El ADN del discurso de los pretendientes de la Casa de Nariño

El ADN del discurso de los pretendientes de la Casa de Nariño

Al seguir la retórica de cada candidato, es posible dar con las diferencias de unos y otros.

Debate caribe

Según el análisis de su discurso y su forma de afrontar las controversias y los momentos de choque ideológico, se perfilan dos grupos: los de izquierda y los de derecha.

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Vanexa Romero / EL TIEMPO

28 de abril 2018 , 11:33 a.m.

Una medición del discurso de los candidatos desde el 2016 hasta hoy, incluyendo los programas políticos presentes en sus páginas web, las entrevistas y los discursos de campaña, muestra que cada uno posee una huella retórica e indeleble. A pesar de las distinciones en su vocabulario, existe una clara afinidad en la derecha, así como una gran cercanía entre el liberalismo y la izquierda. El candidato de centro, Sergio Fajardo, es el más alejado del grupo de candidatos en la campaña.

Aunque todos tratan la amplia agenda política que va de los temas económicos al eje social y al político, hay claras preferencias, en las cuales se visualizan omisiones o insistencias en los temas de sus discursos. El estudio de estadística textual nos permite reafirmar la existencia de dos grandes bloques ideológicos. El primero, con los discursos de Iván Duque y Germán Vargas. El segundo, con Humberto de la Calle y Gustavo Petro y, un poco más alejado, Sergio Fajardo. Mientras que los candidatos de la derecha tratan con preponderancia los asuntos económicos, el candidato liberal, el de la izquierda y el de centro dan mayor relevancia al eje social, a la educación, a la violencia, al concepto de sociedad y a la lucha contra la corrupción.

En la derecha, preferencia por lo económico

Si bien existen grandes diferencias sobre el proceso de paz con las Farc, Vargas lo apoya y Duque dice que realizará cambios estructurales de llegar a la presidencia; tienen un vocabulario similar, centrado en el campo económico. Son los que más tocan en sus postulados las deficiencias del sistema tributario y la necesidad de simplificarlo, crear las condiciones para tener un “IVA más eficiente” y reducir las cargas impositivas. Ambos tratan de manera reiterada otros aspectos: la necesidad de optimizar y focalizar el gasto público, garantizar la sostenibilidad fiscal, de las finanzas territoriales o del sistema de salud. Los dos candidatos critican las reformas tributarias e insisten en que han golpeado fuertemente la inversión y el ahorro.

Germán Vargas omite hablar de la paz, resalta sus acciones en el campo de la infraestructura. Las palabras más repetidas son: ‘viviendas’, ‘acueducto’, ‘inversión’, ‘aeropuerto’, ‘construcción’, ‘obra’, ‘hospitales’, ‘ejecución’, ‘alcantarillado’, ‘cobertura’ y ‘agua potable’. Es el único que habla del programa de “viviendas gratis” para los más pobres. Iván Duque, por el contrario, destaca las críticas al acuerdo de paz sobre temas sensibles como el desarme, el narcotráfico, la impunidad, los crímenes de lesa humanidad o la justicia especial para la paz.

Un mismo lenguaje, pero dos proyectos opuestos

El discurso de confrontación y de apelación al pueblo es el más utilizado en Iván Duque y Gustavo Petro. Duque reitera que el acuerdo fue “una gran burla al pueblo colombiano”, el proceso se desarrolló a espaldas de él y ha generado su humillación. En otros casos el pueblo es asociado al proyecto uribista como un todo: “Quiero agradecerles a Dios y al pueblo colombiano”.

En Gustavo Petro el concepto pueblo es sinónimo de acción. Este deberá liberar al país de los graves problemas que lo aquejan y le permitan desarrollar “las libertades individuales, reducir los miedos e incertidumbres de la desigualdad social”. En el discurso petrista se asocia el pueblo con la búsqueda de la paz, la democracia y la libertad y se rechaza la guerra: “Este pueblo inmenso colombiano está cansado de enterrar mártires, héroes, gente humilde, no quiere más escuchar a los que nos convocan, para que nuestros hijos se unten de sangre, este pueblo se merece el futuro”.

En ambos candidatos se encuentra también el concepto “popular” de manera importante. Duque, asegurando, en múltiples ocasiones, que se desconoció la voluntad popular expresada en el plebiscito por la paz. En el caso de Petro, calificando así su proyecto político: “El gobierno popular”, “la juventud popular”, “la movilización callejera popular” y “la voluntad popular”.

Otro concepto desarrollado por ambos pretendientes es el de la seguridad. Iván Duque destaca principalmente “la seguridad nacional”, “la seguridad jurídica”, “la seguridad privada” y “la seguridad democrática”. En su discurso, el concepto de seguridad tiene como elemento central el imperio de la ley, constituyéndose en un valor democrático para el “pleno ejercicio de las libertades”.

