Gobierno chino pondrá en cintura a firmas de alquiler de bicicletas

Gobierno chino pondrá en cintura a firmas de alquiler de bicicletas

Este exitoso modelo de negocio ha resultado ser caótico y peligroso para los transeúntes.

Bicletas en China

En algunas ciudades chinas, hasta la mitad la población usa la bicicleta como medio de transporte.

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AFP

05 de junio 2017 , 08:23 p.m.

China ha visto cómo en poco más de un año han aparecido una treintena de empresas de alquiler de bicicletas, de las cuales dos tienen más del 90 por ciento de la cuota de mercado, Mobike y Ofo.

A través de una aplicación y tras haber abonado un depósito, cualquiera puede montar en uno de estos vehículos por 1 yuan (13 céntimos de euro) por cada media hora de uso.

Las bicis cuentan con un código QR que, tras ser escaneado con el móvil, abre el candado. Al ir equipadas con GPS, el usuario puede dejarlas en cualquier sitio para que otro las use. Una vez cerrado el candado, el pago se efectúa a través del monedero virtual.

Todas las empresas mantienen los precios bajos y hasta ofrecen viajes gratis para mantener cuota de mercado. El secreto de su conveniencia, y también de un modelo de negocio aún en cuestión, es que sea fácil encontrar una bicicleta y que esta se utilice muchas veces cada día.

Con esa premisa, las empresas están inundando las calles de las principales ciudades con estos vehículos de colores, especialmente en zonas cercanas a estaciones de metro –desde donde muchos usuarios las cogen para su trayecto final hasta la oficina, por ejemplo– o en barrios muy concurridos.

Las autoridades de Pekín aseguraron recientemente que la ciudad cuenta con 700.000 bicicletas y 11 millones de usuarios, prácticamente la mitad de la población de la capital. También que los viajes en bici han aumentado un 30 por ciento desde su llegada, algo que sin duda ayuda a aliviar el tráfico de automóviles y a reducir la contaminación atmosférica.

Se prevé que pocas empresas sobrevivirán cuando tengan que cumplir nuevas reglas

Pero la proliferación de bicicletas ha dejado efectos menos deseados. A pesar de que camiones de estas empresas las trasladan continuamente, muchas aceras están llenas de estos vehículos, impidiendo el paso a los peatones. Otras están rotas y abandonadas, mal aparcadas o han provocado accidentes. “Estoy harto de tener que mover bicicletas todo el día”, dice un guardia de seguridad de un edificio de oficinas del centro de Pekín, cuya empresa está pensando en prohibir estos vehículos en la entrada y los jardines adyacentes.

Según datos del Centro de Investigación del Comercio Electrónico de China, a finales del año pasado había 18,9 millones de usuarios de estas aplicaciones en todo el país, una cifra que se prevé que alcance los 50 millones en este 2017. Y eso implicará, con toda seguridad, el despliegue de más bicis. “Cuando el negocio crece a esta escala, aparecen varios problemas sobre todo en el ámbito de la gestión urbana”, asegura Liu Lu, profesor de la Universidad de Economía y Finanzas del Suroeste de China.

Ante ello, el Gobierno ha decidido aprobar un borrador que regule el sector. Entre las medidas destacan el establecimiento de zonas de estacionamiento, la creación de más carriles para bicis –la planificación urbana de China en las últimas dos décadas ha puesto al automóvil en el centro de la movilidad– o la prohibición de que los menores de 12 años puedan usar el servicio, por lo que los usuarios tendrán que registrarse con su nombre real y documento de identidad.

Reglas fuertes

Las operadoras, por su parte, deberán garantizar el buen estado de los vehículos, contar con un seguro para cubrir accidentes o establecer sistemas de crédito para desincentivar las malas conductas de los usuarios. También se les prohíbe expandirse a la variante eléctrica de estos vehículos y se les anima a no cobrar el depósito a los usuarios. De hacerlo, aclaran, este dinero no podrá utilizarse para otros fines.

Esto último punto supondrá un cambio significativo en el modelo de negocio, teniendo en cuenta que varias de estas compañías han usado los fondos de los usuarios para expandirse, sobre todo antes de que lograran el apoyo de grandes inversores en rondas de financiación. Ambas empresas han asegurado que las normas son bienvenidas y que las cumplirán. Lo que se da por descontado es que, de las más de veinte empresas, muy pocas sobrevivirán al boom actual, más cuando tengan que cumplir los requisitos de la nueva normativa.

XAVIER FONTDEGLORIA
Ediciones EL PAÍS, SL 2017.

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