'No conozco a Otto Bula', dice presidente de la ANI

'No conozco a Otto Bula', dice presidente de la ANI

Luis F. Andrade, explica los orígenes del tramo Ocaña-Gamarra, por el que declaró ante la Fiscalía.

Presidente de la ANI

"La licitación del tramo Ocaña-Gamarra era un muy buen negocio para el Estado", afirma Andrade.

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Mauricio León / EL TIEMPO

27 de febrero 2017 , 04:49 a.m.

¿Para una persona que trabajó 25 años en McKinsey, una de las consultoras más importantes del mundo, qué significa que lo citen a la Fiscalía y a la salida le griten los periodistas que si recibió plata de Odebrecht?

Ha sido un proceso muy angustioso y humillante. Después de una vida de construir una reputación de integridad y profesionalismo, uno comienza a aparecer en la misma sección de los bandidos, es terrible. Y más terrible aún para mi familia.

Usted logró hacer el tránsito del Inco, que era una cosa muy podrida, a la ANI, que ha sido reconocida como una de las mejores agencias que maneja asociaciones público privadas en las Américas, incluyendo Canadá y EE. UU. Pero todo este escándalo de Odebrecht lo opaca…

Hemos venido construyendo la entidad con mucho esmero desde el 2011. Era una de las prioridades del programa de gobierno del presidente Juan Manuel Santos. Y el proyecto de las Autopistas 4G es el mayor programa de infraestructura en América Latina y uno de los de mejor reputación en el mundo. Nadie imaginó que eso se pudiera hacer en Colombia, y se está haciendo. Pero es muy preocupante ver cómo este fenómeno de corrupción está amenazando todo el desarrollo de infraestructura en Colombia.

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¿Cuando usted llegó ya se había licitado la Ruta del Sol?

Sí, la adjudicación fue en el año 2009, en la época del Inco. Yo llegué en el 2011; acabamos con el Inco y ahí arrancó la ANI.

¿Y Navelena?

Tampoco estaba cuando fue adjudicado. Navelena es un contrato de Cormagdalena adjudicado en el 2014. Solo estoy a cargo de Navelena hace cinco meses, precisamente para resolver el problema que ha surgido, cuando el proceso de caducidad estaba en curso porque Navelena no había podido hacer el cierre financiero.

¿Entonces lo que a usted lo tiene en problemas es únicamente el otrosí de la vía Gamarra-Ocaña?

Así es.

Todo comienza porque el Odebrecht declara que pagó 4,5 millones de dólares por un ‘lobby’ para sacar adelante ese tramo...

Comienzo por decirle que ese otrosí es uno de los mejores negocios de infraestructura que hemos hecho para el Estado colombiano. Es un tramo muy estratégico. Estaba incluido entre las Autopistas 4G desde el principio.

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¿Desde cuándo estaba planeado construir ese tramo?

Ese tramo está en la lista de prioridades del Gobierno desde los años 90. Lo incluimos formalmente dentro del programa de Autopistas de 4G en un acuerdo que hicimos en diciembre del 2011 con el Fondo de Adaptación para estructurar este y otros tramos afectados por la ola invernal.

Tengo en mi poder unas cartas que indican que a usted le propone el consorcio que maneja la Ruta del Sol que le autoricen un otrosí para otro tramo distinto, pero usted personalmente dice que no, que le interesa más bien el tramo Ocaña-Gamarra.

No nos interesaba tanto la vía a Puerto Berrío porque ya estábamos muy adelantados en el proceso de estructuración y contratación de ese tramo. Hoy hace parte de la concesión Magdalena 2, la cual fue adjudicada en la primera ola de licitaciones. En cambio, Ocaña-Gamarra estaba apenas comenzando su estructuración. Gamarra es uno de los tres puntos estratégicos para desarrollar terminales portuarios sobre el río Magdalena, porque hasta allí el río siempre es navegable desde Barranquilla. Sin embargo, la vía de acceso terrestre era una trocha, por donde no podían pasar camiones grandes. Sin una buena carretera de acceso no se podía desarrollar la zona portuaria.

¿Entonces, el interés estratégico por ese tramo para el Estado colombiano es absolutamente ajeno a que en alguno de esos puertos la familia de la ministra Parodi tuviera un interés comercial?

Así es. Ya lo habíamos decidido cuando definimos los tramos del 4G en el 2011.

¿Ya había llegado la ministra Cecilia Álvarez?

No. Fue antes de que llegara la ministra. Y segundo, cuando yo envío esa carta a la que usted hace mención, en la que personalmente propongo el tramo Ocaña-Gamarra, ella todavía no era ministra. El ministro era Miguel Peñalosa. Cuando la ministra Álvarez llega ya estaba tomada la decisión de incluir ese otrosí y de aprovechar los peajes de la Ruta del Sol para financiar esa obra.

¿Ella ni decide, ni negocia los peajes ni firma el otrosí?

