'El siglo XXI podría durar solo 25 años': Carlos Caballero

'El siglo XXI podría durar solo 25 años': Carlos Caballero

Con motivo de su nuevo libro, el exministro da una mirada a momentos claves del siglo pasado.

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Caballero recuerda que en 1950 se sugería invertir en infraestructura y en educación. "Hoy estamos con el mismo tema".

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Mauricio Moreno / EL TIEMPO

23 de noviembre 2016 , 10:19 p.m.

El siglo XXI ya había empezado en Colombia desde 1990, afirma el exministro Carlos Caballero Argáez, con ocasión del lanzamiento de su libro La economía colombiana del siglo XX.

Y señala ese año, pues se había acabado el pacto mundial cafetero en el 89, lo que cambia para siempre ese negocio, y se empieza a gestar la evolución institucional que tiene su momento cumbre con la Constitución de 1991. Tales acontecimientos le cambian la cara al acontecer del país, de su producción, de la concentración del poder, para que hoy la economía tenga una dinámica y prioridades distintas, y también los problemas actuales sean diferentes a los del siglo pasado.

Usted sostiene que Colombia entra al siglo XX en 1905...

Yo creo. Hay otra gente que mira la historia global que dice que entra en el 14, con la Primera Guerra Mundial. Pero yo creo que el siglo XX debió empezar en 1905. Después de la guerra de los Mil Días y de la separación de Panamá.

Hay quienes son más radicales y van hasta 1923...

No, pero toca incluir a Rafael Reyes. Dictatorial, pero fue un hombre muy importante. Y porque la expansión cafetera empezó fuertemente ahí. En 1905 se producían 500.000 sacos de café, y en 1930 se producían tres millones de sacos.

O sea que algo muy importante pasó durante esos 25 años.

Usted le dedica tres de nueve capítulos de su libro...

Claro, porque es la economía del siglo XX. Desde el año 41, cuando comenzaron los acuerdos internacionales del café, hasta el 89. Básicamente vivimos con acuerdo medio siglo. Y se cayó el acuerdo en el 89, y los cafeteros pensaron que podían restablecerlo; entonces, el golpe fue muy significativo, y coincide con un memento en el mundo en que vinieron la apertura económica, la crisis de la deuda externa latinoamericana, y la búsqueda del nuevo modelo.

Pero cae el pacto cafetero, y da la impresión de que la Federación empezó a ajustarse la nueva realidad muy tarde...

¡Muy tarde! Yo lo digo ahí... en el libro. La misión cafetera no se aplicó. Hace dos años estábamos en la misión. Muchas de las iniciativas se engavetaron. Se demoraron ‘machamente’, pensando que las condiciones iban a cambiar.

Usted señala el fin de los acuerdos cafeteros como uno de los marcadores del paso del siglo XX al XXI. ¿El signo del presente siglo ha sido el petróleo?

Pasamos muy rápido de la dependencia del café a la dependencia del petróleo, y no logramos diversificar, y hacer una transición más ordenada, sino que muy rápido tuvimos el auge petrolero, entre el 2004 y el 2014. Es una de las cosas que se plantean en el libro. ¿Por qué no se diversificó?

¿Y hay respuesta?

Sí, creo. Una tesis polémica es en el sentido de que la política económica se hizo pensando en el centro. Se hizo pensando en el café, pensando en la industria, en lo que llamaban el ‘triángulo de oro’: Medellín, Cali y Bogotá. Y los perdedores fueron las costas y las regiones apartadas del centro del país. Que es lo que estamos viendo hoy en día, y tenemos que pararle bolas a eso.

¿La política enfocada en el centro del país obedecía a que se pensaba en producir principalmente para el mercado interno?

Exactamente. ¿Y por qué se enfocaba en el mercado interno? Porque este está en la mitad. El café no se da en la costa Caribe. El café era un fenómeno central, y la industria se hizo en el centro, no se hizo en las costas.

Por el modelo de sustitución de importaciones...

Por el modelo de sustitución de importaciones. Y los dirigentes fueron del centro. Con un fenómeno muy interesante, que yo llamo la ‘élite ilustrada’. Que eran de Antioquia y del Viejo Caldas, y algunos de Bogotá, desde luego. Y fueron los ministros de Hacienda en los años 30, y se repitieron. Un tipo como Francisco de Paula Pérez, que fue ministro, en los 20, de Hacienda; en los 30, de Hacienda, y fue ministro de Ospina Pérez en el 46... A la hora de la verdad, era muy poquita gente. Eran diez personas, bien formadas, con gran conocimiento de la hacienda pública; sabían de café. Tenían sus fincas cafeteras posiblemente, y sabían de industria, tenían sus contactos con los industriales.

¿Aparte del café, qué otras claves nos da el siglo XX para comprender la actualidad?

Está todo el tema de la diversificación, y hay una clave institucional: el cambio desde 90 es muy importante. La Constitución; la independencia del Banco de la República, la descentralización. Y el mundo cambió. Entonces, ahora toca hacer otras cosas. Toca hacer carreteras, toca hacer educación. Aunque en los años 50, cuando vino la primera misión del Banco Mundial, la recomendación fue esa: invierta en infraestructura y en educación. Estamos con el mismo tema.

Pero es clarísimo que el país tiene que diversificarse no solo en su base productiva, sino en sus regiones. La industria tiene que relocalizarse en la costa Caribe y en Cali, que tiene un buen contacto con Buenaventura.

Creo que, de golpe, el posconflicto es la oportunidad para acercarse a las regiones y volver a mirar el país con otra visión.

