'Con Trump, Estados Unidos estaría en riesgo'

'Con Trump, Estados Unidos estaría en riesgo'

Miembro clave del Partido Republicano habló con EL TIEMPO de la política de su país y de Colombia.

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Carlos Gutiérrez, exsecretario de Comercio deEE. UU.

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Juan Manuel Vargas / EL TIEMPO

12 de septiembre 2016 , 08:53 p.m.

No obstante haber nacido en el seno de una familia acomodada, Carlos Miguel Gutiérrez debió empezar desde ceros para alcanzar el prestigio del que hoy goza en el sector privado y la política de Estados Unidos.

Gutiérrez –actual presidente de la firma de estrategia y negocios de asesoría global Albright Stonebridge– nació en la Cuba de 1953 y desde niño se enfrentó al exilio.

Tras el triunfo de la revolución, su familia se fue a Miami y después a México, en donde el joven inmigrante haría sus estudios.

Terminada la universidad, en 1975, consiguió un empleo en la compañía Kellogg que incluyó, en su fase de entrenamiento, manejar un camión, distribuyendo pedidos en tiendas de barrio. Veinticuatro años más tarde llegaría a ser el presidente ejecutivo y de la junta directiva de ese conglomerado, que tiene presencia en 180 países.

El éxito en el sector privado lo llevaría al sector público, al ser designado Secretario de Comercio de EE. UU. por el presidente George W. Bush, cargo en el que permaneció cuatro años, hasta comienzos de 2009. Después de dejar el Gobierno ha ocupado diferentes posiciones. También es fundador del US Colombia Advisory Council, una iniciativa conjunta de ambos gobiernos y del sector privado que se lanzará en diciembre en Cartagena.

Es considerado una voz importante en el Partido Republicano y hace un mes llegó a los titulares por su apoyo público a la demócrata Hillary Clinton, al considerarla una mejor opción que Donald Trump. Sobre ese y otros temas, Gutiérrez habló con EL TIEMPO, tras haber sido invitado a participar en un foro organizado por la Fundación Ideas para la Paz, en Cartagena.

A menos de dos meses de las elecciones por la Casa Blanca, el panorama es todavía confuso. ¿Usted cómo lo ve?

Las encuestas se siguen cerrando. Esta semana vi una en donde la secretaria Clinton está ganando por cinco puntos, pero hace un mes estaba ganando por 10. Sigo pensando que la delantera la tiene Hillary, aunque Trump es una persona que tiene una base muy fuerte constituida por anglosajones de bajo ingreso, de bajo nivel de educación.

¿Qué mueve a ese grupo de personas?

Sienten que su país no es igual al de antes. Hay una falsa creencia de que se puede dar marcha atrás en términos de inmigración o de libertad religiosa. Como consecuencia, el Partido Republicano, que es el mío, se está viendo más como un partido europeo de derecha, nacionalista, xenofóbico, proteccionista y populista. Por eso creo que es muy difícil que obtenga la mayoría.

Aparte de la reacción de las minorías…

Claro. Para ganar la Presidencia se necesita el voto hispano. Trump se ha encargado de enemistarse con los hispanos, pero también con los asiáticos, para no hablar de los afroamericanos. En el caso de los latinos, si el candidato republicano no logra un 35 o 37 por ciento de respaldo en esa comunidad, no tiene posibilidad de triunfar. Es simple aritmética. Y las encuestas muestran un porcentaje mucho más bajo.

¿Qué lo llevó a tomar la decisión de anunciar públicamente que no votará por Trump?

Mis preocupaciones comenzaron desde el primer discurso que dio, cuando dijo que los mexicanos que vienen a Estados Unidos son violadores y criminales y que gente así es enviada por el Gobierno mexicano. Ahí me perdió, aunque en ese momento no se lo dije a nadie.

¿Qué pasó después?

El colmo para mí fue cuando estaba en un discurso con 10.000 personas y había un afroamericano en el público, y Trump empezó a dirigirse a él como “mi afroamericano”, o sea como si fuera suyo, como si fuera de su propiedad. Ese y otros episodios parecidos me convencieron de que el hombre no es un verdadero líder. No tiene los conocimientos, y no creo que tenga la curiosidad para ser alguien que lee, que estudia, que pregunta y que aprende. Además, su política económica sería un desastre, pues se basa en el proteccionismo. Y lo que ha hecho a Estados Unidos es el comercio exterior y los inmigrantes.