Todo eso lo hicimos en la ANI. Obviamente, como presidente de la agencia, siempre mantengo informado de todo a los ministros. Y este proyecto hacía tanto sentido que pasó por tres de ellos, Miguel Peñalosa, Cecilia Álvarez y Natalia Abello, y a todos les pareció un buen negocio. Si hubiéramos licitado independientemente ese tramo, todo el costo de la construcción se hubiera tenido que financiar con aportes públicos, porque los dos peajes entre Ocaña y Gamarra apenas generan lo suficiente para hacer la operación y mantenimiento de la vía. Al aprovechar el tráfico y los peajes de la Ruta del Sol, que estaban siendo superiores a los proyectados, podíamos hacer este tramo sin poner dinero estatal ni aumentar el plazo máximo de la concesión. Por eso nunca hubo oposición a la adición. Nos ahorramos varios billones de pesos en aportes de recursos públicos.

¿Usted comparte que la ministra Álvarez violó las incompatibilidades o inhabilidades que había puesto de presente con respecto a este proyecto?

Ella llegó al ministerio cuando ya habíamos tomado la decisión de aprobar ese otrosí. Todas las discusiones de fondo se dieron al interior de la ANI.


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¿Alguna vez alguien lo llamó o lo visitó para presionarlo para otorgar ese otrosí?

A mí nunca nadie me presionó indebidamente. Ahora, en mi cargo siempre tengo que recibir a mucha gente. Es parte de lo que yo hago. Todos estos proyectos de infraestructura son muy importantes para las regiones, para los políticos y para los empresarios. Siempre están visitándome y exigiendo que se hagan más obras y más rápido en sus regiones. Pero nadie me presionó indebidamente en el sentido de amenazarme u ofrecerme dádivas para sacar adelante el proyecto.

¿Alguna vez Otto Bula lo visitó para manifestarle interés en el otrosí?

Nunca he visto personalmente a Otto Bula en mi vida.

Usted mencionó ante la Fiscalía, con nombre propio, a algunos congresistas que lo visitaban por interés en este tramo, pero habló también del tesorero de la campaña Santos Presidente. ¿Qué interés le manifestó Roberto Prieto sobre el otrosí o sobre cualquier otro tema?

Usted es la que dice que yo mencioné a esa persona.

No lo digo yo. Eso aseguró Vicky Dávila en su programa de la W, y varios otros medios de comunicación.

Yo no puedo comentar nada sobre mis declaraciones porque son parte de la reserva de la investigación de la Fiscalía y no la quiero poner en riesgo. Prefiero no comentar sobre este punto. Espero me entienda.

Entendido. ¿Cómo eran sus relaciones con el señor Martorelli, presidente de Odebrecht en Colombia?

Difíciles. El fue uno de los principales críticos del programa de Autopistas 4G. Aunque Odebrecht precalificó en 15 de las licitaciones, al final del día no presentaron ninguna oferta. Creo que era un sistema muy difícil de manipular, entonces no participaron. Les negamos dos iniciativas privadas que presentaron. Odebrecht no está en ninguna de las autopistas de 4G. Es importante porque si en la ANI hubiera un sesgo para ayudar a Odebrecht, esta hubiera participado o les hubiéramos aprobado las iniciativas privadas. Nos demandaron por 700 mil millones de pesos porque no accedimos a sus reclamaciones e iniciamos procesos de multa. Cuando uno ve cómo la organización reaccionó tanto en 4G como en el caso de las reclamaciones, le da a uno confianza de que al interior de la ANI no había personas ayudándoles. Es más: Odebrecht fue siempre uno de nuestros mayores críticos.

Volvamos al señor Bula. ¿Cuándo aparece ese contrato?

Supe de ese contrato por la prensa y por la vicefiscalía y nos causó una enorme preocupación. Básicamente, lo que se decía es que ese contrato era por 4,5 millones de dólares y el objetivo era presionarnos en la ANI y a otras dependencias del Gobierno como el Ministerio de Hacienda y Planeación para obtener las aprobaciones. Y la fecha del contrato era agosto del 2013, el mes siguiente a la primera adición que habíamos hecho para iniciar los diseños. Eso nos preocupó muchísimo. Posteriormente supimos por la prensa que había sido un contrato simulado.

Lo dijo el Fiscal… Y en ese contrato aparecía todo lo que se logró: que aprobaran el tramo Ocaña-Gamarra y que luego subieran los peajes de la Ruta del Sol y se crearan otros dos para su financiación.

Sí. Según declaraciones del señor Bula, en realidad se firmó en el 2016 con fecha del 2013 para justificar otros pagos. Esa explicación nos dejó más aliviados porque la relación tan obvia entre causa y efecto que parecía darse en ese contrato era explicable porque, firmado tres años después, ya se sabía cuáles habían sido los resultados. Por cierto, es correcto que se subieron los peajes y se instalaron dos nuevos para financiar la construcción. Ningún concesionario hace obras gratis. Pero debemos destacar que la tasa de retorno que se le reconoció al concesionario fue de 7,8 %, inferior al 11,3 % que tenía como derecho en el contrato. Fue una negociación favorable para la nación.

