La hora de la verdad para la Farc en la política electoral / Análisis

La hora de la verdad para la Farc en la política electoral / Análisis

Las próximas elecciones serán la primera medición de la exguerrilla ante el electorado.

Rodrigo Londoño lanzó su campaña presidencial

Rodrigo Londoño lanzó su campaña presidencial en la localidad de Ciudad Bolívar, al sur de Bogotá.

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Claudia Rubio / EL TIEMPO

27 de enero 2018 , 10:00 p.m.

Las próximas elecciones presidenciales, a las cuales las antiguas Farc irán con candidato propio, serán, además de un acontecimiento en la historia política de Colombia, la primera medición de la exguerrilla ante el electorado.

La votación que Rodrigo Londoño, Timochenko, obtenga en la primera vuelta presidencial perfilará las posibilidades inmediatas
del naciente partido que él representa, la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc).

Según tres encuestas que en diciembre midieron la intención de voto por el candidato presidencial de la Farc, no más del 2,1 por ciento de los electores votarían por Timochenko, quien este sábado lanzó su candidatura en Bogotá.

Esa es la cifra del sondeo de Invamer. Las otras dos encuestas le dieron el 1 por ciento (Yanhaas) y el 0,8 por ciento de las preferencias electorales (Guarumo).

Como en sus tiempos de guerrilla, la Farc como partido político ha sostenido que las encuestas no alcanzan a medir su verdadera fuerza electoral. Y eso, precisamente, es lo que se confirmará o se desmentirá en las próximas elecciones para el Congreso y la presidencia de la República.

Por lo pronto, el punto de partida para la Farc es lo que indican los sondeos de opinión y, por ello, si Timochenko llegara a sobrepasar en los comicios presidenciales de mayo la intención de voto más alta que le da una encuesta (2,1 por ciento), el partido político de la exguerrilla podría darse por bien servido.

Sobre todo, teniendo en cuenta que la imagen favorable de la Farc sigue siendo baja: de entre el 5,7 por ciento y el 17 por ciento, según diferentes sondeos.

Lo que no deja de llamar la atención es que, aun con esas cifras tan desfavorables, Timochenko tiene más intención de voto que algunos de sus más críticos adversarios políticos.

En el sondeo de Invamer de diciembre estaba arriba del exprocurador Alejandro Ordóñez (ahora parte de la coalición de derecha), que tenía un respaldo electoral del 1,2 por ciento, y del exministro de Defensa Juan Carlos Pinzón, quien aparecía con el 0,9 por ciento.

Las encuestas, como dicen los expertos, son una fotografía del momento y están sujetas a muchas variables y altibajos a lo largo de una campaña política.


Pero es evidente que si el porcentaje de votación de la Farc fuera inferior a lo que han proyectado hasta ahora los sondeos, la exguerrilla saldría muy debilitada de su debut electoral.

Sería paradójico que ello ocurriera en una contienda cuya relevancia estará marcada por ser la primera en la que participa, como organización política legal, la que llegó a ser la guerrilla más poderosa de Colombia.

El factor violencia

La posibilidad de la Farc de convertirse o no en un partido político competitivo estará determinada, precisamente, por los resultados que logre en los comicios legislativos (de marzo) y presidenciales (de mayo), porque ese será su piso para futuras contiendas electorales.

Lo que no es aceptable es que el partido de la exguerrilla, que nace de un acuerdo de paz, sea marginado de la política a través de la violencia, como ocurrió en los 80 y 90 con la Unión Patriótica (UP).

Y esto viene a colación porque, según la Comisión de Seguimiento y Verificación que integran el Gobierno y la exguerrilla desde la firma de los acuerdos de paz –en noviembre del 2016–, ya suman 33 los excombatientes asesinados.

Por lo menos hasta ahora, las investigaciones de las autoridades indican que la amenaza más clara para la Farc es el ‘clan del Golfo’, al que la Fiscalía le imputará los asesinatos de dos exguerrilleros en Peque, Antioquia, cuando hacían campaña por el candidato a la Cámara de ese departamento.

El ‘clan del Golfo’, según las propias denuncias del partido de Timochenko, puso en práctica en Quibdó su “campaña de amedrentamiento” contra las sedes de la Farc al amordazar allí a varios militantes.

Habría que destacar que Timochenko reconoce que la seguridad de los integrantes de su partido también depende de ellos mismos.

Pero los actos de violencia contra comisiones políticas de la Farc en Antioquia, Chocó, Arauca –donde murió una persona ajena al partido– y Bogotá –donde golpearon a una de sus militantes– son una alerta temprana para evitar que se repita la historia de la Unión Patriótica, cuyo exterminio dio pie para que las Farc se mantuvieran en guerra al menos 25 años más.

Como dijo en un artículo publicado por este diario el excomisionado para la Paz Sergio Jaramillo, la historia de 25 acuerdos de paz en el mundo en los últimos 30 años ha demostrado que donde se hizo la inclusión política no hubo reciclaje de la violencia, mientras que esta sí se reeditó donde se impidió la participación de los antiguos alzados en armas en el juego democrático.

A fin de cuentas, con el uso de la violencia para menguar a la Farc en la política perdería más el país que la propia Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. Por lo menos, así lo demuestra la historia.

MARISOL GÓMEZ GIRALDO
Editora de EL TIEMPO
En Twitter: @MarisolGmezG

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