra casa de mis hijos en Bogotá, cuenta la mamá del candidato.

Para ella, que digan que a Iván Duque le falta carrera en la política electoral y que es demasiado joven para ser Presidente, es “solo una manera de atacarlo porque no tienen nada malo que decir de él”.

–Iván –dice Doña Juliana– siempre estuvo interesado por lo que sucedía en el país, por conocer a los amigos del papá que eran políticos, por oírles las conversaciones y meter la cucharada.

El hijo mayor del matrimonio Duque Márquez nació en la clínica El Country de Bogotá el primero de agosto de 1976.

Y aunque ha vivido la mayor parte de su vida en Bogotá y en Washington –donde estuvo 12 años mientras trabajó en el BID e hizo sus maestrías en Derecho Económico y en Gerencia de Políticas Públicas–, un pedacito de su vida tuvo lugar en Medellín.

Tenía 4 años cuando llegó a vivir muy cerca de la iglesia del barrio El Poblado de esa ciudad con su mamá y su hermano, quien para entonces estaba recién nacido. Se mudaron desde Bogotá porque el presidente Julio César Turbay Ayala había nombrado a su papá como gobernador de Antioquia.

Para Iván padre, nacido en el municipio de Gómez Plata, era el regreso a su tierra. Tras dos años y medio en Medellín y el fin del gobierno de Turbay, volvió con su familia a Bogotá.

En la capital del país, Iván Duque Márquez hizo su primaria y su bachillerato –en los colegios San George y Rochester– y estudió su pregrado en Derecho –en la Universidad Sergio Arboleda–.

Perfeccionista ‘obsesivo’

Era el más juicioso de los dos hijos de Juliana Márquez Tono e Iván Duque Escobar.

Para caracterizar al mayor, a doña Juliana le resulta más fácil compararlos.

–Son bien distintos. Iván era muy estricto consigo mismo, ¡y a veces hay que ponerle un poquito de sabor a la vida! Andrés era más tranquilo. Es más apasionado por otras cosas, no por la política.

También María Paula Correa, asistente personal del candidato, ve como un problema el “alto nivel de exigencia” de Iván Duque consigo mismo, pues lo lleva a “descansar poco”.

Incluso, alguna persona de su campaña cree que es “demasiado obsesivo con la perfección”. “Puede grabar hasta 10 veces un video si el resultado de las primeras 9 grabaciones no lo satisface”, cuenta.

Ante el candidato, su conductor, Julio Venegas, se siente como si estuviera con Iván papá, para quien también trabajó.

“Son como dos gotas de agua. ¡Igualitos! Como el papá, Iván es estudioso, dedicado, puntual, frentero, pero no grosero, y caballero”, afirma.

Aunque Iván Duque carga un iPad en su maletín, suele ordenar sus ideas en libretas de papel de tapa dura. Tiene la manía de anotarlo todo en ellas, y suele regalarse con su mamá libretas de todos los tamaños.

Por su madre tolimense y su padre antioqueño, siempre mantuvo vínculos con los dos departamentos. En las vacaciones escolares iba con frecuencia a Ibagué, porque ahí vivían sus bisabuelos maternos; y a Medellín, porque allí vivía el abuelo paterno, Abdón Duque.

Pero, según su mamá, tiene mucho de antioqueño.

–Habla paisa, le gustan los paisas y come paisa. Muere por los fríjoles con chicharrón, las fondas, todo lo que le gustaba al papá. Come tamal tolimense, pero ¡arepa come todos los días! Le encanta con quesito, así no haya nada más.

–¿Y de usted qué sacó?–El gusto por la gente. Le gusta hablar con las personas, que la gente vaya a su casa.

El mago

De niño, Iván Duque jugaba fútbol, pero sobre todo es recordado por ambientar los cumpleaños de su hermano Andrés haciendo actos de magia, habilidad que aprendió estudiando con el mago colombiano Gustavo Lorgia durante unas vacaciones.

Hacer magia es todavía una de sus aficiones.

En una de sus correrías de campaña y mientras hacía una pausa para tomarse un jugo, sacó una baraja de cartas, le pidió a alguien que sacara una, que restara, que eligiera otra pica, que volviera a restar y así hasta que él, en su papel de mago, adivinó qué carta tenía su interlocutor en la mano.

Si de música se trata, le gustan el vallenato, el bunde y hasta la música de conservatorio, pero no ha sido parrandero.

–No era de los que decían: “me voy hoy a bailar y aparezco mañana”. ¡No!, confirma su mamá.

