El aguacate, la bandera de Petro en sus correrías

El aguacate, la bandera de Petro en sus correrías

Sus seguidores adoptaron esa imagen como símbolo de su campaña presidencial.

Gustavo Petro en Villavicencio

El candidato presidencial Gustavo Petro durante su manifestación en Villavicencio.

Foto:

Santiago Villadiego

14 de mayo 2018 , 10:30 p.m.

Amores y odios. Esto es lo que despierta el candidato Gustavo Petro en sus manifestaciones por el país, en las cuales se aprecian tanto quienes quieren abrazarlo y darle su apoyo como los que con odio le gritan “guerrillero” para recordarle su paso por el M-19.

Una muestra de esto se vio en la plaza de los Libertadores, en Villavicencio, el domingo pasado. Hasta este emblemático lugar de la capital del Meta llegó Petro para encabezar una nueva manifestación, este vez en el Día de la Madre.

Las horas previas a su llegada se vieron inundadas con vendedores de productos alusivos a su campaña, como camisetas, manillas y banderas. En todas se veía la imagen de un aguacate, uno de los símbolos que los petristas han adoptado para respaldarlo.

El aguacate se ha convertido en la representación del impulso a los productos agrícolas –por encima de la explotación de recursos naturales– que el candidato está proponiendo, si llega a la presidencia.

Las camisetas costaban 10.000 pesos; las banderas, 4.000 y las manillas, 1.000. Y quienes las vendían se hicieron su agosto con quienes asistieron a la manifestación de Petro en Villavicencio. La plaza se comenzó a llenar a las 11:30 a. m., aunque la convocatoria era para la 1 p. m.

Cerca del corredor por donde pasaría el candidato, Doris Rodríguez, una mujer de 67 años, intentaba explicarles a los de logística que necesitaba hablar con él para agradecerle, ya que, para ella, “su alcaldía en Bogotá había sido la mejor de la historia”.

Mientras Rodríguez lo esperaba ansiosamente para manifestarle su admiración, desde otro lugar de la plaza, un grupo de jóvenes gritaba “guerrillero, guerrillero”, en mención a su paso por el M-19, en la década de los ochenta.

Para bajar la tensión, los organizadores de la manifestación pusieron a sonar uno de sus jingles de campaña.

Desde los altoparlantes se anunciaba: “Nuestro próximo presidente ya aterrizó. En contados minutos estará con nosotros. Que viva Gustavo Petro Urrego”. Y la gritería seguía.

Petro arribó con 3 camionetas de la Policía y comenzó a hablar pasadas las 3 p. m. En la tarima lo acompañaban dos de sus hijos, Nicolás y Andrés, encargados de pasarle el agua.

La industria del petróleo y el carbón solo da 300.000 empleos. Solo el café da 1,5 millones de puestos de trabajo, ¿se imaginan lo que puede hacer la industria del aguacate? Hay que industrializar estos productos y lograr que el mismo productor sea el dueño de esa industria”, aseguró Petro.

Cada veinte minutos tomaba agua, pero su discurso en ningún momento se detuvo. Parecía aprendido. Sin embargo, sus asesores aseguran que todo lo que dice no está preparado, solo le sale natural.

Pasadas las 5 p. m. terminó de hablar y se retiró entre los gritos de “Petro, amigo, el pueblo está contigo”, con unos joropos de fondo como fin de la manifestación.

SANTIAGO VILLADIEGO
ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO
VILLAVICENCIO (META)

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