Elecciones Presidenciales y Congreso 2014

Elecciones 2014: Elecciones Presidenciales Colombia 2014
Elecciones Presidenciales y Congreso 2014

Juan Manuel Santos / Perfil

El presidente que aspira a la reelección fue ministro de Defensa, Hacienda y Comercio Exterior.

Por: JOSÉ ANTONIO SÁNCHEZ

Santos forjó buena parte de la disciplina que lo caracteriza en su paso por la Armada Nacional.

Santos forjó buena parte de la disciplina que lo caracteriza en su paso por la Armada Nacional.

Por las venas de Juan Manuel Santos corre agua aromática. Eso dice su esposa, María Clemencia, y lo repite su hija, María Antonia. Pareciera que una infusión de toronjil, yerbabuena o poleo recorriera su torrente sanguíneo y evitara una explosión de su temperamento en los momentos más difíciles.

Quizás es una cualidad que le viene de niño, cuando casi pierde la vida al intentar prender un volcán de gasolina que le produjo quemaduras en piernas y brazos, y que le obligó a permanecer hospitalizado durante tres largos meses.

“Es un tipo sereno, no se altera fácilmente; para manejar esta jaula de locos se necesita una gran dosis de serenidad”, dice el expresidente Ernesto Samper, a quien desafió con un inusitado plan de paz durante su Gobierno (1994-98), que implicaba la renuncia del entonces mandatario.

Hoy, aseguran, los dos resolvieron pasar la página.

Santos prefiere atribuir su calma al pragmatismo que ha conseguido durante sus casi 63 años de vida. “Soy bastante pragmático y he desarrollado algunas defensas para que las cosas no me afecten”, dijo Santos en la primera de las dos entrevistas que le ha concedido a la revista Bocas.

Según su hija, María Antonia, pareciera que su padre hubiera desarrollado una dura coraza, resistente a las críticas y a los malos momentos. Ni siquiera, confiesa el menor de sus hijos, Esteban Santos, el Presidente lloró cuando tuvo que enfrentar un cáncer de próstata. En ese episodio, en cambio, fue él quien procuró tranquilizar a su familia.

Santos tampoco se incomodó con el comercial de su primo Francisco Santos, en el que recomienda votar por Óscar Iván Zuluaga, su principal adversario; mantuvo la calma en el paro agrario, uno de los episodios más difíciles de su Gobierno; capotea las críticas de su antecesor y se ríe de sí mismo por haberse caído de una bicicleta en Apartadó. “Él siempre ha tenido esa capacidad: en cualquier escándalo o dificultad nos transmite calma y tranquilidad a la familia”, cuenta Esteban.

Es un pragmatismo que ha estado acompañado de dos activos fundamentales que Santos ha tenido en su vida pública y que le reconocen y admiten amigos y adversarios: disciplina y audacia. Sobre la primera no hay mayor discusión y de sobra se sabe que es parte fundamental en la vida de un político.

Santos madruga, hace ejercicio y quema 350 calorías diarias, trabaja en extensas jornadas, se mantiene a punta de Coca-Cola, maní y tres o cuatro chocolatinas light y cambia muy rápido su chip mental para cumplir con esa doble condición de Presidente y candidato.

La disciplina la forjó en su paso por la Armada Nacional en Cartagena, cuando decidió culminar sus dos últimos años de bachillerato en la academia de esa institución. En esos años, lo molestaban por el color rojizo de su piel, propia de los cachacos que visitan la Costa, y lo indigestaban con cinco platos de peto al desayuno, un menú que no está entre sus favoritos.

La diferencia de Santos estriba en su audacia, que para muchos tiene más pinta de ambición. Santos dejó la comodidad de nueve años en la subdirección de este diario para iniciar una azarosa vida pública, que lo llevó a convertirse en el primer Ministro de Comercio Exterior que tuvo el país.

Después se codeó con Horacio Serpa en una disputa por el Partido Liberal, cuando el caudillo santandereano tenía más de 5 millones 658 mil votos de cauda electoral y él, sin haberse sometido al cedazo electoral, era señalado con mofa como el candidato del margen de error en las encuestas.

Luego saltó a la ola del uribismo, se convirtió en creador del partido de ‘la U’ e impulsor de la reelección de Álvaro Uribe, quien lo nombró Ministro de Defensa. Fue una posición en la que avivó un constante pugilato con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y ejecutó órdenes complejas, como la incursión en Ecuador para dar de baja a ‘Raúl Reyes’, el ‘canciller’ de las Farc.

Y en otra muestra de audacia inusitada, Santos cambió de manera radical ese norte político cuando llegó a la Presidencia y restableció las relaciones con Chávez, a quien llamó entonces su “nuevo mejor amigo”, e inició contactos secretos con las Farc, que desembocaron en un diálogo de paz en La Habana (Cuba), donde ya se ha concretado un histórico acuerdo parcial de tres puntos.

Antes del anuncio formal de los diálogos y en plenos contactos secretos, su Gobierno logró dos trofeos militares indiscutibles: las bajas de Jorge Briceño Suárez, alias ‘Mono Jojoy’, y ‘Alfonso Cano’, máximo comandante de esa organización guerrillera.