En el juego político

Las memorias de la familia Duque Márquez contradicen la creencia de muchos colombianos de que Iván Duque es un candidato sin escuela en la vida política.

Tanto su mamá como su papá –que se separaron cuando ya él era universitario– pensaron siempre que su hijo mayor podía llegar a ser Presidente de Colombia.

–Desde chiquito sus juegos eran con personajes políticos. A los muñequitos les ponía nombres de políticos, les hacía voces de políticos, recuerda doña Juliana.

Incluso su amigo y gerente de la campaña, Luis Guillermo Echeverri –hijo del empresario Fabio Echeverri Correa, fallecido el año pasado–, asegura que “Iván se ha preparado toda la vida para ser Presidente”.

Desde que Iván Duque era un niño, su papá y su mamá eran muy amigos de la familia de Fabio Echeverri y del expresidente Álvaro Uribe y su esposa, Lina Moreno.

El papá del candidato, que fue ministro de Minas y Registrador Nacional, era su referente y su consejero político. Por eso, uno de los grandes golpes emocionales para Iván Duque fue la muerte de su padre, el 3 de julio del 2016, justo cuando él comenzaba su carrera política como senador del Centro Democrático, el partido de Uribe.

Su llegada al BID

Paradójicamente, quien propició su llegada al BID, como consejero de la Dirección Ejecutiva para Colombia, Ecuador y Perú, fue el hoy presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, con quien trabajaba en el 2001 en el Ministerio de Hacienda.

Santos lo había llevado a ese despacho desde su Fundación Buen Gobierno, donde Iván Duque, como Juan Carlos Pinzón, era una de las personas de su confianza.

Después, Iván Duque llegó a ser el jefe de la División de Cultura del organismo multilateral, donde estuvo hasta el 2013.

Desde Washington viajó a Colombia para casarse con su novia de toda la vida, María Juliana Ruiz, con quien regresó a Estados Unidos y con quien hoy tiene tres hijos: Luciana, Matías y Eloísa.

Hoy en día, su mejor plan, el que lo hace más feliz, es hacer crispetas y pasar el día en la casa con su familia viendo películas.

Duro aterrizaje en el Centro Democrático

El regreso de Iván Duque a Colombia, en el 2013, se dio por la invitación que le hizo Uribe para que fuera candidato al Senado por el Centro Democrático.

Con el expresidente había trabajado como asesor cuando Uribe fue designado como parte del panel que integró la ONU para investigar el ataque de Israel a una flotilla de barcos que transportaban ayuda humanitaria a la Franja de Gaza.

“Ese fue el tiempo de mayor contacto entre Iván Duque y Uribe, y fue cuando el expresidente se dio cuenta de la inteligencia de Duque”, cuenta una persona que conoce muy bien a Uribe.

Desde el comienzo hubo resistencias en el Centro Democrático con el hoy candidato presidencial. “A algunos no les gustó que llegara al Senado, prácticamente a posesionarse, sin hacer campaña”, admite la misma fuente.

La desconfianza que todavía le tienen los uribistas más radicales se basa en que trabajó con Santos en la Fundación Buen Gobierno, y en que fue él quien lo llevó al BID.

Fueron públicas las críticas de varios dirigentes del Centro Democrático a Iván Duque cuando era precandidato del partido para la Presidencia de Colombia.

La cara más visible de esa malquerencia fue el exministro Fernando Londoño Hoyos, quien en su programa La Hora de la Verdad lo llamó “mozalbete inteligentón” y lo acusó de “coquetear” con los santistas.

“Si es consecuente, que se presente como candidato independiente”, llegó a decir Lodoño Hoyos.

–“Lo que más molestaba en el Centro Democrático era que no salía a defender a Uribe en las redes sociales”, reconoce una persona del partido.

El clímax de esa molestia se vivió cuando el expresidente se enfrentó con Daniel Samper Ospina, luego de que llamó al periodista “violador de niños”.

“Como Iván Duque no decía nada en Twitter, lo llamaban a presionarlo. La rabia empeoró cuando hizo un trino en el que no se puso abiertamente de parte del expresidente”, recuerda alguien que acompañaba ese día al entonces precandidato.

Los ataques dentro de su partido o de otros candidatos presidenciales mortifican a Iván Duque, pero no lo hacen perder la serenidad.

–Él no se sale fácil de la ropa, ratifica doña Juliana.

Ella cree que la serenidad de su hijo es producto de un largo trabajo personal, parte de lo que le ha tocado hacer desde que el juego de niño de ser político se le convirtió en realidad.

MARISOL GÓMEZ GIRALDO
Editora de EL TIEMPO
En Twitter: @MarisolGmezG

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