Industria del caramelo quiere 'endulzar' a Trump

Industria del caramelo quiere 'endulzar' a Trump

Sector de los confiteros será uno de los grandes beneficiados por las promesas del Presidente.

Confiteros en USA

Una empleada monitorea huevos de nata en la fábrica de Bournville Cadbury, operada por Mondelez International, en Birmingham, Reino Unido. Este sector industrial da empleo a 55.000 personas.

Foto:

Bloomberg

13 de marzo 2017 , 10:57 p.m.

El lobby que representa los intereses de los confiteros les tiene cogido el gusto a los hoteles Trump.

El pasado septiembre, en plena batalla electoral, cerca de 150 miembros de la organización se daban cita en el lujoso complejo que lleva el nombre del Presidente en Washington.

A algunos miembros les irritaba ver las letras doradas colgadas en el friso. No era para menos, a la vista del clima de confrontación política que reinaba antes del paso por las urnas.

La victoria del magnate acabó de alguna manera con ese estigma entre los líderes empresariales de Estados Unidos, que prefieren estar sentados a la mesa con el republicano antes que esperar a que sus competidores les cuenten lo que se habló en la reunión.

El informalmente conocido como CandyPAC volvió a congregarse esta semana para definir su estrategia y eligió de nuevo un hotel de los Trump, en la sala del National Doral, en Miami, dedicada a Ivanka. Es el primer grupo empresarial que se reúne en un complejo de Trump con el promotor inmobiliario ya de presidente.

La National Confectioners Association agrupa a multinacionales como Hershey, cuya sede corporativa está situada en una de las regiones de Pensilvania que fueron determinantes para que pudiera hacerse con las llaves de la Casa Blanca.

El entonces candidato republicano, de hecho, eligió un pabellón que luce el nombre de la compañía para dar uno de sus mítines.

Es un lugar de destino obligado para cualquier conservador que quiere hacer carrera política.

A la cálida Florida se desplazaron también directivos de otros íconos corporativos planetarios como Mars, Ferrero, Mondelez, Nestlé o Jelly Belly.

La industria, que opera más de un millar de plantas de producción en Estados Unidos, genera ingresos anuales por un valor de 35.000 millones de dólares y da empleo a 55.000 personas. Y si el presidente Trump cumple su palabra, será uno de los sectores más beneficiados por la desregulación y la bajada de impuestos.

La organización calcula que solo con las subvenciones al azúcar podrían conseguir ahorros anuales de hasta 280 millones de dólares.

Los productores de caramelos, chicles y chocolatinas buscan que la nueva administración ponga en marcha medidas de apoyo que les permitan contener el incremento de los costos, como los subsidios al azúcar.

La dinámica política en Washington, en principio, les es favorable. La organización calcula que solo con las subvenciones al azúcar podrían conseguir ahorros anuales de hasta 280 millones de dólares.

Están también las relacionadas con el etiquetado de los alimentos y las reglas para el uso de organismos genéticamente modificados, otras de las medidas adoptadas por el demócrata Barack Obama durante sus ocho años de presidencia para combatir la epidemia de obesidad que azota a la sociedad y dispara el gasto médico.

El presidente de la NCA, John Downs, no oculta por eso que la industria tiene una oportunidad sin igual para ir a la ofensiva.

Los empresarios no tardan en moverse cada vez que se trastoca el reparto de poder entre la Casa Blanca y el Congreso.

Esta vez, además, luego de ocho años de inmovilismo, se da la circunstancia de que el control republicano es total, y eso facilita la adopción de la legislación. En este sentido, la NCA asegura que su objetivo es aprovechar para “resaltar una percepción más positiva de la industria” entre las agencias.

Eso sí, desde la organización dejan claro que estas reuniones en los hoteles Trump –previstas para este año y el 2018– no hay que entenderlas con un favor político, porque los espacios se reservaron dos años antes de las elecciones.

El problema, como señala The Washington Post, es que esta coincidencia ilustra las repercusiones que puede tener la decisión de Donald Trump de preservar la propiedad de sus negocios.

La cesión de la gestión a sus dos hijos es, en principio, insuficiente para disipar cualquier conflicto de interés por parte de las mimas compañías que buscan el apoyo de la administración. Organizar este tipo de eventos suele costar hasta 200.000 dólares, excluyendo el precio de la estancia de los invitados o actividades al margen de las conferencias, tales como los partidos de golf y las sesiones de spa.

SANDRO POZZI
Ediciones EL PAÍS, SL 2017

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