“Es capaz y calculador. Lo que se propone lo logra”, dice Esteban Santos en un intento por disipar las sindicaciones de incoherencia política que hacen los antiguos aliados de su padre. “Todos los políticos tenemos un sentido de la oportunidad y él supo leer que era la hora de la paz”, añade el representante Guillermo Rivera.

El uribismo, en cambio, dice que Santos se hizo elegir con unas ideas, y que desarrolló otras. “Cuando era Ministro de Defensa tenía otros principios. Se hizo elegir con los votos de Uribe y cambió”, dice la representante uribista Tatiana Cabello.

Un lugar en la historia

Una buena parte de sus seguidores cree que Juan Manuel Santos quiso ser presidente desde niño. De hecho, hace cuatro años uno de sus amigos del colegio San Carlos contó que cuando el mandatario tenía 14 años se brillaba las uñas y se cuidaba las manos porque tenía la firme intención de ser Jefe de Estado.

Pero en una entrevista que le concedió a la periodista Margarita Vidal en el 2010, para la revista Credencial, aseguró que no era cierto que soñara con la Presidencia en su época de adolescencia y, después, en un reportaje con María Elvira Arango, dijo: “Eso que dicen que yo desde chiquito quería ser presidente es paja”.

Su vocación parece despertarse después de nueve años en la Organización Internacional del Café (OIC) y de otros nueve en la Subdirección del periódico EL TIEMPO, cuando calcula que tendrá que esperar 20 o 25 años para llegar a la dirección del diario.

“Fui a donde ‘El Cofrade’, Alfonso Palacio Rudas, quien me dijo: ‘Usted tiene que escoger y yo sé qué va a escoger: tener una gran influencia, que es lo que tiene el Director de EL TIEMPO, o tener el verdadero poder, que es cuando uno firma ‘publíquese, comuníquese y cúmplase’ ”, cuenta Santos.

Ahora parece enfocado en el lugar que quiere ocupar en la historia, una obsesión que tiene todo Presidente. Un historiador podría decir que con la Ley de Víctimas y su insistencia en el programa de restitución de tierras podría estar saldando la cuenta social que dejó su tío abuelo Eduardo Santos, cuyo gobierno (1938-1942) fue llamado ‘La Gran Pausa’, por el freno a las reformas que impulsó previamente Alfonso López Pumarejo.

La familia presidencial no lo considera así y más bien cree que esa figura, la de ‘La Gran Pausa’, se podría aplicar, pero con respecto al gobierno de Álvaro Uribe, caracterizado por un tono ideológico de derecha. Y en cuanto al lugar que quiere ocupar en la historia, hay que decir sin ambages que le gustaría ser recordado como el mandatario que logró la paz en Colombia.

Santos, valga la pena recordarlo, tiene como referentes históricos a López Pumarejo y a su tío abuelo, en la política local; y a Winston Churchill y Franklin Roosevelt, en la internacional.

De hecho, cuando fue nombrado Ministro de Hacienda en el gobierno de Andrés Pastrana, en medio de una fuerte recesión y una cruda crisis política por los anuncios de revocatoria del Congreso, sorprendió con la estoica y, al mismo tiempo, desalentadora frase de Churchill: “Solo les ofrezco sangre, sudor y lágrimas”.

En ese entonces, emprendió una dura reforma de las transferencias a las regiones que lo enfrentó con los maestros y creó los satanizados cupos indicativos para calmar a una feroz oposición. El diario El Espectador retrató su desempeño en un perfil que tuvo como provocador título: ‘Santos o demonio’.

“Cuando acepté el Ministerio de Hacienda en la peor crisis económica de Colombia (…) pensé: ‘Lo voy a arreglar, pero voy a quedar tan impopular que hasta ahí llegué’ ”, confesó hace un par de años.

Política y riesgo

Pero su carrera continuó, pese a las duras medidas. Sobrevivió a esta, como a otras situaciones complejas: el escándalo de los ‘falsos positivos’, el fiasco de la reforma de la Justicia o las frases disonantes, como decir que “el tal paro nacional agrario no existe” o que su primo Francisco Santos “tiene sida en el alma”.

¿Buena estrella?, ¿benevolencia de sus amigos de la prensa?, ¿oposición débil?, ¿un apellido que infunde mucho respeto? Cada quien tiene su explicación, pero lo cierto es que ahí está en el puesto más deseado de la clase política colombiana y con la opción de quedarse otros cuatro años, si los electores lo deciden.

Muy pocos se le enfrentan: el uribismo y el senador Jorge Enrique Robledo, quien asegura que es “un hombre de extrema derecha dedicado a engañar”, en temas como la restitución de tierras, las viviendas gratis y la reforma de la salud.

Santos, si gana, seguirá desestimando estas críticas y tomando riesgos por dos razones: primero, porque su hijo Martín dice que la frase que más repite es: “Ningún viento es favorable para quien no tiene un puerto de destino”, y segundo, porque el mandatario asegura que el mejor consejo que pudo recibir de su abuelo Calibán fue: “Mijito, cuando llegue a mi edad (tenía 86 años) no se arrepienta de lo que hizo, eso no importa. Arrepiéntase de lo que dejó de hacer”.

JOSÉ ANTONIO SÁNCHEZ
Editor de ELTIEMPO.COM

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