Elecciones Presidenciales y Congreso 2014

Elecciones 2014: Elecciones Presidenciales Colombia 2014
Elecciones Presidenciales y Congreso 2014

Enrique Peñalosa / Perfil

Transformó a Bogotá y tiene fama de mal político y excelente administrador.

Por: YESID LANCHEROS

El candidato de la Alianza Verde posa en su apartamento, cerca del parque del Chicó.

El candidato de la Alianza Verde posa en su apartamento, cerca del parque del Chicó.

Una vez, en Nueva York, Álvaro Uribe se sintió amenazado por Enrique Peñalosa. Corría el 2001 y el exalcalde de Bogotá figuraba en las encuestas como el favorito para llegar a la Casa de Nariño en el 2002, por encima del exgobernador de Antioquia y del exministro Horacio Serpa.

“Ese día, Uribe se me acercó en un evento en esa ciudad, donde estábamos reunidos con colombianos, y me preguntó si iba a lanzarme, con algo de preocupación”, cuenta el hoy candidato presidencial de la Alianza Verde.

Pese a tener la Presidencia casi asegurada hace 13 años, el exalcalde declinó y no participó en la elección. Para algunos fue un gran error, teniendo en cuenta que meses atrás había dejado el Palacio Liévano con una aprobación a su gobierno del 70 por ciento, la más alta de un alcalde en la historia reciente de Bogotá, según la firma Gallup.

Pero él prefirió optar por un respiro, luego de su mandato en la capital del país (1998-2000), y se dedicó a su familia y especialmente a su hijo Martín, de 4 años en aquella época, a quien no había podido cuidar por la intensidad con la que ejerció la alcaldía.

“Dije para mis adentros que me lanzaría la próxima vez (2006), pero lo único que no calculé fue que Uribe iba a ganar y a cambiar la Constitución para hacerse reelegir en ese año”, anota este economista de la prestigiosa Duke University (EE. UU.), con títulos de maestría y doctorado del Institut International d’Administration Publique y de la Universidad de París.

Esta historia refleja uno de los principales rasgos de Peñalosa: es un hombre que no hace cálculos políticos y ese comportamiento le ha costado. De siete elecciones, ha ganado una, la de la Alcaldía a finales de los 90, donde se enfrentó a Carlos Moreno de Caro. Por eso, muchos dicen que es pésimo político, que no sería elegido ni administrador del edificio del norte de Bogotá donde vive con su esposa, Liliana Sánchez, con quien se casó en agosto de 1981.

Pero esos mismos críticos lo califican como un excelente administrador. Al fin y al cabo, está probado que, en apenas tres años, le cambió la cara a la ciudad más grande del país con andenes, bibliotecas, colegios, jardines infantiles, ciclorrutas y TransMilenio, su obra más valorada.

Hoy, a los 59 años, Peñalosa, que compite por primera vez por la Presidencia, utiliza esa crítica como argumento para promocionarse como el candidato ideal para buscar una Colombia distinta, sin ‘mermelada’, ‘chuzadas’ o alianzas de última hora entre opuestos ideológicos.

“Hay una incompatibilidad entre ser buen político y buen gobernante. El político le dice sí a todo, promete mentiras y es irresponsable. En el Gobierno hay que decir no, tomar decisiones impopulares cuidar los recursos”, explica.

Y aun sabiendo que las elecciones se ganan a punta de promesas, Peñalosa sigue tomando distancia. “Yo prefiero ser responsable”, dice.

La senadora electa Claudia López, coordinadora programática de su campaña, admite que se distanciaron durante casi seis años por la cercanía del candidato con Álvaro Uribe, quien lo acompañó en su fallida aspiración a la Alcaldía en el 2011, cuando terminó derrotado a manos de Gustavo Petro. En esa oportunidad, el expresidente le cargó el megáfono en las correrías por el sur de Bogotá.

“Enrique creyó que eso de Uribe era intrascendente y no se iba a notar, porque él no sabe hacer acuerdos politiqueros –afirma López–. Aquí estamos rodeados de políticos sagaces y queremos es políticos decentes, como Peñalosa. Necesitamos calidad humana, no sagacidad política”.

Enrique Peñalosa nació en Washington y renunció a la nacionalidad estadounidense a los 21 años, porque “tenía claro que quería trabajar en Colombia, en lo público”. Es el mayor de cinco hermanos (los otros son Guillermo, Camilo, Natalia y Julián), formados en el hogar del político liberal Enrique Peñalosa Camargo, un bogotano que fue ministro de Agricultura y embajador ante la ONU, y la tolimense Cecilia Londoño.

“Él creció en una casa de clase trabajadora, donde se discutían los temas del país, ese era el día a día”, comenta el exsuperintendente Emilio José Archila Peñalosa, su primo y amigo. La familia fue socia de Punch, la desaparecida programadora de televisión.

El padre de Peñalosa, quien le transmitió la pasión por lo urbano, murió de cáncer a las pocas semanas de que él se posesionara como alcalde de Bogotá, en 1998. Esa vez, Peñalosa lloró, como lo hizo en el 2007, cuando perdió la Alcaldía Mayor frente a Samuel Moreno, del Polo Democrático, hoy en la cárcel por el escándalo del ‘carrusel’ de la contratación.

