Huyeron por el conflicto y al volver no tenían energía, solo cuentas por pagar.
Los días en que Helmer Álvarez alumbraba sus noches con una vela, en la vereda La Florida de San Carlos (Antioquia), parecen haber terminado. La luz eléctrica volvió para quedarse, como esperan que se quede el aire de paz que ahora respira la región.
En esa vereda, en la que Helmer ha labrado la tierra durante toda su vida y en la zona del oriente que bordea las más grandes hidroeléctricas del país, la oscuridad no era impuesta por la ausencia de energía sino por el terror del conflicto que obligó a los campesinos a irse para salvar sus vidas.
Pero además del miedo y el desarraigo, otra dificultad que creció mes tras mes mientras estuvieron desplazados fue su cuenta de energía. Los campesinos, que en ese momento tenían el servicio de la Empresa Antioqueña de Energía (EADE) y de Etaservicios, al regresar encontraron facturas impagables, producto del uso indiscriminado de la luz que hicieron miembros de grupos armados que ocuparon las casas o personas que aprovecharon el abandono para tomarlas temporalmente.
A otros les fue facturado el servicio a partir de consumos promedio, ante la imposibilidad de acceder al registro del contador porque la intensidad del conflicto no les dio la oportunidad de notificar el desplazamiento.
Mery y su familia sufrieron este flagelo. Salieron de su finca en el año 2002 para buscar refugio en casas de algunos parientes, en Medellín, pero al regresar tuvieron que vivir a la luz de las velas y cocinar con leña, porque la deuda de la energía era impagable. Igual sucedió con todos los habitantes de la vereda.
La era de EPM
Pero luego de los malos momentos se cumple la máxima que dice: "No hay mal que dure cien años..." pues hace siete meses las Empresas Públicas de Medellín (EPM) compraron la EADE y ahora, por fin, los campesinos de la cuenca del río Nare, que abarca las veredas en donde viven Helmer y Mery, tienen una nueva oportunidad de reconexión.
EPM se ha encargado de la rehabilitación de las redes eléctricas y se viene ocupando de la refinanciación de las deudas y de la reconexión.
"El servicio es muy bueno, ellos tienen muchos programas que nos benefician", dice Sandra Arboleda, una madre soltera que vive con su hijo Cristian en la vereda La Rápida de San Carlos.
Sin embargo, Mery sigue preocupada, lo mismo que la gente de su vereda, con el costo del servicio. Ellos, que acostumbraban pagar 4 ó 5 mil pesos mensuales por la energía, ahora reciben facturas de 25 y 30 mil. "Por eso estoy atrasada de nuevo y debo cuatro meses", confiesa.
Funcionarios de EPM se han reunido con representantes de la comunidad, alcaldes y personeros, para detectar los problemas que tiene la gente con respecto al servicio. Realizan jornadas educativas sobre energía eléctrica, consumos, tarifas, subsidios y uso racional. "Debe ser que nos falta capacitación en temas de ahorro", concluye Mery, que no deja de preguntarse por qué si viven cerca de una enorme fuente de energía la luz para ellos es tan cara.
Aun así, el de EPM es un servicio permanente que dejó atrás aquellas épocas en las que el fluido eléctrico se iba, incluso, por semanas. Es un servicio que requiere de capacitación a los usuarios y de la atención de la empresa para que todos perciban el beneficio y no vuelvan a alumbrar sus noches con la luz de una vela, esta vez por el temor a los altos costos de la energía...
ÉDGAR DOMINGUEZ
ESPECIAL PARA EL TIEMPO