'La defensa del dólar libre fue lo más difícil': José Darío Uribe

'La defensa del dólar libre fue lo más difícil': José Darío Uribe

Gerente del Banco de la República recuerda los momentos cruciales en sus 12 años con ese cargo.

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José Darío Uribe, gerente del Banco de la República, cargo en el que completó 12 años.

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Rodrigo Sepúlveda / EL TIEMPO

10 de diciembre 2016 , 07:52 p.m.

Este lunes no será un día cualquiera para José Darío Uribe. Y no lo será porque tras 23 años trabajando en el Banco de la República, 12 de ellos como gerente, tendrá la difícil tarea de ayudar a elegir a quien lo sucederá desde el 4 de enero.

Se reunirá con los otros seis integrantes de la junta directiva del Emisor, incluido Mauricio Cárdenas, ministro de Hacienda, muy a las 7:30 de la mañana, y espera anunciar el nombre del sucesor a eso del mediodía.

Trabajará hasta el 3 de enero, y lo único que tiene claro es que al otro día cogerá su carro para irse con su esposa a recorrer el país.

¿Qué extrañará más una vez deje el cargo?

Extrañaré a mucha gente con la que trabajé y a la que le tengo inmensa gratitud. Sé que seguiremos siendo amigos, pero no será lo mismo. Extrañaré unas reuniones muy útiles para el gerente y el banco, que tienen lugar en Basilea (Suiza) cada dos meses, en el Banco Internacional de Pagos, que es el templo de los bancos centrales.

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¿Cómo resume estos 12 años como gerente?

Han sido una experiencia excepcional, tanto en lo personal como en lo institucional. En ese periodo se consolidó el esquema de inflación objetivo con flexibilidad cambiaria, y el país logró por primera vez la estabilidad de precios definida como una inflación del 3 por ciento. Ese para mí es el logro más grande de la política macroeconómica en muchas décadas. En lo personal, fue un honor haber participado en ese proceso.

¿Y cuál fue la decisión más difícil pero, a la vez, más acertada?

Diría que la defensa de la flexibilidad cambiaria. Si frente al fuerte incremento de los precios del petróleo y las cantidades producidas el banco hubiera tratado de ponerle un piso a la tasa de cambio, la revaluación real se habría dado de todas formas, pero mediante niveles de inflación mucho más altos, y la economía habría tenido desequilibrios que probablemente nos hubiesen llevado a una profunda crisis. Así que lo más difícil de defender fue esa flexibilidad, pero también fue lo más acertado.

¿Cómo llegó usted al Banco de la República?

Recuerdo que un viernes me llamó Miguel Urrutia. Yo estaba en la Federación de Cafeteros, y me propuso ser subgerente de Estudios Económicos. Le agradecí y le dije que habláramos el lunes porque debía comentarle a mi señora, pues estábamos recién llegados de Estados Unidos, donde hice mi doctorado. Pero apenas le dije a Soraya, me respondió que le parecía buenísimo.

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¿En algún momento pensó que llegaría a reemplazar a Miguel Urrutia en el banco?

Nunca. Cuando era estudiante no pensaba en el Banco de la República ni tenía ese tipo de ambiciones. Recién salido de los Andes entré a Planeación. Ahí pensé que probablemente algún día sería director de la entidad. Es más, en ese momento había una visión del banco, como un estereotipo mal ganado e injustificado, de que era una institución muy cerrada, elitista y no para alguien que venía de Medellín. Quienes trabajábamos en Planeación pensábamos así, pero una vez llegué, bajo la gerencia de Miguel Urrutia, cambió esa visión.

Vamos a temas un poco más espinosos. Dado que el petróleo ya no será como antes, ¿qué debería hacer el país para adaptarse?

Desde el banco estamos haciendo la tarea que nos corresponde de garantizar que la inflación y las expectativas vuelvan al 3 por ciento, y dejar que la tasa de cambio fluctúe libre. Pero es insuficiente para tener una economía diversificada.

Es necesario reducir las restricciones al comercio internacional. Colombia tiene niveles arancelarios más altos que los demás países de la región, una estructura arancelaria muy dispersa, una gama muy compleja de protecciones no arancelarias y una institucionalidad de comercio exterior muy confusa.

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Su tiempo como gerente corresponde en buena parte al auge de las materias primas. ¿Estuvo de buenas?

Si miramos el periodo 2005-2016, es excepcional para la historia del país, pues en este se da la mejor combinación de inflación baja con el más alto crecimiento del PIB per cápita. Parte de ese desempeño es por el auge de las materias primas y, en particular, por el alza del petróleo y el carbón, así como el incremento de la producción de productos básicos.

Pero parte, también, es porque el país en los últimos 16 años fue construyendo un marco de política macroeconómica que le permitió enfrentar de mejor manera choques positivos y negativos, y evitar colapsos en la producción y la generación de empleo.

Hay una parte que es exógena, pero otra está ligada a los avances en el marco de política macroeconómica y, en lo que respecta al Emisor, con el sistema de inflación objetivo y la flexibilidad cambiaria.

¿Y cuáles fueron las reformas que permitieron ese avance de la política?

En lo fiscal hay tres instituciones muy importantes. La primera, el marco fiscal de mediano plazo, que comienza en el 2004; eso ordenó la discusión fiscal y ha hecho una enorme contribución. Luego vinieron la ley de responsabilidad fiscal y la regla fiscal. Esta última, fundamental y muy útil ahora. La regla fiscal es aprobada a finales del 2010, pero comienza a ser aplicada solo cuatro años después. Sin duda habría sido bueno haberla aplicado desde un principio.

