México y EE. UU. pactan principios básicos para su comercio del azúcar

México y EE. UU. pactan principios básicos para su comercio del azúcar

El acuerdo llegaría a pocas semanas de empezar la revisión del TLC.

Azúcar

El acuerdo que regía el comercio bilateral del producto desde hace tres años expiró este lunes 5 de junio.

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REUTERS

06 de junio 2017 , 08:07 p.m.

Los equipos negociadores de México y Estados Unidos –los mismos que tendrán que tratar la modernización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC)– han forjado los principios básicos de un eventual acuerdo que regulará el comercio bilateral de azúcar tras meses de intensas discusiones.

El plazo que se dieron las partes para resolver el litigio expiraba el lunes pasado, pero finalmente estas se dieron 24 horas más de plazo para poder cerrar algunos puntos técnicos pendientes.

“Somos optimistas”, indican desde el Departamento de Comercio de EE. UU., “por eso hemos decidido que una extensión corta del plazo redundará en el interés de todos”.
“Hemos acercado posiciones de una manera significativa”, indica el secretario de Comercio estadounidense, Wilbur Ross.

Fuentes del Gobierno mexicano se pronuncian en los mismos términos e informan que tanto el titular de Economía del país latinoamericano, Ildefonso Guajardo, como su homólogo estadounidense tienen intención de comparecer ante la prensa mañana martes, en Washington.

Las exportaciones a EE. UU. quedarían limitadas al
30 % del total

De confirmarse definitivamente, el pacto llegaría en un momento clave en la relación entre ambos países: en los prolegómenos de la madre de todas las negociaciones, la que dirimirá a partir de agosto el futuro del tratado que organiza las relaciones comerciales entre EE. UU., México y Canadá desde hace más de dos décadas.

El eventual acuerdo, del que informó Reuters, sería una buena noticia para los productores mexicanos de azúcar, que podrán seguir exportando sin trabas al primer mercado mundial. También, para los grandes consumidores estadounidenses –fundamentalmente multinacionales como Coca-Cola–, que esquivan un potencial encarecimiento de un insumo clave. Y, en última instancia, para los hogares de ese país, que no sufrirán aumentos de precios de este bien en un momento en el que la inflación vuelve a cobrar protagonismo. Otras firmas estadounidenses del sector agrícola –como Cargill o Archer Daniels Midland– temen que una guerra abierta les cierre las puertas del mercado mexicano.

El acuerdo que regía el comercio bilateral de este edulcorante desde hace casi tres años expiró el lunes pasado.

De no haber alcanzado este punto de entendimiento inicial, el azúcar producido en México habría pasado a estar sujeto a una serie de aranceles y cuotas que habrían frenado las exportaciones a su primer socio comercial.

Según Reuters, uno de los puntos claves sobre los que descansa el pacto cerrado esta mañana es la obligatoriedad de que buena parte del azúcar cruda mexicana pase por las refinerías estadounidenses antes de ser comercializada.

Las industrias azucareras a ambos lados del río Bravo han ejercido una fuerte presión sobre sus respectivos Ejecutivos durante toda la negociación.

Los productores estadounidenses buscaban la imposición de más trabas para la entrada del producto mexicano, que llega a precios sustancialmente más bajos por las subvenciones. Y los productores mexicanos, por su parte, exigían al gobierno de Enrique Peña Nieto medidas restrictivas sobre la llegada de fructosa estadounidense.
Actualmente, las exportaciones de azúcar refinada desde México están limitadas al 53 por ciento del total. La propuesta estadounidense era rebajarla al 15 por ciento, y, finalmente, todo parece apuntar a que esta cifra quedará en un punto intermedio cercano al 30 por ciento.

“El azúcar es el mayor irritante en la relación comercial entre México y EE. UU.”, afirma Ricardo Ramírez, juez del órgano de apelación de la Organización Mundial del Comercio (OMC). El jurista mexicano recuerda además que ambos países son grandes productores de azúcar a escala mundial. “Es una industria muy sensible a las fuerzas de la competencia”, complementa Miguel Noyola, socio y jefe de la práctica de Comercio Internacional de Baker & McKenzie.

IGNACIO FARIZA / SANDRO POZZI
Ediciones EL PAÍS, SL 2017.

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