En ese contrato se decía que habían pagado 4,5 millones de dólares por el ‘lobbying’ de Bula para obtener el otrosí y los peajes. Bula acepta que de eso entregó un millón a Andres Giraldo con destino a Roberto Prieto, gerente de campaña. Pero ¿qué se hicieron los otros 3,5 millones? ¿Cree que pagaron a alguien en la cadena de su estructuración y contratación?

Personalmente, no creo. Porque los procesos de decisión que tenemos en la ANI son muy rigurosos. Dependen de certificaciones externas como interventorías, y son colectivas. Las recomendaciones las hacen equipos de supervisión, y las decisiones las tomamos en el comité de contratación. Y órganos como el Confis o el Conpes difícilmente se pueden influenciar. Además, desde que estoy en la ANI, esta es la adición que más estudios y niveles de aprobaciones ha tenido. Desde que se propone la adición hasta que se firma el acta de inicio pasaron dos años y medio. Creo que eso no ocurrió.

¿Pondría la mano en el fuego?

Que yo le pueda decir con toda certeza que no pasó nada en la ANI no lo puedo decir. Fuimos la primera institución fuera de los órganos de inteligencia que comenzó a usar el polígrafo en el proceso de ingreso de las personas a la entidad. Creo que ni a la ANI ni a nadie relacionado al Conpes o al Confis le dieron un peso. Pero si usted me dice que ponga la mano en el fuego, no lo puedo hacer. ¡Si hay corrupción hasta en los bancos más prestigiosos de Londres y Nueva York, inclusive en el Vaticano!

Explíqueme por qué Odebrecht necesitaba un intermediario, Bula, para que, supuestamente, ‘patinara’ la concesión del tramo Ocaña-Gamarra y los peajes…..

No hace sentido. La adición de este tramo era lógica desde el punto de vista económico y había sido priorizada por el Gobierno. Era nuestro principal concesionario asociado con el principal grupo económico del país. Pagar por acceso o ‘lobbying’ no hace mucho sentido.

Pero, además, hay algo insólito. El abogado Yesid Arocha le hizo firmar a Bula en el contrato referido una cláusula en la que le prohibía sobornar…

No tiene ni pies ni cabeza.

¿Cree que el abogado Arocha tiene algo que explicar?

Le doy la misma respuesta: de eso no hablo porque no quiero violar la reserva de mis declaraciones.

Hay justificadamente una gran indignación nacional por estos sobornos. ¿Pero cómo evitar que se vuelva una histeria que paralice los proyectos de infraestructura o los deje en la mitad, como está pasando en Panamá, Perú, Brasil? El propio Contralor ha dicho: párese lo que se pare, hay que encontrar a los culpables…

No podemos ser tolerantes con la corrupción. Pero hay un objetivo igualmente importante: que los terceros de buena fe no sean afectados. Si hay un corrupto, debe ser castigado, pero si en ese proyecto hay empleados de buena fe que se ganan la vida allí, o hay proveedores que venden materiales y hay bancos que financian el proyecto de buena fe, no podemos llevárnoslos a todos por delante porque hubo un acto de corrupción. Ni a los colombianos en general. Por primera vez en Colombia estamos construyendo infraestructura en serio. Si no tenemos el debido cuidado en las medidas que tomamos, vamos a acabar con este proceso. Una vez se pierda la confianza de los inversionistas y los bancos, no podremos volver a hacer obras por APP o por concesión y nos quedaremos limitados a la obra pública, pero no hay plata para eso.

¿Cómo es su estado de ánimo?

Obviamente estoy intranquilo y con ansiedad, pero estos son los momentos en que hay que dar la pelea. Hemos trabajado por más de cinco años para sacar este proyecto adelante con el presidente Juan Manuel Santos, y en los últimos dos años y medio con el apoyo del vicepresidente Germán Vargas. No podemos tirar la toalla. Resolveremos los problemas con la Ruta del Sol y les demostraremos a los inversionistas que somos un país serio donde se respeta el Estado de derecho. Ese es el desafío. Que la corrupción no nos desbarate un modelo que puede sacar a Colombia del atraso del que venimos.

Y, además, se le va el Vicepresidente…

Nos va a hacer mucha falta porque él ha sido muy efectivo en lograr la coordinación entre los diferentes entes del Estado y lograr el apoyo a nuestros proyectos en las bases regionales, en los políticos, en los empresarios. Nos ponía mucha presión, sí, pero era sana y nos ayudaba a sacar adelante las cosas. Ahora, el Presidente ha anunciado que él directamente va a asumir este rol de la mano del ministro de Transporte, Jorge Rojas. Es muy importante que lo haga porque el vacío que va a dejar el Vicepresidente es muy grande.

¿A pesar de los coscorrones?

A mí no me tocó ningún coscorrón. (Risas).

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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