De su madre, hoy de 82 años, heredó el gusto por la botánica, una de sus inclinaciones menos conocidas. El líder de la Alianza Verde identifica los árboles y sabe sus variedades de memoria, como si hubiera estudiado una carrera afín. Su escuela fue el vivero de doña Cecilia.

Su hija Renata, de 27 años, recuerda que en su infancia “hacíamos muchos paseos, nos íbamos a las afueras de Bogotá y nos metíamos en los potreros. He visto fotos donde aparezco con el barro hasta el ombligo. Esos eran los planes durante los fines de semana, o ir a fábricas, como la de Alpina, en Sopó, a ver cómo hacían el queso”.

Un gran amigo de Peñalosa relata que, por esa cercanía con la naturaleza, casi se ahogan en el río La Miel, entre Cundinamarca y Tolima, hace unos 20 años: “Nos botamos en una canoa a hacer rafting, algo muy imprudente, y él decía que no importaba. Nos volteamos muchas veces y no nos ahogamos de milagro, pero hicimos el recorrido. Él siempre le saca provecho a la vida, tiene una gran capacidad de asombro y disfruta de las cosas sencillas. Es un niño grande, en el sentido positivo de la expresión”.

Su amor por la ecología fue reconocido en el 2009 con el premio Gotemburgo para el Desarrollo Sostenible, conocido como el ‘Nobel’ del medio ambiente. Esto lo cotizó aún más como consultor internacional en el tema urbano. De hecho, tiene una colección con la treintena de pasaportes y los cientos de libretas de apuntes que ha consumido en sus correrías por el mundo.

“Mi papá es apasionado, persistente y con muchos intereses. Le gusta leer, sabe de arte, de historia, de cultura, es muy curioso”, concluye su hija, que es socióloga y tiene una maestría en comunicación estratégica.

La administradora Liliana Sánchez, ‘candidata’ a primera dama de la Nación, es el polo a tierra de Peñalosa, quien “lo aterriza”, en palabras de Renata. “Tienen personalidades opuestas: mi papá es espontáneo, habla con todos, y mi mamá es más privada y muy centrada. A mi papá le encanta la montaña, y a mi mamá, la ciudad”, explica.

Enrique y Liliana se conocieron en la Universidad Externado, donde él fue decano de Administración de Empresas y su profesor de economía. Esperaron a que terminara el semestre para empezar a salir –él la llevaba a la casa en su carro– y Liliana se matriculó después en el Cesa.

“Me fijé en él porque es un hombre apasionado y se sale del molde. Creo que su principal virtud es la disciplina y su defecto, la terquedad, aunque esto último lo ha corregido con los años. ¡Es la sabiduría de la edad! Es un pésimo bailarín, pero se le perdona porque es un gran conversador. Algo que pocos saben es que cuando va a cine casi siempre se duerme. Mejor dicho, ronca en las películas”, afirma sonriente Liliana, su esposa desde hace 33 años.

Zoraida Rozo, la zipaquireña que fue la secretaria general de su alcaldía, anota que a su exjefe ‘le sacan la piedra’ la mediocridad y la impuntualidad, y destaca su preocupación por el futuro de los niños. De hecho, una de las fotos que están sobre su escritorio personal, en su casa, es la de Peñalosa rodeado de estudiantes en la inauguración de un colegio en Bosa.

Las leyendas urbanas

Aunque en la campaña actual no ha salido salpicado, Enrique Peñalosa sabe por experiencia lo que es la ‘guerra sucia’. Sus enemigos se han encargado de propagar mentiras como que él es dueño de centenares de taxis, de fábricas de cemento –para reparar las losas dañadas del sistema TransMilenio– y hasta de cadenas de supermercados.

Y hace poco un taxista, con el que Renata habló, salió con el cuento mayor: “Sin que supiera quién era yo, le pregunté por qué no votaba por Peñalosa, y me respondió que, cuando era alcalde, ese señor tenía una hija que era la dueña de TransMilenio. Me pareció la tapa, porque quiere decir que yo era una superempresaria a los 10 años. Uno no sabe qué pensar. En otra oportunidad, dijeron que teníamos un castillo en Irlanda. Los chismes son locos”.

Coincidencialmente, uno de los grandes amigos del exalcalde es el exembajador en el Reino Unido Mauricio Rodríguez, cuñado y asesor del presidente-candidato Juan Manuel Santos.

“Estoy de acuerdo con Antanas Mockus: si en Colombia no hubiera guerra, el hombre sería Peñalosa. Mi corazón está con él, pero mi cabeza está con Santos, el hombre de la paz. Ojalá Peñalosa regrese a la Alcaldía o a la Presidencia en el 2018”, señala Rodríguez, padrino de bautizo de Renata y quien califica al aspirante de la Alianza Verde como un “hombre honesto”.

YESID LANCHEROS
Redactor de EL TIEMPO

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