¿Cómo han fallado los liderazgos en la globalización? / Opinión

¿Cómo han fallado los liderazgos en la globalización? / Opinión

"La reacción popular contra el cambio disruptivo es inevitable", Jorge Castañeda.

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"La decisión de los británicos de abandonar la Unión Europea fue un error que cometieron engañados".

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Hayoung Jeon / EFE

09 de octubre 2016 , 12:22 a.m.

Desde los años 50, Europa viene debatiendo los costos y los beneficios de la integración, pero no fue sino hasta el referendo por el ‘brexit’, en el Reino Unido, que el debate comenzó a girar en torno de cuestiones como la globalización, el libre comercio y la inmigración y sus efectos económicos.

La decisión de los británicos de abandonar la Unión Europea (UE) fue un error que cometieron engañados. No será fácil seguir avanzando hacia una “unión cada vez más estrecha” en Europa, que debe luchar con muchas cuestiones al tiempo, entre ellas los refugiados, la deuda soberana, el alto desempleo y un Estado de bienestar que no cumple sus promesas.

También en otras partes las élites llevan tiempo sin prestar la debida atención a la globalización; por ejemplo, la obsesión con el libre comercio de los presidentes de EE. UU. George Bush (padre) y Bill Clinton volvió casi imposible compensar a los perjudicados.

Por eso, no es extraño que un importante grupo de votantes marginados apoye a Donald Trump, el candidato presidencial republicano, así como muchos demócratas apoyaron a Bernie Sanders, el senador por Vermont que intentó ganarle la nominación a Hillary Clinton. Ambos candidatos, ajenos al establecimiento, explotaron los padecimientos y los temores de los votantes. Pero a los simpatizantes de Trump y Sanders tal vez los sorprendería saber que en EE. UU. se crearon muchos empleos después de la recesión del 2008 y 2009, y también después de la aprobación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta) en 1993. Muchos de ellos fueron resultado del alza de las exportaciones a China, México y otros países con los que se negociaron acuerdos, como Colombia. Aunque el traslado de millones de empleos a países como China y México contrarrestó en parte esta tendencia, se crearon más empleos de los que se perdieron, EE. UU. se volvió más competitivo y China se convirtió en un importante mercado.

(Además: Donald Trump: el ascenso de un auténtico 'forastero')

El gran problema en EE. UU. fue la clase de empleos que cubrieron el faltante dejado por los que se fueron. Esto es algo que no vieron las autoridades pero sí las personas de unos 50 o 60 años que perdieron un empleo de 30 dólares la hora con seguro médico y jubilación, y tuvieron que conseguir otro por la mitad del salario y pocas o nulas prestaciones sociales.

Las autoridades no pensaron en las víctimas de la globalización, porque creyeron que el mercado lo arreglaría todo. El mercado no arregló nada, pero las autoridades no aprendieron. El éxito de las negociaciones para el Acuerdo Transpacífico el año pasado se debió, en parte, a la falta de medidas de protección para los trabajadores estadounidenses.

Una respuesta antiglobalización similar surgió en México, donde el Nafta trajo consigo el auge exportador que muchos predijeron, pero no frenó la migración hacia el norte, así como volvió más competitivas a muchas empresas, pero solo logró un aumento pequeño y transitorio de la inversión extranjera.

(Lea: Análisis de la crisis migratoria según Luis Almagro)

Si bien el Nafta obligó a México a encarar reformas económicas necesarias, nunca cumplió la promesa de crecimiento: desde 1994, la tasa anual promedio no supera el 2,5 por ciento. Después del Nafta no se implementaron las políticas necesarias para mitigar los efectos negativos de la globalización; hoy, los mexicanos no están contentos.

La reacción popular contra el cambio disruptivo es inevitable. La novedad es la magnitud de la reacción en Europa y Norteamérica, regiones que en opinión de expertos estaban mejor preparadas que nunca para enfrentar el cambio. A juzgar por los votantes de Gran Bretaña y EE. UU., ningún país está a salvo de los errores de sus líderes.

JORGE G. CASTAÑEDA
Excanciller de México y profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Nueva York
© Project Syndicate
Ciudad de México.

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