‘En EE. UU. hay una brecha social cada vez más grande’: Angus Deaton

‘En EE. UU. hay una brecha social cada vez más grande’: Angus Deaton

Pese a la complejidad actual, el nobel de economía 2015 se declara optimista sobre la humanidad.

Economía de Estados Unidos

El empleo bien pago en la industria es cada vez más escaso y se pierde de seguridad económica.

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Spencer Platt / AFP

04 de junio 2017 , 12:00 a.m.

Cuando Angus Stewart Deaton nació en Edimburgo (Escocia) hace más de 71 años, no había nada que garantizara que el hijo de una pareja con pocos años en la escuela llegara la cima del mundo académico. No obstante, sus capacidades y el apoyo de su familia, que creía en el poder de la educación, lo llevaron a conseguir becas, obtener grados y emprender una carrera que fue reconocida en 2015 cuando obtuvo el Premio Nobel de Economía por sus estudios relacionados con el consumo, la pobreza y el bienestar.

Quizás fue su historia personal la que inspiró a este profesor de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, a escribir el libro ‘El gran escape’, en el cual analiza los casos de sociedades que lograron progresar y se refiere a la desigualdad. En sus páginas también se reconocen los avances conseguidos por la humanidad en las décadas más recientes, que se expresan en un aumento en la esperanza de vida en todas las latitudes, con pocas excepciones.

Más recientemente, Deaton ganó notoriedad por su análisis sobre la clase trabajadora de raza blanca estadounidense, la misma que votaría masivamente por Donald Trump en las elecciones del pasado noviembre. Presente en Colombia para hablar ante la asamblea de Asobancaria que tuvo lugar la semana pasada en Cartagena, Deaton habló sobre este y otros temas con EL TIEMPO.

Vive en Estados Unidos y sigue de cerca la situación del desde hace más de tres décadas es su país adoptivo. ¿Cómo ve las cosas?


Obviamente, yo no quería que Donald Trump fuera elegido presidente porque no está calificado para el cargo. En esto, la pregunta de fondo es qué tanto daño puede hacer. Las cosas que me mantienen despierto en la noche tienen que ver más con la política exterior de Estados Unidos que con la doméstica. No me gustó la decisión de salirse del Acuerdo de París, pero mis verdades inquietudes son un deterioro en la seguridad o un conflicto. Estas incluyen la posibilidad de cometer un error en el manejo de Corea del Norte o la relación con Rusia.

¿E internamente?


En el campo de la política doméstica no es claro qué tanto de lo que él quiere hacer va a ser aprobado por el Congreso, como la reforma impositiva o la de salud. Los republicanos tienen un compromiso de mostrar resultados, pero están divididos. Eso para no hablar de las posibilidades de que Trump no termine su periodo.

¿Y qué puede suceder?

Incluso si no puede sacar nada en el Congreso, la administración tiene un margen de acción muy grande a través de la expedición de órdenes ejecutivas. Ya se han movido en ese sentido con decisiones que a mí no me agradan.

Lo curioso es que sus trabajos académicos explican el fenómeno electoral de Trump…

Es verdad. Hasta hace poco no me había dado cuenta de la importancia del trabajo que hicimos sobre el deterioro en la calidad de vida para un grupo de la población estadounidense que resultó ser determinante en las elecciones. Me refiero a los blancos que no tienen un grado universitario y cuya situación, lejos de mejorar, empeora. Por ejemplo, ahora mueren más temprano que antes, algo que no sucede en ningún otro país rico.

¿En qué consisten sus hallazgos?

Hay una brecha cada vez más grande entre la gente que tiene estudios universitarios y la que no. El proceso lleva 40 años, pero ahora es innegable, pues causa enormes tensiones sociales. Si antes lo usual era que una persona recién salida del colegio conseguía un trabajo bien pagado en la industria y pertenecía a un sindicato que velaba por sus intereses, eso ya no es así. Cada vez hay menos vacantes de ese tipo.

Relaciones de pareja inestables, con hijos de por medio, son fuente de problemas adicionales

¿Qué efectos trae eso?

Una pérdida de seguridad económica con impactos sociales claros. Para citar un caso, la tasa de divorcios se ha disparado, al igual que las uniones libres. Relaciones de pareja inestables, con hijos de por medio, son fuente de problemas adicionales. Hay adolescentes que han tenido tres o cuatro ‘padres’ distintos antes de cumplir los 15 años. Todo ello deriva en problemas de nutrición y pobreza. La mortalidad de los blancos que pertenecen a este segmento de la clase trabajadora supera la de los afroamericanos.

¿Eso explica la rabia de ese segmento?