La otra cosa es que desde Bogotá se tiende a ver las otras regiones como si fueran iguales. Y se hace la política pensando que el Chocó es igual a Santander. Que la costa Pacífica es igual a la costa Caribe. No. Toca ser mucho más específicos y sutiles, y mirar la heterogeneidad.

¿De ahí es de donde surge la necesidad que usted ha planteado de una revisión del papel de los municipios y de la descentralización?

Sí. Hay que repensar la descentralización. Lo bueno y lo malo. Hay que repensarla mucho, políticamente también. Porque esto se ha prestado mucho para el clientelismo. La famosa ‘mermelada’.

Si el siglo XX arrancó en 1905, ¿ya entramos al siglo XXI?

Ahí me pone usted a hablar de lo que está pasando hoy en día. Yo creo que al siglo XXI se entró en 1990. Pero estoy preocupado de que el siglo XXI no vaya a tener sino 25 años. Porque, hasta qué punto, esto que está pasando en el mundo con la victoria de Trump y lo del brexit implica el fin de un ciclo. Un ciclo que comenzó con la caída del muro de Berlín, en 1989. Y que de golpe –dependiendo de por dónde se vaya el señor Trump y de qué tanto se cierre la economía estadounidense, y el mundo– entramos en un ciclo distinto, en el que podría haber menos libertad de comercio, de mercados.

¿Y usted cree que el Congreso republicano le jalaría a eso?

Después del triunfo, depende de cómo se planteen las cosas. Lo que mostró fue una fuerza muy grande en unos estados con una gente blanca a la que no le ha ido bien. Que creen que la única manera de acelerar es cerrando. Y eso tiene otras implicaciones complicadísimas. Porque suben los precios, porque podrían subir las tasas de interés.
Usted dedica un capítulo a los protagonistas: ministros de Hacienda, gerentes del Banco de la República, presidentes de la Andi... Entre los ministros, ¿con cuáles se queda?

¡Uy! Fueron muchas épocas, muy distintas... Esteban Jaramillo sobresale, Carlos Lleras sobresale. Roberto Junguito manejó una crisis terrible: el 85 fue un año tremendo. Antonio Álvarez Restrepo tuvo una inflación en los años 50 de 2 por ciento. César Gaviria hizo una reforma tributaria estructural; Rudolf Hommes fue un gran ministro.

¿Y entre los gerentes de la Federación de Cafeteros?

Todos fueron muy buenos... y ahí cuento cómo la Federación le gana la pelea al Gobierno. Mariano Ospina Pérez, que era el gerente, quería que se sembrara café como loco. Y Alfonso López Pumarejo, que era el presidente de la República, quería que no se sembrara tanto y se retuviera café para mantener altos los precios. Y comienzan a intervenir: el Banco de la República le presta plata a la Federación para comprar café. Finalmente –después de la crisis del año 37–, gana la posición Ospina.

¿Y entre los presidentes de la Andi?

Esos tipos tuvieron mucho poder: don José Gutiérrez Gómez pasó a la historia. Decían que venía en mula desde Medellín, y desensillaba en Palacio. Fabio Echeverry estuvo 15 años... una influencia bárbara.

Hay un periodo de creación de gremios. La Asociación Bancaria es del 36, la Andi es del 44, Fenalco es como del 48, una cosa así. La iniciativa fue crear gremios, en parte porque López Pumarejo les había dicho a los industriales:

“Pónganme a hablar con una sola persona”. Entonces los gremios comenzaron a adquirir un poder muy importante a finales de los 40 y principios de los 50. En la tumbada de Rojas Pinilla, la Andi fue importantísima. En la reforma financiera del 51 y en la reforma arancelaria del 49.

¿Y la Andi tiene hoy ese mismo peso?

No. No, en parte porque también la economía está más diversificada.

¿Cómo se comparan las prioridades del siglo pasado con las actuales?

Los problemas del siglo XXI son distintos a los del siglo XX. Voy a poner un ejemplo: el problema de la salud es distinto en el siglo XXI al del siglo XX. Vamos a tener gente que vive más tiempo, más viejos, más enfermedades de los viejos. La salud en el siglo XXI es mucho más costosa de lo que fue en el siglo XX. Tenemos el problema del cambio climático, entonces las construcciones de las carreteras tienen que hacerse pensando en que aguanten el cambio. La educación, también. Las carreras no pueden ser tan largas. Hay que darles más importancia a las carreras técnicas y tecnológicas.

¿Y qué ve hacia adelante?

El libro termina diciendo en su epílogo: “¿Para dónde vamos? ¿Cuál es el modelo? ¿Tenemos un modelo?”.

Lo que sí está mostrando Colombia es que es muy difícil cambiar el statu quo, el estado de cosas. El poder estuvo concentrado en los cafeteros, los industriales, el Gobierno. Y ese poder se dispersó. Hoy en día, las regiones tienen poder, los gremios tienen poder... que defienden sus intereses a más no poder. Es mucho más difícil gobernar.

Después de la Constitución, aún más. Porque el Presidente tenía poder hasta el 91, frente al Congreso y frente a las cortes. Pero pasar hoy una ley por el Congreso es muy difícil. Pasar la reforma tributaria va a ser muy difícil. Pasar leyes económicas es muy difícil.

Durante mucho tiempo se gobernó usando estados de excepción. López Michelsen hizo la reforma tributaria usando la emergencia económica. A Carlos Lleras le encantaban las facultades extraordinarias. Ahora hay un juego mucho más dinámico. Más disperso. Ahora se exige lo mismo, pero es más difícil tomar decisiones.

MAURICIO GALINDO
Editor de Economía EL TIEMPO
En Twitter: @galmau

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