Elecciones Presidenciales y Congreso 2014

Elecciones 2014: Elecciones Presidenciales Colombia 2014
Elecciones Presidenciales y Congreso 2014

Las horas difíciles para Óscar Iván Zuluaga

Cuando las encuestas lo ubicaban cerca al presidente llegó el chaparrón con el escándalo del hacker.

Por: DAVID FERNANDO MONTES ACOSTA

Óscar Iván Zuluaga compartió con la gente de Villavicencio. Archivo particular

Óscar Iván Zuluaga compartió con la gente de Villavicencio. Archivo particular

El cielo gris capitalino presagiaba una tormenta que nadie sospechaba a las siete de la mañana del pasado martes. Sobre todo, porque parecía que ese sería un día feliz para el candidato presidencial del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga, ya que si bien no parece empecinarse con las encuestas, los últimos resultados de algunos sondeos le sonreían y hacían pensar que había un motivo para celebrar.

La primera cita del día era una entrevista en un canal comunitario y el teléfono de Zuluaga no paraba de sonar desde las 5 y media de la mañana.

En los trayectos a Zuluaga le gusta escuchar por radio a sus rivales por la Presidencia y se concentra por instantes cortos en lo que dicen ellos. Su hijo Esteban, reportero gráfico de la campaña, casi siempre lo acompaña y está pendiente de él.

En esas primeras horas todo era alegría gracias a la confianza que le infundían las encuestas, y a que los periodistas que lo entrevistaban coincidían en una cosa: “Parece estar muy cerca de ser presidente”.

El apoyo de Pacho Santos era otro motivo para estar contento ese día. Después de un largo silencio respaldaría su campaña. Había cierta alegría en su rostro. Ya era casi el mediodía y de pronto se comenzó a murmurar a su alrededor que habían descubierto un centro ilegal desde donde “ ‘chuzaban’ al Presidente”.

Al cabo de un rato, cuando iniciaba su viaje a Villavicencio, el escenario de Zuluaga cambió. Ya las llamadas no eran para felicitarlo por las encuestas ni por el respaldo de Pacho, eran para preguntarle por la presunta relación de su campaña en el escándalo de las ‘chuzadas’.

Después de un viaje corto, Zuluaga arrancó la agenda en Villavicencio, mientras altos directivos de la campaña se reunían en Bogotá, dentro del mayor hermetismo, para analizar la situación del espionaje, que terminó siendo el mayor golpe hasta ahora contra su campaña.

Pasado el mediodía tuvo que comenzar a afectar su agenda para preparar el primer comunicado en el que admitió que el hacker Andrés Sepúlveda sí había sido contratado por su campaña para liderar todo lo relacionado con redes sociales y seguridad informática.

En la tarde Zuluaga asistió a un foro con ganaderos de esa zona, pero el tema del escándalo eclipsó el discurso sobre el campo, que tenía previsto.

Antes de caer la noche asistió a la inauguración de una sede de jóvenes, pero ahí todo cambió. Sus asesores tuvieron que suspender el evento para que atendiera los llamados que le hacían con insistencia desde todos los medios para que respondiera todo tipo de interrogantes.

“Tuvimos que sacarlo porque todos los medios querían hablar con él”, dijo su hijo Esteban, quien comentó que el teléfono parecía endemoniado.

La agenda se truncó, y como en un desfile interminable, Zuluaga atendía medio tras medio con un dejo de confianza, pero con una mirada confundida por el abrupto cambio que le había deparado la jornada. El candidato pasó de aclamado a señalado.

Luego de casi tres horas de responder las mismas preguntas y dar las mismas respuestas, Zuluaga llegó al último acto de campaña en el Parque de la Vida. En ese momento y a pesar del apoyo de sus seguidores, el daño parecía ya estar hecho y había preocupación entre sus colaboradores.

Sobre las 9 p. m., en plena tarima, algo sudado y trajinado, el candidato comenzó a firmar autógrafos en los que escribía con letra apenas legible: “Con mucho cariño” y luego su firma, al mejor estilo de las estrella de rock. Este ejercicio se prolongaría por cerca de media hora.

Cuando ya no había más que firmar, y cuando las luces de las cámaras fotográficas poco a poco se apagaban, Zuluaga se dirigió a su camioneta para cumplir la última reunión, esta vez privada, junto con su equipo.

Pero en esta ocasión no se fue caminando, sino corriendo para no mojarse, porque la tormenta que lo perseguía desde las primeras horas de la mañana se había desatado desde el cielo llanero, incontrolable.

En la mañana siguiente Zuluaga tuvo que cancelar su agenda y volar a Bogotá, donde, desde entonces, no ha tenido tranquilidad.

DAVID FERNANDO MONTES ACOSTA
REDACCIÓN POLÍTICA

Publicidad

Publicidad