¿Cómo le pareció la visita que le hizo a Enrique Peña Nieto?

Como una muestra de lo que sería el manejo de su diplomacia. Fue a México y puso a trabajar su carisma, si se puede llamar así. Habló de una política de amigos, de vecinos, de bienestar mutuo, de colaboración, y dijo que su propósito era mantener los empleos en el hemisferio.

El problema es que después se fue a Arizona y dio un discurso tan negativo, en el que volvió a hablar del famoso muro, con las consecuencias conocidas.

Uno se imagina si el día de mañana es presidente y viaja a Francia, por decir cualquier cosa, y habla de una cosa allá y otra cuando esté de vuelta en Washington.

Mirando del otro lado, las encuestas muestran que Hillary Clinton tiene muy poca credibilidad. Parecería que el elector en Estados Unidos tiene dos opciones, pero ninguna de ellas es la ideal…

En esto trato de pensar como un ejecutivo: tengo dos finalistas, dos currículos y prefiero aquel que me da más tranquilidad para ejercer el cargo de presidente. No estoy de acuerdo con todo lo que dice Hillary. Por ejemplo, creo que el acuerdo comercial conocido como el TPP (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica) es una gran cosa, pero ella no. Tras hacer el análisis, pienso que sería mucho mejor una presidencia de Clinton que la de Trump, con quien el país, la sociedad, la cultura estadounidense están en riesgo. Con Hillary Clinton, no.

¿Cuál es su impresión general de América Latina?

Que ha cambiado mucho, pero sigue igual. Lo que ha cambiado son los países y las regiones que están de moda: por ejemplo, Colombia o Perú, que para muchos han salido de la nada, aunque tienen años creciendo.

En Brasil, el lustre se fue, pero acaba de pasar algo muy importante, y la situación de Venezuela es muy difícil, por lo cual varió la perspectiva de la izquierda en la región.

Me parece clave que se ha entendido que no se puede mirar a Latinoamérica con los lentes de EE. UU., en esa división simple entre republicano y demócrata, derecha e izquierda. Chile, para citar un caso, demuestra que se debe tener una cultura y una política social, pero también hay que comerciar con el resto del mundo. Los países que puedan llegar a un buen equilibrio van a ganar y los que se vayan a los extremos son los que van a perder.

¿Qué le inquieta de la región?

La violencia. Se habla mucho de Caracas, pero en Centroamérica, que me encanta y visito desde hace 40 años, hay problemas muy serios.

Decir que no se puede salir a la calle en Honduras o El Salvador suena increíble, pero es verdad. Guatemala siempre ha tenido problemas, pero no como ahora, y Costa Rica ya no es la de hace diez años.

Y en el caso de México, la guerra contra las drogas y los carteles ha traído un nivel de violencia en la frontera que nunca había visto.

Por eso insisto en que hay economías que están creciendo y que no son las mismas de 20 años atrás, pero los problemas básicos siguen.

¿Y su percepción de Colombia?

Comencé a venir en 1982, cuando estaba trabajando en la casa matriz de Kellogg y tenía 28 años. Mi primera tarea fue vender la subsidiaria en Colombia y fallé, porque no la pude vender.

Cuando llegué a ser presidente de la compañía dije: qué suerte tuve que no la pude vender porque es una gran empresa la de aquí. Siempre me impresionó la sofisticación legal de Colombia, el compromiso de la gente, la calidad de sus instituciones. Cuando estuve en el Gobierno de Estados Unidos fui a Medellín cinco veces y constaté personalmente que no es el Medellín de los años 80. Para mí, el problema más grande de Colombia es la parte de la topografía, que ahí sí no se ha inventado la solución ideal.

¿Y el proceso de paz?

Si la etapa actual sale bien y el mundo se da cuenta de que esto está funcionando, creo que no hay límites en cuanto a lo que pueden conseguir. Por ejemplo, un ingreso per cápita que se vea muy bien comparado con otros países latinoamericanos.

La de ahora es una tremenda oportunidad. Es verdad que por fuera quedan algunos con prevenciones debido al pasado del país, y uno de los retos es conseguir que la gente allá se dé cuenta de los cambios que hay aquí.

RICARDO ÁVILA
Director de Portafolio

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