Colombia decide hoy entre derecha e izquierda

Colombia decide hoy entre derecha e izquierda

Iván Duque y Gustavo Petro se disputan en las urnas el primer cargo de la nación.

Elecciones presidenciales en Colombia

Los colombianos están convocados a las urnas para elegir al nuevo presidente de la república entre Iván Duque y Gustavo Petro.

Foto:

Luis Robayo / AFP - César Melgarejo / EL TIEMPO

17 de junio 2018 , 08:47 a.m.

Las elecciones presidenciales de este domingo no serán como todas las que se habían visto hasta ahora en Colombia. Hay muchas diferencias. Por primera vez, dos candidatos que representan expresiones de derecha e izquierda muy caracterizadas –Iván Duque, del Centro Democrático, y Gustavo Petro, de Colombia Humana– se enfrentarán en una segunda vuelta para definir quién se queda con el poder Ejecutivo.

Por décadas, los colombianos asistieron a disputas por el gobierno entre liberales y conservadores que, aunque alegaban diferencias ideológicas importantes, tenían más semejanzas y puntos de confluencia que de choque.

Y si bien la izquierda ha estado presente en la política colombiana desde hace décadas y su participación en cargos de elección popular ha venido en ascenso, lo cierto es que esta es la primera vez que esa opción política se aproxima a las urnas con posibilidades importantes de hacerse con el control del Gobierno.

Carlos Gaviria había sido el candidato presidencial de izquierda que más lejos había llegado en las urnas. En 2006 fue a primera vuelta con Álvaro Uribe y obtuvo 2’595.000 votos. Pero Petro viene de superar de manera significativa esa cifra. En la primera vuelta logró 4’851.254 votos, lo que ha permitido que por primera vez un exguerrillero (Petro fue miembro del M-19) llegue a una segunda vuelta presidencial a disputar el poder.

Antonio Navarro Wolff, también ex M-19, fue candidato presidencial en 1990 y 1994, pero en ninguna de esas oportunidades logró pasar de un tercer lugar.

El trofeo más importante que la izquierda colombiana ha logrado hasta ahora en las urnas es la Alcaldía Mayor de Bogotá, a donde llegaron Lucho Garzón, Samuel Moreno y el propio Petro. Los resultados del paso de la izquierda por el segundo cargo de elección popular más importante del país todavía son motivo de discusión, no solo por la poca eficacia de sus administraciones, sino porque en casos como el de Moreno se vivió uno de los mayores escándalos de corrupción de todos los tiempos.

A Navarro, en cambio, se le reconoce una buena gestión en sus ejercicios como alcalde de Pasto y gobernador de Nariño. Y también como ministro de Salud en el gobierno de Gaviria.

Esto dicen los sondeos

Según las últimas encuestas sobre intención de voto, la diferencia de Duque sobre Petro es superior a los 10 puntos porcentuales. Y, a juicio de los encuestadores, no ha habido hechos que cambien esas tendencias de manera significativa los últimos días. Con lo cual el candidato del Centro Democrático llega a las urnas como favorito.

“Esta semana no hubo ningún fenómeno contundente que hubiera modificado las tendencias de las últimas mediciones. El único hecho significativo fue que Sergio Fajardo reiteró su decisión de votar en blanco”, dijo Víctor Muñoz, de la encuestadora Guarumo. No obstante, ya se sabe que una cosa es la intención de voto, donde la gente expresa su opinión, y otra cosa es el veredicto de los que hoy se desplazarán hasta las urnas para sufragar. Ellos son los que finalmente deciden.

Según varios expertos, la cita de los colombianos con las urnas este domingo no es algo menor. Aparte de la importancia que tiene elegir al hombre que conducirá los destinos de la nación por los próximos cuatro años, los ciudadanos van a escoger por primera vez entre dos propuestas realmente diferenciadas.

Duque y Petro tienen concepciones muy distintas en materia de principios ideológicos, modelo de Estado y prioridades a la hora de gobernar.

En resumen, Petro es partidario de una mayor presencia e intervención estatal en la conducción de los destinos del país, de que haya un Estado más fuerte y capaz de cambiar el rumbo de las cosas; mientras que Duque defiende un modelo donde se garantice y potencie la iniciativa privada y el libre mercado, con el acompañamiento de un Estado más eficaz.

En buena parte, un gobierno de Duque sería muy parecido, en líneas generales, a los dos periodos de Álvaro Uribe (2002-2010), defensor de la seguridad, la inversión privada, la estabilidad económica y la cohesión social. Lo que habría bajo su mandato, señalan algunos analistas, es reformas en pro de mejorar y hacer más eficiente el modelo existente.

Petro, por su parte, propone cambios grandes y controversiales en varios frentes. Desde la eliminación de las EPS para darle al Estado un mayor rol en la atención de la salud de los colombianos y gravar las tierras ociosas (como se hace en buena parte de Europa), hasta cambiar el modelo de ahorro pensional de los colombianos para que el sistema público pueda competir mejor con el privado, además de que parte de esos recursos puedan ser invertidos en sectores productivos que ayuden a impulsar el desarrollo del país. Lo que desde luego suscita preguntas sobre el buen manejo de esos recursos, pues ese es un terreno, opinan expertos, donde el sector público no ha brillado.

El rector de la Universidad del Rosario, José Manuel Restrepo (economista), considera que, en efecto, Duque y Petro “representan dos modelos económicos muy diferentes”. Y añade: “Difícilmente en nuestra historia se encuentra una discusión con aproximaciones tan distintas sobre el modelo económico para ser resuelta en las urnas”, como ocurrirá hoy.