Así es. Y tiene base real.

¿La culpa es de la globalización o de México, para decirlo con nombre propio?

No y sí. El cambio tecnológico es mucho más importante que la globalización. La producción industrial en Estados Unidos no ha dejado de crecer, pero utiliza mucha menos gente porque hay más robots y las máquinas reemplazan a los humanos. No obstante, eso sucede porque estamos en un ambiente de mucha competencia internacional que obliga a abrazar el cambio tecnológico. Por otra parte, ha tenido lugar un giro en el poder político más en favor del capital que del trabajo.

Con resultados en el plano electoral…

Trump explotó esa situación. El problema es que no hay nada en el horizonte que haga pensar que le va a ayudar a este grupo de gente, que fue la que lo eligió. Y el peligro es que las posiciones se radicalicen: que cada vez más ciudadanos crean que el sistema político no los representa.

¿Qué mensajes recibe de Europa?

Macron fue elegido y Le Pen, no. En Holanda no ganó la derecha. La economía mejora. En fin, se puede decir que hay una mejoría.

Está el ‘brexit’. ¿Cree que el divorcio va a ser feo?

Así es, aunque hay que esperar los resultados de las elecciones en Gran Bretaña. Theresa May podría perder.

De vuelta a esta parte del mundo, usted traza paralelos entre ciertas realidades de Estados Unidos y Colombia…

Este es un país con problemas enormes de desigualdad que se caracteriza por tener una élite que ha manejado el poder durante décadas. Guardadas proporciones, hay similitudes con lo que piensa parte de la opinión estadounidense.

¿La desigualdad es la principal fuente de insatisfacción?

Yo no creo que a la gente le caiga tan mal la desigualdad como la percepción de que otros salen adelante tomando atajos. A veces, el problema no es que mi vecino tenga más que yo, sino la forma como lo obtuvo. Hablo de la corrupción, por supuesto. Y en esa categoría incluyo no solo a quien se apropia de fondos públicos sino a los que capturan rentas o forman parte de lo que se conoce como el ‘capitalismo de amigos o de connivencia’.

A veces, el problema no es que mi vecino tenga más que yo, sino la forma como lo obtuvo

¿A qué se refiere?

Un ejemplo típico es el de las compañías farmacéuticas en EE. UU., cuyo poder de cabildeo es inmenso y cuyo ejército de ‘lobbistas’ en Washington duplica el número de congresistas. Aquí, el elenco es distinto, pero la percepción de corrupción es muy elevada.

Ha escrito sobre el extraordinario avance de la humanidad en estos últimos años. ¿Por qué la insatisfacción de las personas en muchos países?


Hay fluctuaciones puntuales que hacen que las personas se sientan peor, porque los altibajos existen, pero si la mirada es de largo plazo es difícil argumentar que no hemos avanzado.

Pero hay temores…


Sin duda. La innovación tiene mucho que ver con la inseguridad hacia el futuro. Además, la productividad viene declinando. El problema es que si las economías no aumentan de tamaño, todo se convierte en un juego de suma cero: lo que uno gane será a costo del otro. Eso envenena la política. Por otro lado, la actitud que menciona es cierta. Viajo con frecuencia a Corea del Sur, en donde la esperanza de vida es la segunda más alta del mundo y el progreso, innegable: el aumento en la estatura promedio en el pasado medio siglo no tiene precedentes en el mundo. Aun así, la actitud que uno encuentra es de preocupación.

A lo mejor es la naturaleza humana…

Puede ser. Cuando vivíamos en cuevas el temor era que llegara un animal salvaje, y ahora que vivimos mejor seguimos pensando en que un tigre nos va a comer. Y buscamos al que nos prometa algo mejor.

¿Está relacionado eso con el populismo, que no solo se ve en A. Latina sino que llevó a Trump a la Casa Blanca?

La fórmula del pan y circo viene desde los romanos.

¿Ha perdido el optimismo con respecto a la marcha del planeta?

No, aunque hay amenazas. La democracia realmente tiene que funcionar en beneficio del interés general y no de unos pocos. Soy optimista, sin embargo, por una razón fundamental sobre la raza humana: porque hemos aprendido a manejar el poder del razonamiento. A lo largo de nuestra historia desarrollamos el conocimiento y probamos que somos capaces de aprender. Es verdad que los peligros son muchos, pero nadie puede acabar con todo lo que sabemos ahora que no sabíamos antes. Mi esperanza es que eso nos ayude a encontrar las soluciones y superar los retos. No hago apuestas sobre los próximos 10 o 20 años, pero insisto en que soy optimista.

RICARDO ÁVILA
Director de ‘Portafolio’

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