Elecciones Presidenciales y Congreso 2014

Elecciones 2014: Elecciones Presidenciales Colombia 2014
Elecciones Presidenciales y Congreso 2014

Marta Lucía Ramírez

La candidata del Partido Conservador es persistente y tenaz a la hora de ir tras sus objetivos.

Por: MARÍA PAULINA ORTIZ

Ramírez viajó por el país para convencer a las bases del partido de tener un candidato propio.

Ramírez viajó por el país para convencer a las bases del partido de tener un candidato propio.

Diez minutos. Diez minutos en su camioneta Land Cruiser blindada con escoltas adelante y atrás. Eso basta para darse cuenta de que la mente de Marta Lucía Ramírez está todo el tiempo pendiente de cada detalle. A la peor hora pico de un día entre semana, el carro la lleva de su oficina en la zona rosa de Bogotá hacia un asadero en el occidente, donde la esperan seguidores de barrios populares de la ciudad. Va con su portátil prendido encima de las piernas y su correo electrónico desplegado. Revisa su agenda, le pide a su secretario privado, que viaja con ella, que le envíe un mensaje a tal, habla por su celular con alguien de Santander sobre la posibilidad de aplazar el viaje del día siguiente, regaña a su conductor porque “Orlando, por favor, cuántas veces le he dicho que no maneje así, que no se les atraviese a los otros”.

Todo a la vez.

La mente de Marta Lucía Ramírez está atenta a lo grande y lo pequeño; esa es una de las características que notan los que trabajan a su lado. Le gusta tener el control y que lo que pase por sus manos salga a la perfección. Marta Lucía no perdió una sola materia en ningún mes durante sus años de colegio en el J. J. Castro Martínez. Tampoco rebajó su alto promedio en la Universidad Javeriana, donde se graduó en Derecho. El padre Gabriel Giraldo, mítico decano de esa facultad, les enviaba cartas a los papás de Ramírez en las que no sabía qué adjetivo buscar para no repetirse: alumna brillante, excelente, inteligente. La búsqueda de calidad es una meta que se impuso a sí misma y, para conseguirla, su temperamento fuerte (algunos la ven fría, aunque familia y amigos dicen que es “querendona”) le sirve de escudo.

Tenía 3 años y medio. Estaba en su casa, que quedaba en el Polo Club, un barrio bogotano de clase media. Había empezado una de las clases de piano que sus papás le pagaban con profesor particular. A su mamá eso la hacía feliz. Sin embargo, la niña no parecía muy cómoda con un profesor que la obligaba a estirar los brazos a la fuerza para que manejara mejor el teclado. Así que un día se levantó y dijo que no seguía en eso. Sí: a los 3 años y medio. Fue una de las primeras señales de su determinación. “Marta Lucía nunca se ha dejado manipular”, dice su mamá, con un tono de firmeza que explica en mucho el de su hija.

***

Marta Lucía Ramírez Blanco nació en Bogotá, en la clínica Palermo, el 4 de julio de 1954. La hija mayor del hogar formado por Álvaro Ramírez y Alba Blanco y en el que nacieron cuatro hijos más, varones, dos de ellos mellizos. En su infancia, casi como un juego, Marta Lucía asumió que dentro de su rol de hija mayor estaba la tarea de cuidar de sus hermanos menores. Así es todavía. Tanto que cuando alguno de ellos va a tomar una decisión importante busca a Martica (así le dicen en casa) para un consejo. Tal vez esa fortaleza que muchos le reconocen se deba a haber conocido la responsabilidad desde niña. Ambos padres trabajaban –él en Bavaria, ella en Seguros Tequendama– y con frecuencia estaba al tanto de la casa.

También, siendo niña, conoció el dolor. Cuando tenía 9 años, uno de sus hermanos mellizos murió a causa de una meningitis. Se llamaba Fernando y tenía 3 años. Ese ha sido uno de los golpes más duros que ha tenido que soportar, como el de la muerte de su abuela materna, Lucía Venturoli, una italiana que se sentaba a oír ópera con su nieta. Ambos dolores acabó por superarlos. Así como logró sobrellevar la ansiedad de pensar que no iba a poder ser madre. Marta Lucía se casó a los 21 años con el novio de toda su vida, Álvaro Rincón, un arquitecto de la Javeriana a quien conoció desde la adolescencia. Recién casados, empezaron la construcción de una casa en un terreno adquirido a crédito, y la búsqueda de un hijo. Cuando venía la noticia del embarazo, pronto llegaba también la de la pérdida. No se desesperó. Fueron ocho años de espera hasta que nació María Alejandra, su única hija, la niña de sus ojos, que hizo un paréntesis en su vida en Estados Unidos para venir a ayudar a su mamá en la campaña. Todos en la familia están convencidos de que Ramírez puede ganar. Pese a que las encuestas la sitúan en los últimos lugares.

***

Cuando tenía 15 años y medio y se graduó del colegio, Marta Lucía eligió seguir la carrera de Derecho. En casa no sobraba la plata, de forma que las matrículas las pagaban con un crédito que su mamá sacaba en el fondo de empleados de la empresa donde trabajaba. Marta Lucía usaba su tiempo libre para hacer tarjetas de bautizo, matrimonio, primera comunión, y ganar así unos pesos, que usaba en libros y ropa.