En el discurso de Gustavo Petro, la seguridad tiene una dimensión social. Se enmarca en “la seguridad preventiva”, “la seguridad ciudadana”, “la seguridad social y calidad de la vida” y “la seguridad humana”. Es así como arguye: “Las condiciones de seguridad son la equidad, la inclusión, el pacto social, no lo contrario”.

La sociedad, tema cardinal para liberalismo, izquierda y centro

En los candidatos De la Calle, Petro y Fajardo se destaca el concepto de la sociedad. Si bien estos candidatos plantean también los temas económicos, en sus discursos y propuestas, este es un asunto preponderante. ¿Qué nos dicen? Que es apremiante “construir una sociedad democrática, del conocimiento, que sea justa y libre”. Humberto de la Calle reitera la necesidad de defender “la sociedad liberal, respetuosa, que no discrimina por la diferencia”. Insiste en que la sociedad establezca un escenario en el cual la reconstrucción del tejido social sea posible y que no se base en el odio ni en la discriminación. Gustavo Petro incluye en su visión el tema medioambiental: “La sociedad del plástico es la sociedad del calentamiento global”. Y asegura que es necesario “un gran diálogo de la sociedad colombiana para enfrentar el cambio climático”.

De todos los candidatos, el más alejado del grupo es Sergio Fajardo. Esto se explica por la diferencia sustancial en el vocabulario utilizado. Su proyecto pasa por la necesidad de cambiar la mentalidad de la sociedad colombiana. Fajardo expone tres grandes ejes temáticos: el de la corrupción, el de la nueva política y el educativo. Los conceptos más repetidos son: ‘corrupción’, ‘malestar’, ‘diferente’, ‘política’, ‘voto’, ‘gobernar’, ‘clientelismo’, ‘educación’, ‘dignidad’, ‘pedagogía’, ‘convicción’, trampa’, ‘robo’, ‘oportunidades’, ‘rabia’, ‘ético’. Los graves problemas de corrupción, ilegalidad y violencia del país pasan por una revolución de los valores. De manera vehemente reitera: “No solo se trata de leyes, sino que hablamos de un problema profundo de la sociedad. Un ejemplo es la campaña electoral, porque los que compran líderes llegan a los cargos a robar y practican la corrupción con los contratos”. Esa sociedad que plantea Fajardo está centrada en dos instrumentos muy suyos: gobernar con méritos y transparencia.

Dos visiones del mundo: Vargas y Fajardo

Es interesante notar que la ruptura léxica más significativa se da en la visión del mundo de Germán Vargas y Sergio Fajardo. Mientras que en Vargas son marginales los temas de la sociedad, la corrupción, la pedagogía y la indignación, este centra su discurso en proyectos muy concretos de infraestructura. En Sergio Fajardo, por el contrario, se desarrollan asuntos aparentemente más etéreos, pero que son la base del contrato social. Allí no solo se expone la cobertura en educación, sino el cambio de mentalidad de los ciudadanos y la transformación de la política a través de la pedagogía, su verdadera herramienta. El discurso que algunos perciben como tibio contiene elementos de fondo: “Llegar a la presidencia sin comprar un voto, sin pagarle a nadie”. Su propuesta es un rechazo contundente a la maquinaria y la vieja política. En sus planteamientos se destaca el concepto diferente. ¿A qué se refiere? La necesidad de gobernar de manera diferente y construir un país diferente donde el respeto sea el corazón de la sociedad. Fajardo como profesor utiliza ampliamente la palabra ‘significa’ para explicar sus propósitos: ¿qué significan la educación, la política, la corrupción y la reconciliación?

Sin duda, asistimos a una batalla entre el establecimiento tradicional con sus maquinarias y quienes no han llegado al poder y quieren una renovación de la política tradicional. ¿Cuál es el mejor proyecto para Colombia? ¿La continuación del santismo en el varguismo? ¿La ruptura con el santismo y el cambio estructural de los acuerdos de paz con el duquismo? ¿La consolidación de la paz con el delacallismo? ¿La revolución popular y la agenda del cambio climático con el petrismo? ¿O la revolución de los valores morales, la lucha contra la corrupción y el cambio de la política con el fajardismo? Los votantes tendrán la última palabra el próximo 27 de mayo.

MARÍA FERNANDA GONZÁLEZ
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
* Ph. D. Universidad de la Sorbona (París). Profesora invitada, Centro Internacional de Gobierno y Marketing Político. Universidad Camilo José Cela, Madrid (España). Autora de ‘Los pretendientes la Casa de Nariño’ (Intermedio editores y EL TIEMPO) 2018.

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