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Abril 25 de 2008

Construir, una actividad de alto riesgo para los arquitectos y la mano de obra que contratan

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Riesgos de accidentalidad en las obras

El 21 de abril, en Manga (Cartagena), dos obreros cayeron de un andamio de un cuarto piso. Sufrieron heridas, pero ante el riesgo de muerte vuelve a ser necesario llamar la atención sobre el tema.

Lo mismo ocurrió con 46.519 trabajadores del sector en el 2007 y, de nuevo, sucedió con 40.951 afiliados al Sistema General de Riesgos Profesionales en el 2006. De ese total murieron 16 por cada 1.000 accidentados, sin contar los que resultaron inválidos y con incapacidad permanente parcial.

Lo grave es que la mano de obra no calificada y algunos constructores que la contratan siguen asumiendo -en muchos casos- el riesgo de dejar de lado las seguridades social e industrial con el consecuente problema que eso implica: alta rotación de personal y, en muchos casos, accidente fatales en las construcciones.

"En muchos casos los inconvenientes parten desde el contacto con los contratistas que, a su vez, tienen proveedores de servicios que convierten el proceso en una cadena que fácilmente se puede escapar de las manos", asegura la ingeniera civil Myriam Dueñas, vicepresidenta técnica de Colmena ARP.

Aunque las empresas constructoras serias tratan de elegir a contratistas en quienes confiar (el que trabaja las estructuras, el de la mampostería o el que está a cargo de empañetar, entre otros), muchas veces se encuentran con que no están afiliados a las administradoras de riesgos profesionales y a la seguridad social, y en consecuencia no hay cobertura ante el riesgo de eventuales accidentes.

Mano de obra, de proyecto en proyecto...

Por la actual demanda de mano de obra, que es alta, y por ser no calificada, este personal pasa de proyecto en proyecto, buscando el mejor sueldo pero con alta frecuencia de deserciones.

"Efectivamente, la altísima rotación de los trabajadores y la inestabilidad laboral por el cambio permanente de los requerimientos de empleados de acuerdo con el avance de un proyecto, dificultan cualquier intento de control", asegura Gloria Maldonado, de la Dirección General de Riesgos Profesionales del Ministerio de la Protección Social, quien agrega que en un año pueden tener varios patronos y un empleo tan solo parcial.

"Incluso -agrega- pueden alcanzar una media de 1.500 horas de trabajo al año, mientras que en otras actividades económicas es más probable que laboren regularmente semanas de 48 horas y 2.500 horas anuales".

Algunos analistas sugieren que esto se debe al dinamismo de la actividad y a los cambios permanentes en las condiciones de trabajo que, finalmente, generan diversos factores de riesgo, entre ellos, la informalidad. Claro, sin contar los accidentes, que en algunos casos pueden ser fatales.

Un sector regulado, pero sin control

A la ingeniera civil Claudia Alfaro -experta en gestión ambiental, seguridad industrial y salud ocupacional- también le sorprende que un sector tan regulado presente estas inconsistencias. "Hay obreros que van tres días o una semana a un proyecto y ante una mejor oferta abandonan el trabajo".

"Eso no es nuevo y es producto, precisamente, de tareas que se realizan en cortos periodos de tiempo", asegura Alfaro, quien reconoce que las constructoras de peso que tienen grandes proyectos pueden darles cierta estabilidad a sus trabajadores y ubicarlos en diferentes obras, y que los problemas de seguridad social y accidentalidad tienen más impacto en pequeñas y medianas construcciones.

Sin embargo, ante esta informalidad ninguna está exenta de una eventualidad. Maldonado recuerda que la actividad de la construcción está catalogada como clase V, es decir, de alto riesgo, lo que significa que se tiene una probabilidad tres veces mayor de causar muerte y dos veces mayor de dejar personas lesionadas que en los demás sectores productivos.

Sonia Galvis, gerente en Colombia de la multinacional inmobiliaria Coldwell Banker, coincide con Alfaro en que las empresas serias no permiten que la mano de obra ingrese sin ser afiliada a la seguridad social y agrega que debería hacerse una campaña encaminada a facilitarle la vida al constructor a través del beneficio de los obreros a quienes -dice- "también hay que educar".

El arquitecto Orlando Calvo, representante de la Asociación Colombiana de Facultades de Arquitectura (Acfa), que en mayo próximo realizará un seminario sobre residencia de obra y en el que el tema de la seguridad industrial será analizado, agrega que la informalidad pesa cuando se quiere emprender la tarea que señala Galvis.

"La presión del día a día en una construcción y el hecho de que muchos de estos trabajadores dejen el puesto en cualquier momento hace que estos procesos se dilaten".

Para contrarrestar este problema, la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol) ha puesto en marcha el programa 'Manos que construyen', por medio del cual buscan contribuir al mejoramiento integral de la calidad de vida del obrero promoviendo el sentido de pertenencia con el sector; tras esa meta impulsan cursos técnicos cortos en el Sena, entre otros.

Aún así, el viceministro de Vivienda Luis Felipe Henao considera que la formalización del sector está en mora y depende de un proceso de tecnificación serio, pues es evidente que la mano de obra no calificada está a la deriva, pasando de actividad en actividad ya sea en el mismo sector edificador o en otros: ventas ambulantes e incluso, mototaxismo, como percibí recientemente en Valledupar donde no hay trabajadores de la construcción porque se han ido a donde ganan algo más, informalmente.

"La vulnerabilidad es un hecho y aumenta por los factores identificados: alta rotación de los trabajadores, especialmentre de los no cualificados; gran proporción de empleados sin experiencia y ausencia de gestión en salud ocupacional en la mayoría de los proyectos", concluye Maldonado.

GABRIEL E. FLÓREZ. G
Coordinador editorial Vivienda

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