El error estadounidense de no voltear la mirada hacia América Latina

El error estadounidense de no voltear la mirada hacia América Latina

La participación de EE. UU. en las importaciones de A. Latina cayó del 50 al 33 % en 16 años.

Economía de América Latina

En el 2030, América Latina y el Caribe contarán con una población total de unos 720 millones de personas, y su PIB será de unos 9 billones de dólares.

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123RF

02 de diciembre 2017 , 10:12 p.m.

Mientras Canadá, México y Estados Unidos se embarcan en la quinta ronda de negociaciones para modernizar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte –una empresa de pronóstico incierto–, en el resto de las Américas los gobiernos afrontan un dilema mucho más fundamental: ¿quién será su principal socio comercial en el futuro: Estados Unidos, Europa o China?

Durante más de un siglo, la respuesta a esa pregunta se caía de su peso. Su proximidad geográfica, su grado de influencia y su enorme poderío económico convirtieron a EE. UU. en el centro natural de atención en materia comercial para América Latina. De hecho, la región es el primer o segundo socio comercial para 37 de los 50 estados de la Unión.

En 2016, las empresas estadounidenses exportaron a América Latina y el Caribe bienes y servicios por un total de 515.000 millones de dólares,
casi el triple de lo que le vendieron a China. Además, mientras que EE. UU. tiene un déficit comercial recurrente con China, Washington por lo común se anota un superávit con sus socios del sur, que suelen mostrar gran predilección por los productos de alto valor y los sofisticados servicios que proveen las empresas estadounidenses.

Sin embargo, este panorama está cambiando muy rápidamente. Durante las dos últimas décadas, las empresas chinas han ido ganando terreno en América Latina y el Caribe. La participación de las importaciones estadounidenses en América Latina cayó del 50 por ciento en 2000 a 33 por ciento en 2016, mientras que la de China se catapultó del 3 por ciento al 18 por ciento. Actualmente, en muchos hogares latinoamericanos las ‘laptops’, ‘smartphones’, televisores y automóviles chinos han reemplazado a las marcas estadounidenses.

Este cambio es en parte el resultado de factores que han motorizado el rápido crecimiento y la expansión global de China. Pero también es el reflejo de una estrategia a largo plazo que apunta a consolidar la posición de Pekín en uno de los mercados emergentes más atractivos del mundo.

En 2030, América Latina y el Caribe contarán con una población de unos 720 millones de personas, y según estimaciones conservadoras, su PIB será de unos 9 billones de dólares. Cerca del 86 por ciento de ese total corresponderá a solo seis economías: Brasil, México, Argentina, Colombia, Chile y Perú.

Por otro lado, los países de la región avanzan hacia la creación de un bloque integrado. Gracias a una serie de acuerdos, el 80 por ciento del comercio entre países de América Latina y el Caribe ya se realiza libre de aranceles. Al mismo tiempo, una serie de medidas de facilitación del comercio, que van desde procedimientos aduaneros totalmente digitales hasta la armonización de las normas de origen, están desmantelando las barreras que quedan.

Los dos principales bloques regionales –Mercosur y la Alianza del Pacífico, que incluyen ambos a las seis mayores economías de la región– están considerando seriamente la posibilidad de unirse.

Esta tendencia a una mayor integración regional ofrecerá una oportunidad sin precedentes de llegar a un mercado altamente competitivo desde unos puntos estratégicos

Esta tendencia a una mayor integración regional ofrecerá una oportunidad sin precedentes de llegar a un mercado altamente competitivo desde unos puntos estratégicos. Las empresas chinas que están adquiriendo y construyendo fábricas en Brasil, por ejemplo, podrán distribuir sus productos en términos preferenciales en los países vecinos y aprovechar las cadenas de valor regionales para abastecerse de partes e insumos.

Al igual que Pekín, la Unión Europea reconoce el potencial de A. Latina como socio comercial. Si bien la participación de la UE en el total de importaciones de A. Latina se ha reducido a un nivel del 13,5 por ciento, Europa está esforzándose por revertir esa tendencia mediante un intento por concluir acuerdos que alcancen a prácticamente todas las economías de la región. Las negociaciones de un TLC con el Mercosur se encuentran en sus estadios finales y esto pondrá a la UE por delante de China y EE. UU. en términos de acceso a los mercados de la región.

No obstante, Pekín no cesa en sus intentos por consolidar una posición de ventaja. Se estima que ha volcado más de 106.000 millones de dólares en la región en los últimos años. Las inversiones chinas hasta ahora se concentran en agricultura, energía y proyectos mineros. Pero, cada vez más, apuntan a sectores manufactureros que generan buenos empleos e incluyen transferencia de know-how. Pekín también se ha convertido en un importante garante de la nueva infraestructura que la región necesita.

Mientras China y la UE buscan oportunidades de negocios en A. Latina y el Caribe, EE. UU. sigue cediendo terreno, aunque una estrategia de reconexión con la región tendría ventajas para Washington.

El Banco Interamericano de Desarrollo calcula que si EE. UU. recupera la participación en las importaciones de América Latina que tenía en el 2000, estaría exportando unos US$ 788.000 millones anuales a la región. Y eso podría representarle un millón de puestos de trabajo adicionales.

Eso sin contar los 57 millones de ciudadanos estadounidenses que tienen sus raíces hacia el sur del río Bravo y las 3,3 millones de firmas hispanas, muchas de las cuales están ansiosas por expandirse a otros países.

En tiempos de incertidumbre global, una visión de prosperidad ‘hecha en las Américas’ aportaría una agenda unificadora para el continente. De implementarse, EE. UU. podría recobrar su liderazgo entre un grupo de países que comparten sus valores, como también el interés en un crecimiento económico inclusivo que ofrece una mejor calidad de vida para todos nuestros pueblos.

LUIS ALBERTO MORENO
Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo
© Project Syndicate
Washington

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