Por eso le vino bien que un día le ofrecieran aparecer en anuncios publicitarios de productos de belleza. Era una de las alumnas más bonitas de la facultad en esos años 70. De eso dan fe las fotos en las que ella se ve posando con champú o jabones. Fue la Diosa Juno. Sus papás no veían nada de malo en eso. Pero soltaron un no rotundo cuando se enteraron de que le habían propuesto ser Señorita Bogotá. La propia Marta Lucía se negó.

Sus ambiciones eran otras.

Diferentes de una pasarela.

Poco después de casada, a los veintitantos años, le dijo a su esposo que ella iba a ser la primera Presidenta de Colombia. No solo que quería ser: que lo iba a ser. Esa es la forma como se pone sus metas y trabaja hasta conseguirlas con una tenacidad que a veces se vuelve terquedad y puede llegar a incomodar al que no se acomode a su ritmo. Los estándares de calidad que ella se exige a sí misma los aplica a su equipo. Algunos se quedan en el camino. Es una disciplina que adquirió en casa, aplicó en la universidad y entrenó todavía más en sus años como asesora jurídica del empresario Luis Carlos Sarmiento Angulo, cargo al que llegó cuando tenía 25 años y que ella define como su “primer servicio militar”. No es sencillo trabajar con Ramírez, reconocen algunos colaboradores, aunque también dicen que ha mejorado en el control de su carácter y en el manejo de la comunicación.

La meta de ser Presidenta siguió en su cabeza, pero dormida, mientras empezó su vida profesional en el sector privado. Desde antes de graduarse, a los 17, había entrado de ‘patinadora’ en la Superintendencia Bancaria. Tan pronto obtuvo su título, fue ascendiendo en esa entidad. Después vino el cargo con Sarmiento, luego la presidencia de Mazdacrédito, de Anif, de Fedeleasing, de Invercolsa. En estos puestos demostró sus conocimientos, no solo de abogada, sino los adquiridos en sus especializaciones en Derecho Comercial, Alta Dirección Empresarial y Legislación Financiera, además de un fellow del Centro de Estudios Internacionales de Harvard.

Su primera responsabilidad en el sector público le llegó de parte del presidente César Gaviria, en 1990. La nombró directora del Instituto de Comercio Exterior. Tan pronto llegó a esa entidad le propuso a Gaviria un proyecto ambicioso: crear el Ministerio de Comercio Exterior.

Resulta posible imaginarla: trabajando de largo (duerme escasas cuatro horas al día), llenando fichas con cada tema, rodeándose de un grupo joven y comprometido. Es su estilo. El Ministerio se creó en el 91 y ella esperaba ser nombrada en el cargo. Parecía lógico, pero en política la lógica no funciona y ella empezó a aprenderlo. “Me dijeron que el Presidente necesitaba a una persona que fuera ‘alguien’ en la política”, recuerda hoy. Nombraron a Juan Manuel Santos y a ella le ofrecieron el viceministerio. Lo aceptó con humildad, pero también con la idea de que desde adentro podía seguir sembrando sus objetivos. De ese cargo salió de nuevo hacia el sector privado, hasta cuando Andrés Pastrana, en el 98, la llamó para ser la cabeza del Ministerio que había nacido con ella. Muchas de las políticas de exportación más exitosas son de esa etapa.

Cuando apenas empezaba su función como embajadora en Francia, donde Pastrana la nombró después de acabar su periodo en el Ministerio, recibió una llamada de Álvaro Uribe. La quería como su Ministra de Defensa. Ella lo pensó. Acababa de moverse con su esposo y su hija a París, y el tema militar no era lo suyo. Sin embargo, le pareció una buena prueba. Ramírez llegó a la cartera de Defensa y de inmediato marcó el paso: modificó el sistema de evaluar las acciones militares, cambió el sistema de contratación y quiso tener información de primera mano sobre el plan de seguridad democrática que iniciaba. Todo esto provocó resquemor entre unas fuerzas acostumbradas a otra cosa. Ella siguió en lo suyo: si algo sabe hacer es marcar su territorio. Pero se generó tal tensión entre la cúpula militar, que el resultado fue su salida del Ministerio luego de un año. Salida de la que se enteró por terceros y que define como “injusta e ingrata”.

Pero Ramírez es de las personas a las que una experiencia negativa, aunque duela, no la frena. Ese tiempo en la cartera de Defensa le sirvió para confirmar su deseo de hacer política. Olvidado el incidente de su salida del Ministerio (en política no hay buena memoria), entró en la lista al Senado por el partido de ‘la U’. En el 2006 fue elegida con la cuarta votación más alta: 68.405 votos. Puede sonar a contradicción que se mantenga en un mundo en el que ha sumado decepciones, como la que ella misma describió al ver cómo la mayoría de parlamentarios pasaban las leyes a pupitrazos y sin leer apenas un documento, mientras ella llegaba con sus fichas de cada tema para debatir.

Sin embargo, en ese momento tenía definido que su próximo paso sería ir por la Presidencia. Lograr ser candidata por ‘la U’ le iba a quedar difícil con Juan Manuel Santos en el mapa. Terminó por acercarse al Partido Conservador, con el que tiene puntos en común. Marta Lucía es católica (de misa cada domingo), cree en las instituciones, está contra el aborto, salvo en casos excepcionales, no apoya el matrimonio homosexual. En cuanto a doctrina, parece estar en casa. Logró ser elegida candidata, no sin controversia, pues parte de los conservadores sigue a Santos. Las encuestas no la favorecen. Pero eso, como cada obstáculo con el que se ha topado, no la detiene.

MARÍA PAULINA ORTIZ
Redacción EL TIEMPO

Publicidad

Publicidad