¿Esta coyuntura con inflación desbordada es la más difícil que le ha tocado?

Han sido muchos los momentos difíciles, como el auge del 2006 y el primer semestre del 2008, o la época posterior a la quiebra de Lehman Brothers y el colapso de la economía mundial.

Creo que el manejo posterior a esa quiebra fue el más crítico porque se da en una coyuntura en la que la inflación, también por factores transitorios, estaba desbordada y la economía mundial se derrumbaba y no sabíamos su magnitud. Nosotros nos la jugamos rápido inyectándole dinero a la economía y bajando la tasa de interés del 10 al 3,5 y luego al 3 por ciento, siendo el primer banco central que lo hizo en la región.

Los resultados fueron admirables. Colombia fue, entre los siete países de mayor tamaño, el que mejor respondió y tuvo un crecimiento positivo en el 2009 de 1,7 por ciento, cuando la mayoría, en el mundo, tanto desarrollados como emergentes, tuvieron caídas en el producto.

¿En algunas de esas coyunturas difíciles se hubiesen podido tomar decisiones más acertadas?

Sí. Se me viene a la cabeza de inmediato la fuerte compra de reservas internacionales entre enero y abril del 2007. Esa intervención, que incluyó la compra de más de 4.000 millones de dólares, generó una situación perversa de atraer más capitales al país, dificultando el manejo monetario. Creo que esa fue una experiencia negativa, pero que al mismo tiempo nos sirvió para conocer que ese tipo de intervenciones no era apropiado.

¿Cuál habría sido la mejor salida en ese momento?

En mayo del 2007 dejamos libre el mercado cambiario, no seguimos interviniendo, aumentamos los niveles de encajes para ayudar a moderar el crecimiento del crédito e impusimos temporalmente un control al endeudamiento externo. Eso nos permitió ver pronto un freno en el crecimiento del crédito, que crecía al 50 por ciento en el caso del consumo. También se frenó la entrada de capitales y la economía fue generando condiciones que luego contribuyeron a que el país pudiera reaccionar bien frente a la crisis externa.

¿Dejar la gerencia del banco con una inflación alta le genera algo de frustración?

Frustración propiamente, no, por las condiciones en que se ha dado, que elevaron transitoriamente la inflación. Ya comenzamos a ver una caída de la inflación, y es probable que podamos verla cerca del 4 por ciento, quizás mucho antes de cerrar el 2017.

La desviación de la inflación de la meta no es algo que me agrade, pero es entendible por el tipo de choques que recibió la economía, el fenómeno del Niño y la devaluación, y eso pasa en cualquier país.

¿Se perdió la batalla para quitarle tres ceros al peso?

No. Pienso que, en algún momento, Colombia eliminará los tres ceros. En los proyectos presentados ha pesado mucho que no era una necesidad apremiante. Entonces, siempre se aplaza.

¿El mil en letras en el primer billete de 50.000 se hizo pensando en el cambio?

Sí, y en la nueva familia todos llevan la palabra, algo que los puristas del lenguaje nos han criticado; pero es una aproximación práctica para prepararnos.

¿Las presiones de gremios o del Gobierno permean las decisiones de la junta?

Hay momentos en los que, por diversos factores, es especialmente crítico preservar la credibilidad de la política monetaria, y aquellas cosas que van en contra de esta le hacen mucho daño. Comentarios inoportunos de miembros del Gobierno hacen que una decisión que ha sido tomada por factores técnicos termine siendo interpretada por algunos sectores como si fuera adoptada por presiones políticas, y eso les hace un daño innecesario a la política monetaria y a su efectividad.

¿Sería preferible que en vísperas de la junta, el Presidente no opinara?

El Presidente, el ministro y cualquier otra persona tienen derecho de expresar sus opiniones públicamente, pero sin duda sería mejor para la efectividad de la política monetaria que ese tipo de inquietudes vinieran canalizadas a través del ministro de Hacienda en la junta y no en los medios de comunicación.

Conveniente decisión

Tras terminar sus estudios de administración en Medellín, José Darío Uribe tomó rumbo a Bogotá, junto con el exministro Juan Luis Londoño (q. e. p. d.).

Recuerda que por aquella época, ambos necesitaban hacer su práctica de la Universidad Eafit, por lo que le enviaron una carta al director de Fedesarrollo, que en ese momento era Miguel Urrutia, quien les respondió que contaran con el puesto para uno y que decidieran entre ellos cuál de los dos era.

Mientras llegaba esa carta -dice Uribe-, el rector de la Eafit, a quien le ofrecieron la presidencia del Consejo Latinoamericano de Escuelas de Administración (Cladea), le propuso irse a trabajar con él organizando seminarios en distintos países de la región, lo que implicaba estar 15 días al mes por fuera de Colombia. “Yo no lo dudé un segundo y le dije: ‘Juan Luis, váyase usted a hacer investigación a Fedesarrollo que yo me voy para el Cladea. Así tuve la oportunidad de visitar Río de Janeiro, Buenos Aires y otras ciudades”.

MAURICIO GALINDO Y CARLOS ARTURO GARCÍA M.
Redacción de Economía y Negocios

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