Y el tema se ha traducido en una fuerte polarización en la cual se han soltado duras acusaciones de lado y lado.

El exministro y exconstituyente Jaime Castro cree que Petro, más que a la izquierda, representa el populismo. Y añade que ese populismo implica “muchos peligros para una sociedad, entre otras razones porque no le importa poner en riesgo la economía, los recursos del Estado y la misma institucionalidad”.

Castro considera que el riesgo con Petro en ese sentido es tan claro que los mismos líderes de Alianza Verde, para darle su respaldo, tuvieron que hacerle firmar al candidato, en mármol, algunos compromisos como no convocar una asamblea constituyente, respetar la iniciativa privada y manejar con criterio de ‘sagrados’ los recursos públicos.

No por casualidad, esta semana todos los gremios de la producción le expresaron su apoyo a la propuesta política y económica de Duque. El Consejo Gremial Nacional –integrado por 21 gremios de todas las actividades económicas que en conjunto representan el 60 % de la producción nacional y generan el 73 % del empleo formal de la economía– le dijo a Duque que “su programa es claro”, subrayando que “la agenda reformista que propone se realizaría dentro de los cauces institucionales para inspirar un nuevo país”. Es evidente que su talante de persona estudiosa, moderada y respetuosa de las ideas contrarias, le ha permitido ganarse la confianza en los sectores políticos y económicos que en algún momento se plantearon algunas dudas por el evidente cambio generacional que implicaría su llegada a la Presidencia.

Pero volviendo al tema de la polarización, desde la otra orilla política se denuncia la existencia de una intensa ‘campaña del miedo’ para descalificar a la izquierda y sus propuestas, e impedir que sectores alternativos puedan llegar al poder. Una campaña que tiene como estandarte la idea de que si Petro gana la elección de hoy, instauraría en Colombia un régimen similar al que Chávez y Maduro implantaron en Venezuela.

El senador del Polo Democrático Iván Cepeda responde que ninguna de las propuestas de Petro puede tildarse de “demagogia populista”, que ese es “un cliché con el cual se han querido estigmatizar sus planteamientos”, pero que eso no resiste ningún análisis serio, pues se trata de “diagnósticos supremamente bien argumentados y en los que hay propuestas y soluciones viables para el país”. Añadiendo que Petro no es ninguna amenaza a la institucionalidad, ya que él “ha sido desde el inicio un férreo defensor de la Constitución del 91 y del Estado social de derecho”.

“No creo –dijo– que reclamar que haya un replanteamiento del modelo de explotación minero-energético, que ha llevado a la economía colombiana a sufrir una especie de enfermedad holandesa, o plantear soluciones al problema de la bomba pensional o de la situación de la salud sea ser ‘populista’. Más populista es ondear la bandera del ‘castrochavismo’. Eso sí es demagógico”.

Como sintetiza Fabián Acuña, profesor de Ciencia Política de la U. Javeriana: “En Colombia no habíamos tenido una elección tan polarizada en términos ideológicos”.

Difícilmente en nuestra historia se encuentra una discusión con aproximaciones tan distintas sobre el modelo económico para resolverlo en las urnas como ocurrirá este domingo

Los retos

Independientemente de quien resulte vencedor hoy en las urnas, está claro que uno de los principales retos que tendrá el país es superar el clima de polarización que se vivió durante esta campaña. Y no hay duda de que contribuir a este propósito será una de las principales tareas de quien resulte elegido como nuevo presidente.

Otro de los grandes retos de esta segunda vuelta será la participación. La primera vuelta marcó un hito en este sentido con un positivo 53 por ciento de concurrencia a las urnas (algo similar no se veía desde el fin del Frente Nacional). Pero esta polarización, con la cual muchas personas no se identifican, así como el hecho de que el centro se haya quedado sin candidato podrían hacer que muchos colombianos no fueran hoy a las urnas. Y eso sería lamentable para la democracia del país.

Otra de las expectativas de la jornada se concentra en el resultado que obtendrá el voto en blanco, que sería la opción de los ciudadanos que no se sienten cómodos ni con Duque ni con Petro. Las últimas encuestas de intención de voto le daban al sufragio en blanco un porcentaje cercano al 11 por ciento. Y cabe anotar que en la primera vuelta solo se decantó por esta opción el 2 por ciento de los votantes.

Adicionalmente, la diferencia de votos que obtenga el vencedor sobre el vencido dará luces importantes sobre lo intenso que será o no el debate político en los próximos años. Una diferencia estrecha sin duda crearía un clima de mayor pugnacidad y le daría a la oposición una fuerte legitimidad, mientras que una diferencia amplia le daría al elegido un mejor ‘clima base’ para su gobernabilidad.

Varios analistas creen que las elecciones de hoy podrían dar origen a un nuevo mapa político marcado por la existencia de dos grandes bloques: una nueva derecha y una nueva izquierda fuertes. Y un tercer bloque de centro, más bien pequeño.

El bloque de derecha, mayoritario, podría superar el 60 por ciento de las curules en el Senado, mientras que la izquierda se aproximaría al 25 por ciento.

Y todo indica que el candidato que hoy sea derrotado en las urnas quedará ungido automáticamente como jefe de la oposición. Oposición que tendrá, por primera vez, todo un estatuto de derechos para su defensa.

Un día importante en el que ningún colombiano debería olvidar su deber con el país y con la democracia.

POLÍTICA
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