'Urrutia consolidó la tarea cultural del Banco de la República'

'Urrutia consolidó la tarea cultural del Banco de la República'

Aquí el discurso del gerente del Banco de la República, José Uribe, en el homenaje a su antecesor.

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El Museo de Arte del Banco de la República lleva desde ayer el nombre del anterior gerente del Emisor, Miguel Urrutia Montoya.

Foto:

Archivo particular

23 de diciembre 2016 , 12:21 a.m.

Un conjunto de circunstancias históricas e institucionales, así como algunas intervenciones del azar, han llevado a que la actividad cultural del Banco de la República haya adquirido gradualmente un peso específico muy significativo dentro de sus tareas y responsabilidades a lo largo de sus 93 años de existencia.

Aunque no es del todo inusual que los bancos centrales de muchos países tengan museos, abran sus bibliotecas al público u ofrezcan ciertos servicios culturales en sus respectivos países, el caso colombiano es muy particular, principalmente porque la continuidad y diversidad de frentes de esta tarea –desplegada en la red de bibliotecas, el Museo del Oro con sus regionales y la colección de arte– han hecho que el banco adquiera de facto una posición de visibilidad y liderazgo nacionales prácticamente sin equivalente entre otras entidades oficiales o privadas.

Como cabezas de sus equipos de funcionarios, los gerentes generales del Banco de la República, cuya formación técnica se centra en la economía, el derecho o ciencias afines, deben realizar labores de orientación, planeación y ejecución de la política cultural de la entidad.

La forma como Miguel Urrutia Montoya concibió y desarrolló esta parte de su trabajo durante los doce años que estuvo al frente del banco fue realmente excepcional, en gran parte por la afortunada coincidencia de que a sus competencias profesionales se unían una gran curiosidad y apertura intelectual, así como una apreciación estética muy refinada.

Por todo eso, Urrutia veía la gestión cultural como parte integral de su papel en el banco, no como una carga adicional que recaía sobre un economista técnico; de hecho, era algo que disfrutaba.

Al concebir todas las funciones del banco como una unidad, Urrutia asignó al área cultural un papel estratégico, exigiendo que esa labor se ajustara a las prácticas presupuestales y de transparencia de toda la organización, ayudando así a que la actividad no solo creciera en colecciones, en presupuesto, en infraestructura y en programación, sino que se profesionalizara y adquiriera un alto nivel técnico.

Esa visión integral fue decisiva para la conversión de las sucursales del banco –que debieron cerrarse a partir de la década de los 90– en centros culturales.

Para el 2004, el banco contaba con una red cultural conectada en 28 ciudades y que le permitió mantener su presencia en las regiones, al igual que establecer nuevos paradigmas para la gestión cultural.

De acuerdo con Darío Jaramillo, subgerente cultural durante esos años, Urrutia llegó caminando hasta las oficinas de la subgerencia, en su primer día en el cargo, que entonces estaba donde queda hoy el Museo Botero, y mientras recorrían juntos los edificios iba preguntándose en voz alta: “¿Qué hiciéramos con esta manzana?”

En el año 2000, él mismo inauguraba en esa manzana un nuevo complejo arquitectónico dedicado al arte y la numismática, que incluye la generosa donación de Fernando Botero y el museo que lleva su nombre. Se abrieron además espacios para la colección permanente de arte y un edificio con las especificaciones necesarias para albergar en óptimas condiciones exposiciones temporales.

En el entretanto, Urrutia se había dedicado a fortalecer la colección con ojo de experto y con incansable rigor, trabajando de la mano de un comité asesor. Cientos de anécdotas han quedado como un eco entre las personas que lo acompañaron: la compra de la Violencia’ de Obregón, que pertenecía a Francisco Toledo; de las primeras monjas muertas, de Brueghel, las cuales entraron a la colección y en las que se retrata una imagen del paraíso terrenal con rasgo tropical.

Su amor y su conocimiento del arte nacional e internacional dejaron legados que hoy todos podemos disfrutar como patrimonio común y de forma gratuita. Aquí es importante recalcar el carácter gratuito de este servicio, porque ese fue otro tema recurrente en el que también Urrutia dejó su sello: el entendimiento de la cultura como patrimonio común cuya divulgación tiene un impacto positivo en el desarrollo de la sociedad, contribuyendo a hacerla más incluyente.

Después de su período en la gerencia general, Urrutia no abandonó su trabajo de gestor y lideró la formación de la Fundación de Amigos de las Colecciones de Arte del Banco de la República, cuya misión es apoyar en dos líneas fundamentales: la compra de arte internacional y la labor didáctica.

Por años continuó trabajando como miembro del comité asesor y ocupándose de señalar legados bibliográficos que se deben adquirir para preservarlos; este año donó inclusive su propia biblioteca personal.

Como una forma de justo reconocimiento a la labor de Miguel Urrutia Montoya, y también como un paso adicional en la tarea de consolidar en la mente del público los diversos frentes de la actividad cultural del Banco de la República, la junta directiva decidió en su pasada sesión que el Museo de Arte se llame en adelante Museo de Arte Miguel Urrutia (Mamu), de manera que el complejo cultural denominado formalmente desde ahora Manzana Cultural Banco de la República quedará integrado por el Museo Botero, la Biblioteca Luis Angel Arango, el Museo de Arte Miguel Urrutia y el Museo Casa de la Moneda.

Estas cuatro obras insignia del banco en La Candelaria de Bogotá las complementará la del Museo del Oro, el cual preside el parque Santander.

El museo cambia de nombre

Por su aporte a la actividad cultural del país, el Museo de Arte del Banco de la República, desde ahora el Mamu, llevará el nombre del gerente general saliente de esa entidad, Miguel Urrutia Montoya.

Así se dio a conocer en medio del homenaje que el actual gerente, José Darío Uribe, y los demás miembros de la junta directiva del Emisor le hicieron a Urrutia ayer.

Urrutia Montoya estuvo por un periodo de 12 años (1993 - 2004) en la gerencia del Banco y fue el primero dentro del nuevo esquema que lo volvió independiente del Gobierno.

Con este reconocimiento se destacó la labor de Urrutia y se quiso consolidar en la mente del público los diversos frentes de la actividad cultural del Emisor.

Así mismo, el complejo cultural del banco, en el barrio La Candelaria, se denominará Manzana Cultural del Banco de la República y estará integrado por el Museo Botero, la Biblioteca Luis Ángel Arango, el Museo de Arte Miguel Urrutia (Mamu) y el Museo Casa de la Moneda. La Manzana Cultural complementa la actividad del Museo del Oro, en el Parque Santander.

Este museo exhibe obras representativas del arte colombiano, latinoamericano e internacional, que forman parte de la colección permanente del Banco de la República.

De esta manera, se propicia el diálogo entre la plástica colombiana y la internacional, al tiempo que confronta obras de distintos períodos históricos. Así mismo, se han realizado exposiciones temporales de artistas reconocidos.

EL TIEMPO

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